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La batalla mediática Estados Unidos-China

La mayoría de americanos identifican a China como el país con más probabilidades de disputarle la primacía a Estados Unidos a nivel mundial y muchos incluso esperan que China reemplace el dominio americano. Los legisladores de Estados Unidos están finalmente despertando ante esa posibilidad que no es solo militar y económica sino que se extiende a las esferas de la información y la diplomacia pública. Por lo menos, algunos en el Congreso están decididos a cerciorarse de que Estados Unidos se enfrente al reto y que el gobierno chino no se salga con la suya usando oportunismo descarado en nuestro ambiente mediático libre y sin censura.

Mire las siguientes cifras: Los medios de comunicación estatales de China (cuyo periodismo está perfectamente amalgamado con la recolección de datos de inteligencia) lograron obtener 650 visas I ​​(visa de periodista internacional) del Departamento de Estado de Estados Unidos en 2010. Por el contrario, el año pasado, la Broadcasting Board of Governors (BBG)  del gobierno americano solo pudo obtener de China un total de dos visas ​​para los diligentes y muy acosados periodistas de Radio Free Asia y Voice of America (VOA).

Alarmados por esta situación, el 13 de septiembre, los representantes Dana Rohrabacher (R-CA), Randy Forbes (R-VA) y Ted Poe (R-TX) presentaron la resolución 2899, la Ley 2011 de Reciprocidad de los Medios de Comunicación Chinos, como una modificación de la Ley de Inmigración y Nacionalidad. La idea detrás del proyecto de ley es clara: El Departamento de Estado podrá emitir solamente la misma cantidad de visas a trabajadores de los medios estatales chinos que China apruebe para los periodistas americanos que trabajan para la BBG. A menos que China cambie de actitud, unos 30 días después de la promulgación de la ley, el Departamento de Estado tendría que revocar 648 visas I a los chinos.

El representante Rohrabacher también ha estado ocupado en otros frentes, trabajando para cerciorarse de que el gobierno de Estados Unidos no se autodesarme en la actual competición con China por la información. Este verano, Rohrabacher propuso una enmienda a la partida presupuestaria del Departamento de Estado para proteger el financiamiento de los servicios de radio y televisión de la VOA en mandarín y cantonés que la BBG había previsto eliminar el 1º de octubre, por razones presupuestarias. El lenguage de esta partida presupuestaria se aprobó este verano y está a la espera de que el Senado actúe.

Los chinos, por su parte, han abogado por un nuevo orden mundial de la información —algo así como unas Naciones Unidas para la política mediática— como parte de su estrategia de poder blando. Piense en ello como una “Doctrina de la Imparcialidad” a escala global que será administrada por un organismo internacional regulando el mercado mundial de los medios de comunicación. Li Congjun, jefe de la agencia de noticias Xinhua, escribió en una declaración para el Wall Street Journal en junio:

 

Las normas que rigen el orden internacional de los medios de comunicación se han quedado rezagadas, especialmente en comparación con los cambios en la política y la economía. La brecha se observa principalmente en el patrón extremadamente desigual de la comunicación internacional. El flujo de la información básicamente es en un solo sentido: De Occidente a Oriente, de Norte a Sur y de países desarrollados a países en desarrollo.

 

El avance de los medios de comunicación chinos en Estados Unidos –que va desde la adquisición de oficinas y espacios publicitarios en Times Square a estaciones de radio a lo largo de la frontera México-Estados Unidos– representa una concertada campaña gubernamental de los chinos para contrarrestar ese percibido desequilibrio del flujo de la información.

La verdadera respuesta radica en el libre mercado de la información y las ideas. Si el gobierno chino adoptara el concepto de medios de comunicación verdaderamente libres, no solo la participación de China en los medios globales aumentaría de forma exponencial sino que los periodistas chinos indudablemente serían recibidos con los brazos abiertos en Estados Unidos.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

Posted in Análisis, Congreso, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo para América, Opinión, Política Exterior