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  • La Agenda 21 y la amenaza en nuestro propio patio trasero

     

     

    ¿Preparado para cambiar su auto por una moto o quizá por el metro? ¿Interesado en menos opciones para su hogar, pagar más por la vivienda y que lo metan en un vecindario abarrotado? Ud. puede tener todo esto y mucho más si los ecologistas radicales y los que abogan por el “crecimiento inteligente” se salen con la suya y los gobiernos locales, estatales y federal imponen las políticas que establece la Agenda 21 de Naciones Unidas.

    Habrá oído hablar de esta política de nefasto nombre en el reciente debate presidencial republicano, pero si no fue así, he aquí algo de información básica: Agenda 21 es un plan voluntario adoptado en la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas de 1992. Exhorta a los gobiernos a intervenir y regular casi todo potencial impacto que la actividad humana pudiera tener en el ambiente. ¿El objetivo final? Conseguir que los gobiernos “repiensen su desarrollo económico y encuentren formas de detener la destrucción de recursos naturales irremplazables y la polución del planeta”.

    Tal como se aprobó, Agenda 21 se describió como un “plan de acción integral que debe adoptarse global, nacional y localmente por organizaciones del Sistema de Naciones Unidas, gobiernos y grupos principales en cada área en que el humano impacta en el medio ambiente”. Esto incluye centenares de objetivos y estrategias específicas que se alienta a que adopten gobiernos nacionales y locales. Y eso se traduce en políticas restrictivas de urbanismo que están dirigidas a detener el crecimiento de los suburbios. Al final, estas políticas llevan a una restricción al acceso de viviendas y disparan los precios de las casas, imponiendo a su vez costos innecesarios, especialmente a los hogares de medianos y bajos ingresos. Estas políticas contribuyeron a la burbuja inmobiliaria y la agravaron al añadir presiones inflacionistas a los precios de la vivienda.

    Pero he aquí la trampa: Nada en la Agenda 21 es obligatorio y no es una amenaza en sí misma o por sí misma. En realidad, la amenaza por la que los americanos deben estar preocupados es la que subyace en su propio patio trasero. Nuestros expertos Wendell Cox, Ronald Utt y Brett Schaefer explican que:

     

    Los que se oponen a la Agenda 21 no deberían dejarse distraer por la más tangible manifestación de los principios de crecimiento inteligente que se esbozan en ese documento. Si se centran excesivamente en la Agenda 21, es mucho más probable que las políticas domésticas de crecimiento inteligente que datan de principios de los años 70 (y que menoscaban la calidad de vida, la elección individual y los derechos de propiedad en las comunidades del país) sean implementadas por las autoridades locales, estatales y federales a instancias de los grupos ecologistas y otros intereses particulares.

     

    En Estados Unidos, las políticas de crecimiento inteligente empezaron en California y Oregón pero después se extendieron por todo el país para “detener el crecimiento suburbial para todos menos los adinerados”, según explican Cox, Utt y Schaefer. También avisan de que esas políticas no estaban exentas de efectos adversos:

     

    Según se hicieron más prevalentes y restrictivas, aumentó su impacto en los precios y la construcción de viviendas. Una explosión por todo Estados Unidos de políticas restrictivas de urbanismo animó a muchas comunidades a adoptar ese tipo de políticas urbanísticas para asegurar que se mantuviera un cierto “perfil” demográfico. Tales normas limitaron el desarrollo inmobiliario de casas de mayor costo para excluir mediante el precio a los hogares de ingresos medios y que incluían una desproporcionada parte de grupos de minorías.

     

    ¿Dónde están hoy día esas políticas domésticas de crecimiento inteligente? La administración Obama las ha adoptado a la vez que ha aumentado las regulaciones ambientales y las restricciones sobre el uso de los recursos naturales. Pero la Casa Blanca no es la única tras el movimiento de crecimiento inteligente. Autoridades locales y estatales, junto con grupos de presión, están promoviendo esas políticas a todos los niveles del gobierno.

    Y es ahí donde se debe frenar el crecimiento inteligente. No es sólo asunto de oponerse a la implementación de la Agenda 21 a nivel nacional, sino que también es proteger nuestras comunidades de una amenaza doméstica.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Campana de Heritage, Derecho Internacional, Economía, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión, Temas legales