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  • Izquierda y derecha: Opiniones irreconciliables sobre un impuesto al carbono

     

    Destacados grupos y personalidades de la derecha han sacado a la luz recientemente la idea de respaldar un impuesto sobre el carbono que utilice el dinero recaudado para rebajar otros impuestos o para saldar la deuda nacional. Sin embargo, un nuevo informe industrial arroja dudas sobre la viabilidad de esa normativa y las contradictorias propuestas de los partidarios de un impuesto sobre el carbono acentúan esa inquietud.

    Muchos de esos partidarios del impuesto han hecho publicidad del respaldo de la derecha a la propuesta de un impuesto sobre el carbono que utilizaría la recaudación obtenida con fines fiscalmente conservadores: trasladar la carga tributaria de los ingresos (por ejemplo, el impuesto sobre la nómina o el impuesto sobre ingresos) al consumo, así como una reducción del déficit presupuestario federal.

    Pero un informe publicado el martes por el Instituto de Investigación de la Energía (IER) expone que dichas esperanzas están fuera de lugar. Como señala el IER,

    Incluso si la recaudación del impuesto sobre el carbono se dedica inicialmente en un 100% a reducir la carga de otros impuestos, sería bastante ingenuo confiar en que el gobierno mantenga ese reparto para siempre. Lo más probable es que durante la próxima crisis fiscal, el gobierno suba los tipos impositivos sobre la nómina, los ingresos y/o algunos otros, a la vez que mantiene el nuevo impuesto sobre el carbono.

    De hecho, el presidente de Americanos por la Reforma Fiscal, Grover Norquist, comentó el martes que se requeriría una derogación total del impuesto sobre los ingresos antes de que él considerase su respaldo a un impuesto sobre el carbono. Incluso entonces, añadió, “sería una acción estúpida y económicamente destructiva”.

    Pero el argumento del IER tiene un reverso: los futuros responsables políticos también podrían decidir utilizar el aumento en la recaudación del impuesto sobre el carbono (ya sea proveniente del propio impuesto o de futuras subidas de otros impuestos que en principio se pensaba que iban a ser compensados por la recaudación del impuesto sobre el carbono) para financiar otros esquemas de gasto federal.

    Sólo se necesita echar un vistazo a los objetivos establecidos por los defensores del impuesto sobre el carbono para ver las visiones irreconciliables sobre hacia dónde se debería dirigir su recaudación. Mientras que destacadas voces conservadoras  han presentado la posibilidad de un impuesto sobre el carbono neutral para la recaudación, sus partidarios de izquierdas lo ven a menudo como un medio para una mayor “inversión” en tecnologías y compañías de energías verdes.

    Por ejemplo, un nuevo informe de Brookings Institution, propone dirigir parte de la recaudación del impuesto sobre la nómina hacia “unas reducciones fiscales que impulsen el crecimiento…o unas reducciones del déficit”, pero también estipula que el gobierno federal debería “reservar al menos los primeros $30,000 millones de su recaudación anual para un despliegue de tecnología e I+D+i relacionado con las energías limpias (y la educación ambiental)”.

    Eso podría hacer del plan una idea fallida, incluso entre los conservadores que han expresado su respaldo provisional a un impuesto sobre el carbono.

    Iniciativa para la Energía y la Empresa (EEI), un grupo de libre mercado medioambiental dirigido por el antiguo representante Bob Inglis (R-SC), ha estado trabajando en una propuesta de un impuesto sobre el carbono neutral para la recaudación que llame la atención de los legisladores de Washington. Pero su vocero Alex Bozmoski comentó  a Scribe (web de Heritage especializada en periodismo investigativo) que el grupo no respaldaría ninguna propuesta que utilice el aumento de la recaudación para financiar un mayor gasto federal. EEI es “inflexible”, comentó Bozmoski, en cuanto a que “cada dólar retorne a los contribuyentes”.

    Puede que resulte difícil conciliar esa posición con los partidarios de izquierdas de un impuesto sobre el carbono, que con frecuencia citan al gasto adicional en energías verdes como el objetivo principal de esa recaudación también adicional.

    “Desde una perspectiva industrial”, explica David Crane, director ejecutivo de NRG Energy, financiada por los contribuyentes, constituye un punto muerto para llegar a un acuerdo el “asegurar que una parte significativa de la recaudación obtenida vaya directamente a la financiación de infraestructuras para las energías limpias”.

    Tyson Slocum, director del Programa de Energía de Public Citizen, fue incluso más contundente en sus afirmaciones:

    Un argumento básico para ponerle precio al carbono es generar realmente la recaudación federal necesaria para un despliegue y un desarrollo energéticos sostenibles…Sería un error usar la recaudación, tras ponerle precio al carbono, no para ayudar a esta transformación tan necesaria, sino más bien como una falaz propaganda política para compensar las pérdidas financieras asociadas a una drástica rebaja de los impuestos sobre los ingresos de sociedades, los impuestos estatales u otras adversidades por una política de fiscalidad errónea.

    Con los partidarios conservadores y progresistas de un impuesto sobre el carbono discutiendo por los distintos usos de la recaudación del impuesto, no queda claro que el Congreso pueda lograr el respaldo suficiente para dicha propuesta. “De forma no muy diferente a una cena de Acción de Gracias, todos estos grupos querrán un trozo del pastel”, comentó el experto en política energética de la Fundación Heritage Jack Spencer.

    Es más, Spencer indicó la posibilidad de que dirigir la recaudación del impuesto sobre el carbono hacia diversos grupos y causas clientelistas “abriría las puertas a los cabilderos, fomentado así la lucha por unos intereses más especiales con el fin de proteger a sus industrias de los efectos perjudiciales de un impuesto sobre el carbono”.

    Mientras los cabilderos se reúnen en torno al pastel, los americanos se verán abocados a afrontar uno de los impuestos sobre la energía más regresivos, que perjudicará a los más desfavorecidos entre nosotros, todo ello mientras se logran unos beneficios medioambientales mínimos. Como ya sabe casi todo el mundo en Washington, una vez que la nueva recaudación procedente del impuesto sobre el carbono empiece a fluir, inmediatamente surgirá la tentación de utilizar esos fondos para justificar nuevos gastos.

      

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Análisis, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Impuestos, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión