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Historia de dos planes de empleo

 

 

Ha pasado una semana desde que el presidente Barack Obama anunciara su último plan de “estímulo” y, a pesar de su gira a través del país con la intención de vender sus propuestas al pueblo americano, el comandante en jefe se está encontrando con que su mensaje de más impuestos y gastos no convence. Entre tanto, el presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes, Paul Ryan (R-WI), ha detallado una forma marcadamente distinta de ayudar a que la economía de Estados Unidos regrese por sus fueros.

Según una nueva encuesta de National Journal/United Technologies, solo uno de cada seis americanos creen que el plan del presidente disminuirá “mucho” el desempleo, mientras que un cuarto duda de que el plan pueda impactar el desempleo en algo. Luego está el 39% que cree que las políticas del presidente han empeorado el desempleo (el doble de los que dicen que lo ha mejorado). Ahora, también el New York Times le está  aguando la fiesta al presidente al informar que los demócratas están “echándose atrás ante la propuesta de ley de empleos de Obama” y “dicen que hay pocas posibilidades de que puedan apoyar la propuesta en su conjunto, citando una serie de elementos que no pueden aceptar”.

Aunque podría ser sorprendente que el presidente esté teniendo problemas incluso entre los de su propio partido para el plan que ha exigido que aprueben, no sorprende que el país tenga dudas sobre su plan para el crecimiento del empleo. Después de todo, con semejante precio de $447,000 millones y su dependencia del gasto del Gran Gobierno, se parece mucho a lo que ya ha intentado y ha fallado durante su presidencia. En pocas palabras, exhorta a pedir más dinero prestado, a gastar más y a mayores impuestos — nada de lo cual va a ayudar a Estados Unidos a crear más empleos.

En vez de intentar hacer más grande al gobierno, Ryan dice que hay un mejor camino hacia adelante: Reformas fiscales pro-crecimiento que hagan las leyes tributarias más justas, competitivas y simples, todo lo cual ayudará a liberar el poder creador del sector privado de Estados Unidos. En una entrevista exclusiva con la Fundación Heritage, Ryan explicó por qué es tan desesperadamente necesario reformar el código tributario:

 

[Este] penaliza todas esas cualidades que nos hacen grande y que hacen crecer a nuestra economía: ahorrar, invertir, arriesgar. Penaliza esas cosas.

Es fundamentalmente una creación del “capitalismo clientelista”, donde el Congreso ha decidido ponerse en el papel de escoger ganadores y perdedores en la economía a través de las leyes fiscales.

Cuando se formulan todas estas preferencias para beneficiar a una industria o una empresa por encima de las demás, hay que elevar los tipos fiscales más de lo que se haría en caso contrario, algo que dificulta el crecimiento de la economía, la creación de empresas.

 

Ryan dice que las leyes tributarias se han convertido en “un plan económico de protección al que ya es beneficiario”, algo que finalmente lleva a mayores impuestos para todos, dejando a Estados Unidos con una competitividad reducida en la economía global. ¿Su solución? Hacer que las reglas fiscales sean iguales para todos:

 

Lo que queremos hacer es eliminar todas las lagunas fiscales de la ingeniería social y el capitalismo clientelista de forma que podamos bajar los tipos impositivos y dejar que las empresas se queden con su dinero para empezar, dejar que la gente se quede con su dinero en primer lugar, y de esa manera el factor determinante para ver si prospera o fracasa un negocio será el mérito, el logro, la innovación, será si complace o no a sus clientes, no si tienen contactos en el Congreso o en el gobierno federal.

 

No confunda el llamamiento de Ryan a la justicia en las leyes fiscales con los llamamientos del presidente Obama al “sacrificio compartido” que para él significa mayores impuestos para los creadores de empleo en Estados Unidos. Ryan dice que existe una diferencia inherente en aspiraciones y filosofía sobre el papel del gobierno en la economía:

 

Aspiro a alcanzar una mentalidad, una economía, una sociedad donde promovamos la igualdad de oportunidades, de forma que la gente pueda prosperar y conseguir el máximo en su vida. No estoy de acuerdo con las palabras y obras del presidente: él aspira a una sociedad donde el gobierno tiene por papel igualar los resultados de nuestras vidas. Es una forma de mirar a la economía y la sociedad como si fuera un pastel de tamaño fijo y por tanto el gobierno tiene que tener el papel de redistribuidor de las porciones del pastel de forma más equitativa en nombre de la justicia o la equidad. El mundo no funciona así. La economía no funciona así.

Nuestro objetivo es hacer que el pastel sea más grande, no que el gobierno esté calculando cómo redistribuir las porciones de unos a otros, lo cual acaba penalizando u obstaculizando el crecimiento y la innovación y la prosperidad, sino hacer crecer el pastel. He de reconocerle al presidente eso de la lucha de clases sirve bien para politiquear, pero no para hacer buena economía.

 

Ryan está en lo correcto. Allí donde el presidente Obama quiere seguir aumentando el gasto y quiere pagarlo con mayores impuestos, Ryan exhorta a una muy necesaria modernización del código tributario. Allí donde las políticas del presidente aumentarían de forma permanente los impuestos, incrementarían el tamaño del gobierno y empeorarían aún más la situación del desempleo en Estados Unidos, Ryan quiere que el gobierno sea más ágil y justo, permitiendo que las empresas puedan crecer, competir y prosperar. La primera receta es para un fracaso continuado; la otra ofrece algo de la muy necesaria esperanza para un país que ha estado padeciendo demasiado tiempo ya.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 
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