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  • Intervencionismo latinoamericano

    Nota del Editor:

    Ahora que ya concluyó el viaje del presidente Barack Obama a Latinoamérica,  es importante profundizar más sobre la batalla de las ideas que está acaeciendo en el hemisferio occidental.  Por un lado, tenemos una nueva versión del socialismo, el socialismo del siglo XXI, que en realidad es el mismo socialismo pero con una lavada de cara que no de filosofía.  Los resultados siguen siendo los mismos: el Estado crece y se apodera de los recursos mientras el pueblo sufre las consecuencias del cáncer socialista.

    En este breve ensayo, el  reconocido economista y líder del movimiento democrático venezolano, Paúl Elguezabal, quiere compartir una curiosa anécdota respecto a este relevante tema.

    - Israel Ortega

    Intervencionismo latinoamericano

    por Paúl Elguezabal

    En estos días disfruté discutiendo por Twitter con un funcionario de rango medio-alto del gobierno venezolano, un revolucionario y socialista de conciencia, crítico de gobernadores y alcaldes socialistas que denunciaba lo siguiente: “En el Mercado Municipal, había leche en polvo por encima del precio regulado” y clamaba por la acción del correspondiente instituto regulador. Intenté explicarle que atacar estos vendedores (semi)informales solamente haría desaparecer el producto y nos obligará a todos a hacer las largas colas en los mercados del Estado.

    Les escribo algunas de las conclusiones para pensar en la construcción de una Latinoamérica post socialista. No será fácil con los socialistas de hoy y con tanto intervencionismo cultivado del pasado, algo que se nota cuando se critica a gobiernos como el venezolano por “controlar mal” la economía o simplemente por no controlar, a secas.

    El funcionario socialista decía que la leche escaseaba por culpa de los “especu-acaparadores”, que deberían ir presos. Siguiendo esa lógica ¿Por qué, si existen esos seres malvados, la leche no escasea en otros países? Simplemente, porque los ciudadanos de otros países pueden invertir confiados en que no les impondrán controles de precio, ni que los expropiarán, que tendrán un Estado de Derecho que les garantice igualdad ante la ley y protección ante robos y fraudes, que no tienen que esperar 18 meses para registrar y arrancar legalmente una empresa, que no tienen que sobornar a ningún funcionario que le dé permiso para producir y así su plan de negocio esté acorde a la planificación del Estado (una especie de ser supremo que “sabe” qué y cuánto producir).

    Esa inversión estará alerta de cualquier oportunidad de beneficios, buscará donde exista mayor rentabilidad (especulará), y entrará a competir. Esa competencia termina bajando (controlando) los precios, porque el consumidor comprará el producto que mejor satisface sus preferencias, ya sea el del mejor precio, calidad o característica específica. De esta manera, sólo la competencia, por ser el que le venda a los consumidores para así obtener la mayor ganancia, controla la inflación y satisface la diversidad de preferencias de los consumidores.

    Claro está, con un gobierno que no garantiza estas mínimas condiciones, la competencia está limitada. Por tanto, los pocos bienes producidos no alcanzan, ni tienen la variedad que el consumidor demanda y además tienen altos precios. ¿Cómo el dueño del supermercado va a vender un producto a pérdida? No puede. Y a él no le interesa que lo venda el vendedor de la calle (informal). Pero como él es formal no puede incumplir la ley (injusta) porque si no es sancionado por el Estado. Donde la máxima es “si los controles no funcionan, entonces hacen falta más controles”. Afortunadamente, ya la gente no se cree el cuento de que la culpa es de los “especu-acaparadores”.

    Sólo espero que los latinoamericanos aprendamos las lecciones de lo que no se debe hacer y que todo lo que nos huela a intervencionismo sea criticado con dureza, hoy y también en la Latinoamérica post socialista.

     

    Posted in Economía, Estudios, Opinión