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  • Hora de moverse cuidadosamente en Libia


    La acción militar americana en guerras exteriores no debería tomarse a la ligera. Pero el presidente Obama lo hizo así cuando metió tropas americanas en Libia sin un objetivo claro y en una guerra imprecisamente definida.

    El presidente no solo se saltó el pedir la aprobación al Congreso, le dio al pueblo americano poca información sobre las metas de tal empresa. Después de tres meses de conflicto, el Congreso está valorando cuidadosamente la situación en Libia y forzando al presidente a afrontar el problema directamente.

    Anoche, los líderes republicanos de la Cámara de Representantes aplazaron el voto sobre una medida para retirar las tropas de Libia en 15 días. Aunque muchos están de acuerdo en que entrar en la guerra ha sido poco prudente, también temen que un movimiento precipitado pudiese perjudicar nuestros intereses nacionales o dejar abandonados a nuestros aliados.

    Sin embargo, valerse de la Resolución de Poderes de Guerra como medio para la retirada no es la manera correcta. Como escribe James Carafano, de Heritage:

    Las disposiciones de retirada de la Resolución de Poderes de Guerra (a menudo llamada la Ley de Poderes de Guerra) son inconstitucionales y minan la autoridad del presidente como comandante en jefe. Valerse de esta legislación es la manera errónea de actuar.

    El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner (R–OH), dijo que los líderes posponían el voto para “permitir un proceso en el que se oyera la voluntad del pueblo americano en la Cámara”.

    Ese es un buen comienzo. Ahora, el Congreso tiene la oportunidad de reagruparse y pensar seriamente sobre cuáles deberían ser los próximos pasos de Estados Unidos en Libia. La comunicación con el presidente Obama en próximas semanas será un elemento crítico para el resultado.

    La revista Foreign Policy revela que nuestra participación en Libia ya ha costado $750 millones, tomados directamente de la asignación de $600,000 millones del Departamento de Defensa. Aunque el presidente como comandante en jefe tiene la autoridad para hacer esto, la búsqueda de apoyo internacional antes que pedirlo a su propio Congreso o a sus votantes fue poco sensato.

    Como escribe James Carafano:

    La esperanza de que una rápida intervención occidental mediante la imposición de una zona de exclusión aérea aseguraría la caída del régimen, reafirmaría el liderazgo americano en la “lucha por la libertad” y eliminaría la posibilidad de una seria crisis humanitaria no fue realista. Claramente, el coronel Gadafi tiene suficiente fuerza militar para defender su posición. Era improbable que una mera exhibición de fuerza de las potencias occidentales precipitara el colapso de su bien atrincherado régimen.

    Pasando página, el Congreso tiene algunas decisiones difíciles que tomar, pero es clave permanecer firmes y fieles a principios ya conocidos como percatarse de lo que es constitucional y el apoyo a nuestros aliados de la OTAN— es clave. A pesar del craso error de meter a Estados Unidos en la guerra, el Congreso es ahora responsable de no cometer ningun error más. Carafano nos dice los cuatro siguientes pasos a dar por el Congreso cuando se dirija al presidente:

    1. Reconvenir al presidente por no consultar adecuadamente sobre la intervención libia al Congreso;
    2. Exigir que el presidente aclare la intención y el alcance de las operaciones de Estados Unidos y que proponga un rumbo a seguir que sea apropiado, viable y aceptable;
    3. Tomar en consideración la retención de fondos para futuras operaciones si, tras cuidadosa ponderación, una mayoría del Congreso concluye que las operaciones en curso no son en el interés de Estados Unidos;
    4. Sopesar cuidadosamente cualquier acción teniendo en cuenta su posible impacto en la seguridad de las fuerzas aliadas.

    Los líderes republicanos de la Cámara han planificado una conferencia especial hoy para discutir el asunto y también la administración informará a los legisladores a puerta cerrada. Quizá, después de que los legisladores hayan tenido la oportunidad de analizar detenidamente la situación, puedan ponerse de acuerdo sobre el próximo paso a seguir en Libia — uno que mantenga a salvo los intereses nacionales vitales y también respete nuestra lealtad hacia los alidados luchando en medio del peligro.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Conflictos Internacionales, Defensa, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo Americano, Opinión, Política Exterior, Proteger a América, Seguridad