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Haga como David Beckham: Cambie la tendencia poblacional

Por lo general, gente de todo el mundo se queda impactada admirando a David Beckham.

Los videos destacando los movimientos de la talentosa superestrella británica del fútbol desconcertando a los defensas pululan en YouTube.

Sin embargo, desde hace varios años, Beckham y su familia han sido víctimas de lo que los británicos encantadoramente llaman “defensores” contra el calentamiento global. Estos críticos alegan que el impacto de carbono que deja el viajero Beckham es una maldición para la existencia humana.

Y ahora tienen más combustible para su furor: el nacimiento del cuarto hijo de David y Victoria Beckham. La noticia de otro bebé Beckham puso de los nervios a Simon Ross, director de la organización Optimum Population Trust de Gran Bretaña:

“Los Beckham y otros, como el alcalde de Londres Boris Johnson, son pésimos ejemplos a seguir por tener familias numerosas” afirmó un fastidiado Ross. “No tiene sentido que haya gente tratando de reducir sus emisiones de carbono y luego las incrementen al 100% con la venida de otro hijo”.

No preste atención a las malísimas aptitudes matemáticas de Ross: Lo máximo que podría provocar un hijo más es que la impresión de carbono del hogar Beckham aumente un sexto.

Su ruda intromisión en la vida privada de figuras públicas es suficiente para hacer que un paparazzo se sonroje. Imagínese lo que Ross pensará del cantante de pop Sting cuya colaboración ha resultado en traer seis niños al mundo.

Sin embargo, Ross tiene un montón de simpatizantes entre la élite política, tanto en el Reino Unido como en todo el mundo. Y esta gente va muy en serio con su propuesta para frenar lo que ellos consideran una abundante sobrepoblación.

Estas élites se apresuran a expresar preocupación por las políticas draconianas de la China comunista y su estándar obligatorio de un niño por matrimonio. Ellos apoyan propuestas nacionales como limitar las rebajas de impuestos por el primer o segundo hijo.

Lo del calentamiento global es solo la más reciente de una larga serie de razones para tales propuestas. A partir de la década de 1950, la preocupación por el crecimiento demográfico, la escasez de agua y la hambruna inminente han llevado a las naciones occidentales a adoptar políticas que promueven el aborto, la esterilización y otras medidas reproductivas por todo el mundo.

En nuestro lado del charco, apenas el mes pasado, el entusiasta activista contra el calentamiento global Al Gore defendió la “omnipresente disponibilidad de gestionar la fertilidad” como una solución para la contaminación impulsada por la población.

Al igual que David Beckham, Gore es padre de cuatro hijos. A diferencia de la superestrella del fútbol, ​​el exvicepresidente se la pasa abogando por un mayor acceso a los anticonceptivos y al aborto en el mundo.

La verdad es que difícilmente podría haber mayor acceso a estas “herramientas de gestión”. El gasto de Estados Unidos en proyectos internacionales de población, como en muchos otros frentes, se ha disparado. Pero los efectos más marcados de este sistema de valores a menudo se dejan sentir en los países en desarrollo.

Hoy en día, es asombroso ver lo bajas que se mantienen las tasas de natalidad en los países de toda Europa. Grecia, una nación que pugna por mantener su Estado del Bienestar, tiene una tasa total de fecundidad estimada este año en 1,38 hijos por mujer. Busque en la web de datos CIA World Factbook los 35 países con las tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo y verá que casi el 85% de ellas están en zonas de Europa.

Habiendo adoptado la más lúgubre visión del movimiento de la “explosión demográfica”, muchas naciones de Occidente han visto cómo sus propuestas soluciones han explotado en sus propias costas. El papel de la disminución poblacional, que ha convertido el contrato social en irrealizable, recibe muy poca atención en los debates sobre la deuda y el déficit.

Pedir dinero prestado a nuestros hijos mientras primero nos negamos a tenerlos profusamente, sería una fantástica ironía si no fuera porque el precio es tan amargo.

Incluso Estados Unidos, siempre tan silencioso en medio de la recesión, ha visto cómo se ha hundido su tasa total de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo una vez más. El optimismo natural de los americanos ha impedido desde hace décadas que pasemos a formar parte del resto del mundo desarrollado y su política de un hijo por pareja.

Sin embargo, la gente de “Optimum Pop” es implacable. Ellos quieren que se incluya obligatoriamente anticonceptivos “gratuitos” en todos los planes de seguros de Estados Unidos, fondos federales no negociables para la empresa de planificación familiar Planned Parenthood y un mayor apoyo al aborto a nivel mundial. Están dispuestos a insultar y vilipendiar a los David y Victoria Beckhams del mundo por amar y querer tener hijos.

La ironía es que la curva poblacional que tanto deploran, de hecho, está tendiendo a cero. Hace falta un valeroso conjunto de progenitores dispuestos a desafiar a la multitud y –como los Beckham— hacer que cambie la tendencia.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
Posted in Economía, Estudios, Familia y Religión, Opinión