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Hora de actuar respecto a Pakistán

28 / 09 / 2011

 

 

La administración Obama está intentando contener rápidamente los daños de otra potencial debacle de política exterior, esta vez con el nuclear Pakistán. La pasada semana, el almirante Mike Mullen, el jefe del Estado Mayor Conjunto, soltó una noticia que cayó como una bomba  y sacudió las relaciones Estados Unidos-Pakistán.

En testimonio ante el Congreso, Mullen declaró que el servicio de inteligencia militar de este supuesto socio de Estados Unidos dirige la Red Haqqani, un grupo militante responsable de ataques contra americanos, incluyendo el asalto a la embajada de Estados Unidos en Kabul, Afganistán que duró 20 horas y dejó 27 muertos.

Esta revelación provoca inmediata preocupación para Estados Unidos y la Fundación Heritage cree que esto debe resultar en una política de castigo a Pakistán si Islamabad continúa con su patrón de conducta desafiante. Sin embargo, altos cargos de la administración, citados anónimamente esta mañana en primera plana del Washington Post, han atacado al mensajero. Uno dijo al periódico que el almirante Mullen “se excede en la presentación del caso”. Este oficial del Pentágono admitió que sí, los pakistaníes han estado “guiando a Haqqani y usándolo para sus propósitos”, pero de ninguna forma esto incluye matar americanos.

Esta interpretación contradice directamente las muy claras palabras del almirante Mullen, que dijo al Congreso:

 

Organizaciones extremistas que sirven como agentes del gobierno de Pakistán están atacando a tropas y civiles afganos así como a soldados de Estados Unidos. Las acciones del gobierno pakistaní, apoyándolas –activa y pasivamente– representan un problema creciente que está menoscabando los intereses de Estados Unidos y puede que estén violando las normas internacionales, lo que, presumiblemente, amerita sanciones.

 

Por qué una administración que en un año se enfrentará al mandato de los electores desea ocultar los problemas con Pakistán bajo la alfombra es una pregunta sin responder. Lo que está claro, sin embargo, es que la administración Obama ha contribuido a ese problema. Anunciando un calendario de retirada de Afganistán, la administración ha hecho que todos en la región sepan que, ganemos o perdamos, nos iremos.

Las noticias de prensa apoyan al almirante Mullen, no a las fuentes anónimas del Washington Post. Revelan que los teléfonos celulares de los atacantes estaban vinculados a oficiales de inteligencia pakistaníes. Esto subraya la preocupante realidad de que Pakistán –hasta la fecha un socio de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo– está actuando directamente contra los intereses de Estados Unidos. Si Pakistán no cambia el rumbo, afirma Lisa Curtis, de Heritage, Estados Unidos debería reaccionar con decisión:

 

A no ser que Pakistán acceda a tomar medidas contra esos oficiales de la agencia ISI implicados en el ataque del 13 de septiembre y a trabajar más estrechamente con Estados Unidos para confrontar la Red Haqqani, Estados Unidos tendrá que recalibrar su política con Pakistán, a pesar de las repercusiones potencialmente negativas para otros intereses de Estados Unidos en la región.

 

Por su parte, las reacciones de Pakistán al testimonio de Mullen han sido variopintas. El ministro de exteriores pakistaní Hina Rabbani Khar advirtió la pasada semana que continuar con esas acusaciones podría hacer que Estados Unidos “pierda un aliado”. Ayer habló desde el pleno de la Asamblea General de Naciones Unidas en defensa del historial de su país en la lucha contra el terrorismo a la vez que hizo un llamamiento a la unidad con socios internacionales para luchar contra su común enemigo. Mientras tanto, el primer ministro pakistaní Yusuf Raza Gilani dijo que “los mensajes negativos…están perturbando a mi gente”.

Aunque el giro positivo de la retórica de Khar es bienvenido, son más importantes las acciones que Pakistán debe tomar de aquí en adelante. Las relaciones Estados Unidos-Pakistán han estado tirantes desde la incursión del 2 de mayo en la que fuerzas de Estados Unidos mataron a Osama bin Laden, que se ocultaba a tiro de piedra de la academia militar de Pakistán. A la luz de las sospechas de que Pakistán ayudó a proteger a bin Laden y la resistencia del país a cortar lazos con los insurgentes afganos, el Congreso se ha ido volviendo más escéptico ante el pedido de la administración Obama a mantener relaciones diplomáticas y los programas de ayuda a Pakistán, según Curtis. Las últimas noticias solo añaden leña al fuego.

Curtis dice que si Pakistán continúa su actitud desafiante y rehúsa tomar acciones contra los perpetradores de los ataques contra la embajada de Estados Unidos, Estados Unidos debería aplicar medidas de castigo, como suspender todos los programas de asistencia a Pakistán, retirar al embajador americano, reajustar la estructura de las fuerzas de Estados Unidos en Afganistán, dar prioridad a encontrar otras rutas para afrontar cualquier interrupción o incluso el corte de las rutas de suministro que atraviesan Pakistán, añadir inmediatamente la Red Haqqani a la lista de organizaciones terroristas extranjeras, aumentar los ataques con aviones no tripulados contra objetivos de Haqqani en las áreas tribales de Pakistán, abandonar los planes de retirada de Estados Unidos de Afganistán y consultar con aliados europeos las formas de alejar a Pakistán del peligroso camino que está siguiendo.

Hace más de dos años que el presidente Barack Obama advirtió de que en las remotas áreas de la montañosa frontera de Pakistán, al-Qaeda se reagrupaba, entrenaba terroristas, se comunicaba con sus seguidores, preparaba ataques y enviaba guerrilleros a apoyar la insurgencia en Afganistán. Lo llamó “el más peligroso lugar del mundo” y ligó los ataques terroristas globales al liderazgo de al-Qaeda en la región. Sin embargo, hoy, una amenaza ha surgido desde el gobierno de Pakistán – su complicidad en el asesinato de ciudadanos de Estados Unidos que sirven en Afganistán. Mientras tanto, el presidente Obama permanece en silencio.

En una entrevista en el Wall Street Journal de hoy, el almirante Mullen –que es conocido como uno de los más estrechos amigos de Pakistán en Washington– explica que ha adoptado una línea más dura debido a las amenazas a las fuerzas americanas. “Estoy perdiendo gente y simplemente no voy a tolerarlo”, dijo. “He sido el mejor amigo de Pakistán. ¿Qué nos dice esto cuando me encuentro en ese punto? ¿Qué nos dice acerca de dónde estamos? El presidente Obama también debería adoptar una línea más dura, rehusarse a tolerar las acciones e inacción de Pakistán, reaccionar decisivamente ante este ataque directo a los intereses de Estados Unidos e insistir en un nuevo rumbo.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.


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