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  • Estados Unidos: Hora de liderar en la OEA

    WebMemo #3276

    La 41ª Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) se lleva a cabo en San Salvador, del 5 al 7 junio.

    La OEA reune a todos sus miembros con la excepción de Cuba y abordará una agenda con 103 puntos a lo largo de tres días llenos de reuniones. Desde que asumió el cargo, la administración Obama ha expresado su firme apoyo al multilateralismo como medida correctiva por los pecados pasados del “unilateralismo” de Estados Unidos. Y designó a la OEA como “la principal organización multilateral del hemisferio”. Sin embargo, sin un verdadero liderazgo por parte de Estados Unidos y acciones colectivas para defender la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y la seguridad en profundidad, la OEA podría continuar su actual declive a la irrelevancia.

    La OEA: Cooperación en declive

    Retoño de la Unión Panamericana, la OEA se remonta al siglo XIX lo que la convierte en la organización regional más antigua del mundo. Su señorial y añeja sede, cerca de la Casa Blanca, es un edificio histórico de la ciudad de Washington. Remodelado en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, la OEA creía encarnar “el ideal del Hemisferio Occidental” y fue útil para promocionar la solidaridad entre países vecinos.

    El fin de la Guerra Fría abrió una puerta a una renovada solidaridad interamericana ya que los puntos de vista de Washington parecían converger con los de sus vecinos latinoamericanos. La década de los 90 fue testigo de la primera Cumbre de las Américas, de un debate serio sobre un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y una amplia cooperación en materia de drogas, seguridad, democracia y desarrollo. En el mismo período, los miembros de la OEA se comprometieron a consagrar el gobierno liberal y democrático como el núcleo de la identidad de la región. La aprobación de la Carta Democrática Interamericana en septiembre de 2001 parecía hacer casi irreversible el proyecto democrático en las Américas.

    Por desgracia, la amistad de los años 90 ha dado paso al caos en el siglo XXI. En la última década, la OEA se convirtió en el escenario de luchas diplomáticas sobre temas que van desde la democracia y los derechos humanos a la readmisión de Cuba y el terrorismo. La influencia de Estados Unidos en la región ha seguido disminuyendo.

    ¿Está la OEA verdaderamente por la democracia?

    Durante la crisis de gobierno de Honduras en 2009, la OEA fue rápida condenando la destitución del presidente Manuel Zelaya como “golpe de estado” y expulsó a Honduras de sus filas. La OEA lo hizo sin una evaluación de las violaciones constitucionales del presidente Zelaya, sin una seria iniciativa diplomática o de mediación con el gobierno interino. Y Estados Unidos apoyó esta acción.

    Sin embargo, los críticos de la OEA se apresuraron en señalar que Honduras no era la única nación en las Américas donde el orden constitucional democrático estuviese en estado de sitio. Miembros como Venezuela y Nicaragua de forma rutinaria violan compromisos fundamentales que salvaguardan el significativo sistema de equilibrio de poderes y la libertad política que también cubre la Carta Democrática. El 1 de junio, tras el regreso de Manuel Zelaya a Honduras libre de cargos penales y con derecho a participar de nuevo en la política, la OEA readmitió a Honduras como miembro de pleno derecho.

    Otras libertades vitales siguen estando bajo ataque. En Venezuela, Hugo Chávez sigue tratando de asfixiar a la oposición a través del uso de decretos, reducciones de los derechos y libertades y una red de regulaciones y prohibiciones. La preponderancia del Estado convierte a Venezuela en un candidato permanente para ser censurado en la OEA. La prensa y las libertades políticas están bajo ataque en Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. La corrupción y las rutinarias violaciones del Estado de Derecho persisten.

    La administración Obama ha reconocido varios fallos en la OEA. Estos incluyen un exceso de mandatos, un descarrío de sus misiones fundamentales y su falta de apoyo a la democracia representativa. La administración ha propuesto soluciones modestas que van desde una reforma presupuestaria para reducir el número de mandatos de la OEA. Sería como volver a centrar a la OEA en sus responsabilidades básicas y reforzar la supervisión democrática, quizás creando el cargo de secretario  especial de la democracia. Sin embargo, dadas las actuales divisiones, rescatar a la OEA seguirá siendo un desafío.

    Estados Unidos ha sido incapaz de desarrollar la voluntad política que se necesitará para hacer de la OEA un defensor efectivo de las instituciones y  de las prácticas democráticas. Lamentablemente, como el veterano observador de América Latina Abraham Lowenthal señaló: “[L]a OEA ha sido a menudo ineficaz y la Carta Democrática Interamericana, que es para fortalecer las instituciones democráticas en los países miembros de la OEA, ha producido pocos resultados significativos”. Es posible que Chávez, que alguna vez proclamó que la OEA era “un cadáver que debe ser enterrado”, tenga razón a final de cuentas.

    Mantenerse firmes acerca de las libertades básicas y la seguridad del hemisferio

    Del 5 al 7 de junio la Asamblea General tiene como tema central “La Seguridad Ciudadana en las Américas”, Estados Unidos y los demás países tendrán que concentrarse en la gama de amenazas a las que se enfrentan, desde las organizaciones delictivas transnacionales, pasando por el tráfico de drogas al terrorismo internacional. Estados Unidos debe evitar la inserción de declaraciones que se centran en supuestos tales como el  “imperialismo” o “bases extranjeras” como causa de las vulnerabilidades de seguridad. Estados Unidos también tendrá que resistirse a los esfuerzos de los antidemócratas de justificar la toma de duras medidas contra la oposición y la disidencia legítimas. Estados Unidos debería reafirmar los principios fundamentales de gobernabilidad democrática y el imperio de la ley. Para lograr estos fines, Estados Unidos debe asumir un papel de liderazgo en la OEA:

    • Apoyar la libertad de expresión. Con el respaldo de Panamá y México, Estados Unidos patrocinará la primera resolución de la historia sobre “Libertad de Reunión y de Asociación”. Ese texto, sin duda, se encontrará con la oposición de Venezuela y otros países que introducirán calificadores y justificaciones destinadas a coartar la libertad de reunión y asociación, a fin de que la resolución pierda todo su sentido. Estados Unidos debe presionar a la OEA para que pronuncie un mensaje claro de apoyo a los derechos individuales y a la libertad y en contra de intromisión gubernamental.
    • Apoyar la democracia representativa. Estados Unidos y sus aliados claves necesitarán mantener una actitud vigilante para frustrar los esfuerzos de Venezuela y otros países por socavar los derechos humanos fundamentales, el lenguaje democrático y los intentos de equiparar la “democracia popular” con la “democracia representativa.” Estados Unidos debe estar preparado para reconocer que es hora de abandonar la trillada afirmación de que todos los miembros de la OEA son democracias.
    • Seguridad hemisférica más fuerte. A pesar de la complejidad de las amenazas de las drogas y del terrorismo, Estados Unidos debe centrarse en forjar una mayor cooperación de seguridad mediante medios civiles y militares, recordando a todos los miembros que la seguridad contra la violencia criminal y los actos de terrorismo no es una cuestión ideológica o una herramienta para la intervención de Estados Unidos. Se debe dirigir directamente contra las amenazas surgidas de la complicidad y de las acciones criminales antiamericanas de miembros tales como Venezuela.
    • Continuar la reforma institucional. Estados Unidos debe presionar para encontrar formas de limitar costos, reducir mandatos y funciones no esenciales así como asegurarse de que se contrate personal en la OEA basándose en la competencia y el merito profesional.

    Lo invertido por la administración Obama para obtener un mayor capital diplomático en busca del fortalecimiento de la OEA ha producido pobres resultados. A poco menos de la retirada de este organismo regional, que es una opción que requiere un serio debate, la administración Obama debería seguir centrándose en el desarrollo democrático, reformas institucionales, cooperación contra amenazas transnacionales y estrategias para promover canales ágiles de comercio y una mejorada libertad económica. La administración Obama debería dejar de exagerar sobre los beneficios del multilateralismo hemisférico y buscar oportunidades para trabajar con el resto de nuestros amigos en el hemisferio para promover valores e intereses mutuos.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Derecho Internacional, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Informes, Liderazgo para América, OEA, Opinión, Política Exterior, Seguridad, WebMemo