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Individuos y comunidades: Nadie es una isla

 

¿Es el individualismo adecuado para sostener la libertad y frenar al gobierno? Este tema surgió durante el debate de las primarias republicanas en Las Vegas.

“Este país siempre ha puesto a la gente en grupos” y los ha tratado de conformidad con eso, dijo el representante Ron Paul (R-TX). Estados Unidos necesita dejar atrás este tipo de “mentalidad de grupo”, dice Paul, e ir hacia una perspectiva más individualista: “Hace falta que veamos a todos como individuos. Y para mí, ver a todo el mundo como individuos significa que sus libertades están protegidas como personas individuales”.

Aunque no estaba en desacuerdo con el hecho de que el gobierno debe proteger los derechos de los individuos, el exsenador Rick Santorum (R-PA) se opuso a lo que implicaba la afirmación de Paul de que “el país se basa en el individuo”. Santorum arguyó que: “El bloque de construcción básico de una la sociedad no es el individuo. Es la familia”.

Es cierto que muchos derechos pertenecen a los ciudadanos como individuos. La gente no tiene derecho a la vida y la libertad, por ejemplo, sólo si pertenecen a algún grupo de privilegiados. Más bien, Dios ha dotado con estos derechos a cada persona como individuo único que posee valor y dignidad.

Pero dejar la impresión de que los individuos portadores de derechos son como islas en sí mismos, sería un error. Esta noción no es fiel a lo que somos como personas y de hecho puede conducir a un gobierno más grande.

Todos existimos en algún tipo de relación con los demás. De hecho, nos convertimos en quienes somos –desarrollamos nuestros propios hábitos y puntos de vista únicos– en el contexto de estas relaciones. Tenemos que pensar en nosotros mismos y en los demás no sólo como individuos autónomos sino como personas en comunidad.

Y la forma más básica de comunidad es la familia. Las familias y otras instituciones comunitarias son esenciales para el bienestar humano. Es en estas formas locales de asociación que podemos aprender no sólo a respetar los derechos sino también sobre el ejercicio de las responsabilidades con los demás. Si buscamos restaurar un gobierno limitado, es importante no pasar por alto el hecho de que gran parte de nuestro progreso descansa en el tipo de relaciones promovidas en la sociedad civil.

Cuanto más sienta la gente que puede creer y confiar en los demás, menos tendrá que recurrir al gobierno para ser atendida o para poner remedio a la injusticia. Estos vínculos interpersonales pueden debilitarse, no obstante, cuando pasamos por alto la importancia de las relaciones sociales en la prosperidad individual.

Si nos centramos demasiado en la autonomía individual de las personas, seremos menos propensos a fomentar un sentido de responsabilidad mutuo a través de la familia, la iglesia y la comunidad y dejaremos a las personas más propensas a recurrir al Estado para satisfacer sus necesidades. Como resultado de ello, el papel social de las instituciones de la sociedad civil local probablemente cederá ante un gobierno federal buscando ampliar su influencia. El estado expansivo y el individuo desligado van de la mano.

Debemos proteger los derechos de todos los ciudadanos, de cada “individuo”, por así decirlo. Para lograr este objetivo, sin embargo, tenemos que ver y tratar al “portador de derechos” por lo que realmente es: un ser social, miembro de varias comunidades y formas de asociación. Esto significa tomar más en serio a familias y comunidades de fe cuando se trata de decisiones políticas.

 

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

Posted in Estudios, Familia y Religión, Opinión, Pensamiento Político, Principios Fundacionales