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Juegos de guerra, crisis energética y la amenaza iraní

 

 

El Estrecho de Ormuz está entre Irán y los Emiratos Árabes Unidos, sirviendo de canal de paso para unos 15.5 millones de barriles de crudo por día, cerca de un tercio de los envíos marítimos mundiales. En una palabra, es un punto de estrangulamiento, lo que hace que la amenaza iraní de esta semana de cerrar el estrecho algo muy serio para la comunidad internacional.

Las provocativas advertencias del régimen iraní las enunció el martes el primer vicepresidente iraní Mohamad Reza Rahimi que amenazó con cerrar el estrecho si Irán se enfrenta a sanciones por sus ambiciones nucleares. Y ayer, el máximo comandante naval de Irán, Habibolá Sayyari, dijo: “Cerrar el Estrecho de Ormuz es realmente fácil para las fuerzas armadas de Irán … o, como los iraníes dicen, será más fácil que beber un vaso de agua”.

El cierre del estrecho por parte de Irán —y sus ramificaciones económicas— es un escenario que se ha contemplado con anterioridad. De diciembre de 2006 a marzo de 2007, los académicos de la Fundación Heritage llevaron a cabo un ejercicio de simulacro bélico que estudió las probables consecuencias económicas y políticas de una perturbación importante del flujo de petróleo en el Golfo Pérsico. En concreto, el simulacro se fundamentó en un escenario en que Irán comenzó el bloqueo del Estrecho de Ormuz en enero de 2007.

 

¿Qué es lo que encontraron? Con base en este modelo, si Irán tiene éxito en bloquear completamente el estrecho por hasta una semana, los americanos verían un enorme salto en los precios del petróleo, una caída de un 25% del PIB de $161,000 millones, la pérdida de un millón de empleos y la caída de la renta personal disponible sería de más de $260,000 millones.

 

Con esas amenazas, los expertos recomendaron una serie de pasos para gestionar el teórico bloqueo y sus consecuencias económicas mundiales:

 

“Un uso concentrado pero moderado del poder militar, orientado a objetivos que aborden intereses nacionales vitales, demostraría una determinación de Estados Unidos para defender la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz, ayudaría a calmar los mercados globales y daría seguridades a los consumidores americanos; y unas medidas de liberalización de las políticas energéticas y de repliegue de las restricciones regulatorias permitirían al mercado trabajar para cubrir las necesidades energéticas globales”.

 

En el momento que el análisis de simulacro bélico se llevó a cabo, los expertos describieron por qué un bloqueo potencial del Estrecho de Ormuz sería una amenaza tan significativa. Sus palabras resuenan hoy. Estudiaron las crisis energéticas durante el embargo árabe de 1973-1974 y la revolución iraní de 1978-1979 — ambas ocasiones llevaron a escasez de combustible, largas colas para la gasolina, racionamiento de la misma, alta inflación y daños a la economía en su conjunto derivados de la energía.

En esos casos, Estados Unidos sufrió no sólo como resultado de los cambios en el suministro global de petróleo, sino también por las políticas que surgían desde Washington.

“En casi cada instancia, los políticos de Washington exacerbaron la de por sí preocupante situación energética con sus propios errores políticos. El recién creado laberinto de regulaciones económicas y ambientales del gobierno federal y sus agencias implementadoras obstaculizaron grandemente los suministros nacionales de energía y limitaron la capacidad del sector privado para responder a los acontecimientos”.

“En retrospectiva, el gobierno de Estados Unidos probablemente causó al menos tanto daño como cualquier ente extranjero. Mucho de la crisis energética fue daño autoinfligido por malas decisiones tomadas en Washington. Los errores de los 70 deberían servir como aviso de precaución ahora que Estados Unidos de nuevo se enfrenta a desafíos energéticos similares”.

Hoy, Washington está poniendo obstáculos a la independencia energética. El presidente Barack Obama ha pospuesto la decisión sobre el oleoducto Keystone XL, que transportaría 700,000 barriles de petróleo diariamente desde Canadá hasta refinerías en Texas y daría un gran impulso a la economía americana. Mientras tanto, su administración bloqueó el acceso a recursos de arenas bituminosas, frenó e incluso detuvo la perforación en alta mar en el Golfo de México, que suministra el 30% de la producción nacional de petróleo. Y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) está imponiendo nuevas, caras regulaciones a la producción energética. Y todo esto cuando Irán está amenazando con cortar un cuarto del suministro energético mundial.

Como mostró el análisis de simulacro bélico de Heritage, hay cosas que Estados Unidos puede hacer para responder a tales acciones de Teherán, pero ninguna medida puede eliminar totalmente las consecuencias económicas. Sin embargo, hay cosas que Washington puede y debería hacer hoy para ayudar a la nación a ser menos dependiente de Oriente Medio para conseguir su energía y suavizar el golpe si Irán decide propinárselo a Occidente. La seguridad de Estados Unidos depende de ello.

 

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