Con los precios de la gasolina por las nubes y alcanzando niveles de hace dos años, la semana pasada el presidente Barack Obama hizo un llamamiento contra “la especulación de precios” de la gasolina. Puede que algunos consumidores sientan alivio al oír que la Casa Blanca se propone protegerlos contra supuestos vendedores sin escrúpulos. Pero la política energética del presidente tienen mucho más culpa de los altos precios actuales que cualquier manipulación del mercado. Y a medida que su “retórica de la especulación de precios” persista, la subida de los precios del petróleo podría empeorar.
Los precios del petróleo se han disparado alrededor de un 22% en el último año, debido a la creciente demanda de la China y la India, por la agitación política a través de Oriente Medio y del Norte de África así como por la inadecuada capacidad de refinación del petróleo en el mundo entero. Pero según lo que documenta un informe reciente de la Fundación Heritage, la política de la administración Obama en lo referente a la perforación petrolífera doméstica y energías alternativas también están haciendo que los precios suban y por tanto se está inhibiendo la recuperación económica.
Que el presidente culpe a la “especulación de precios” no sólo da una falsa impresión del problema real, sino que revela una imagen distorsionada del sistema de la libre empresa. Los precios reflejan la relación entre la oferta y la demanda. Si el gobierno intenta imponer un control de precios, corre el riesgo de interrumpir las señales que envía el mercado y que hace que aumente o disminuya la oferta o la demanda.
En el caso del petróleo y la gasolina, los precios altos llevan a los productores a aumentar la producción – justamente lo que se necesita para alivar la escasez del producto deseado. Pero, con la amenaza de ser multados o encarcelados si cobran “demasiado”, los productores estarán renuentes a responder a mayores precios en el mercado. Por lo tanto, la escasez persistirá o empeorará.
La evidencia ha demostrado que los controles de precios del gobierno siempre son desastrosos. En los años 70, por ejemplo, los precios bajos impuestos artificialmente por la administración de Jimmy Carter sólo resultaron en una escasez con largas colas por combustible, más parecidas a las de la Europa Oriental.
Ya existen numerosas leyes antimonopolistas tanto a nivel federal como estatal que protegen a los consumidores contra el acuerdo de precios, el abuso de poder monopolista y otras acciones anticompetencia. Pero prácticamente no hay evidencia de que estas violaciones estén ocurriendo hoy en el mercado. Para superar este aumento actual de precios, el presidente Obama tendría muchos mejores resultados si abandonara su agenda antipetrolera en vez de seguir demonizando a la industria de petróleo.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org





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