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  • Hay que detener la arremetida pro-sindical de Obama

     

     

    ¿Qué hace falta para poner de rodillas a una aerolínea? Contratos laborales no competitivos producto de negociaciones sindicales y una total falta de ganas de entender que en una economía a la baja los sindicatos lo tienen muy difícil para aumentar los salarios sin destruir empleo.

    Esta fue la lección que los sindicatos rehusaron aprender en el caso de American Airlines, que ayer se acogió a la protección del Capitulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos al no poder hacer frente a sus obligaciones, lo que la convierte en la última gran compañía aérea tradicional de Estados Unidos que pide protección frente a los acreedores. American se vio forzada a tomar esa acción cuando el sindicato de pilotos de la compañía rehusaron ceder en sus exigencias de enormes bonificaciones e incrementos salariales. Los competidores de la aerolínea van mucho mejor en sus beneficios tras reestructurar los contratos sindicales en sus propios procesos de suspensión de pagos.

    Los sindicatos tampoco aprendieron nada después de que los contribuyentes rescataran a General Motors y Chrysler y el entonces “zar de los autos” de la Casa Blanca, Ron Bloom, dio trato preferente al sindicato automovilístico UAW en el proceso de reestructuración a pesar de que sus contratos eran en gran medida los culpables de la situación empresarial.

    Y esta es una lección que todavía no ha penetrado los muros de la Casa Blanca de Obama. La gente que Obama nombró para la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB) quiere que las empresas estén sindicalizadas a toda costa, incluso si eso significa perjuicios tanto para trabajadores como para la economía. Están intentando que esto sea así mediante la aprobación a toda prisa de medidas que ayudarían a ampliar la sindicalización en Estados Unidos.

    Hoy, la Cámara de Representantes votará la Ley de Democracia y Justicia en el Lugar de Trabajo, proyecto presentado por el presidente del Comité de Educación y Fuerza Laboral, John Kline (R-MN). La propuesta protege el derecho de los trabajadores a decidir si desean sindicalizarse o no. Ese es un derecho que la NLRB querría debilitar sustancialmente.

    Una vía que la NLRB de Obama está utilizando es la implementación de “elecciones sindicales anticipadas” algo que dice James Sherk, experto de Heritage en temas laborales, está diseñado para impedir a los empleados que tomen decisiones informadas sobre la sindicalización.

    Esa política acorta los periodos de elecciones de seis semanas a incluso sólo diez días, privando a las compañías de su capacidad de explicar a los empleados el aspecto amargo de la sindicalización, incluidos el histórico de huelgas, aumentos de cuotas y corrupción sindical. Mientras tanto, los líderes sindicales tendrían meses para intentar vender a los empleados su lado de la historia pero pintándolo color de rosa.

    La NLRB va a votar la nueva norma hoy, pero es posible que sus intentos se vean frenados si el único republicano de la Junta renuncia o se abstiene de participar en la votación, privando así a la NLRB del quórum que necesita para aprobar regulaciones.

    Su anterior truco —conocido como los “microsindicatos”— redefine quién puede votar o no para sindicalizar un lugar de trabajo específico. En vez de que los empleados de una “comunidad de intereses” compartidos formen un grupo unificado de negociación y voten juntos la sindicalización (digamos cajeros, reponedores y personal de atención al cliente en tiendas de comestibles), ahora la NLRB de Obama ha permitido a los sindicatos formar grupos de negociación elegidos cuidadosamente por ellos mismos con aquellos que les apoyan. Sherk explica como impactaría la nueva norma a los trabajadores:

     

    Si la mayoría de los trabajadores de una tienda se oponen a la sindicalización pero un sindicato tiene un apoyo mayoritario entre los cajeros, puede formar un sindicato compuesto solamente de cajeros. Los reponedores y el personal de atención al cliente no votarían.

    La sindicalización aumenta los riesgos de todo el centro de trabajo. La NLRB de Obama ha permitido a los sindicatos quitar el derecho a voto de forma selectiva a quienes no quieren tomar ese riesgo.

     

    Todo esto está ocurriendo a pesar de que sólo uno de cada diez trabajadores no sindicalizado dice que quiere estarlo. Aún más, las compañías sindicalizadas invierten menos, son menos competitivas y crean menos empleos que las compañías no sindicalizadas. Dados estos hechos, no es sorprendente que la membresía en sindicatos se haya reducido hasta un 7% en el sector privado. De igual forma, sin embargo, no es sorprendente que la NLRB de Obama esté haciendo todos los esfuerzos que puede para impulsar la sindicalización de todas las compañías mientras aún puede.

    La propuesta de ley de Kline intenta impedir que eso ocurra garantizando que las elecciones sindicales no se realicen hasta que los empleados tengan al menos 35 días para escuchar a ambas partes, asegurando que los empleados tengan al menos 14 días para recabar asesoría jurídica antes de que empiece algún procedimiento legal, impidiendo a los sindicatos que elijan ellos mismos qué empleados pueden votar y protegiendo la privacidad al dejar a los trabajadores que decidan qué información de contacto dar a los sindicalistas.

    Kline dice: “Me queda muy claro que se está pisoteando los derechos de empleadores y empleados”. Y tiene razón. Los trabajadores tienen el derecho de formar sindicatos, pero deberían tener también el derecho de no formarlos. Las reformas como las que Kline está proponiendo ayudan a proteger ese derecho.

     

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

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