• Ampliar:
  • A
  • A
  • A

La desigualdad de los ingresos y los Padres Fundadores

 

¿Qué decían los Fundadores de Estados Unidos acerca de la desigualdad económica? En lugar de darles estadísticas sobre la realidad de la desigualdad en Estados Unidos hoy, algo que ya hemos hecho en otras ocasiones, este artículo considera la desigualdad basada en los principios económicos en los que se fundó nuestra república. Estos principios nos recuerdan por qué la desigualdad económica no es necesariamente una injusticia, sino un componente necesario de cualquier sociedad próspera.


Derechos de propiedad

Lejos de la idea de simplemente poseer bienes materiales, los Fundadores comprendieron que los derechos de propiedad incluían “derechos naturales”. En un ensayo sobre los derechos de propiedad, James Madison escribió en 1792:

 

Un individuo “tiene una propiedad muy estimada en su propia seguridad y libertad de su persona. Tiene una propiedad igual en el libre uso de sus facultades y en la libre elección de los objetos sobre los cuales emplearla… La conciencia es la más sagrada de todos las propiedades… el ejercicio de aquella, es un derecho natural e inalienable.

Los derechos de propiedad, por lo tanto, incluyen la utilización de nuestras facultades para adquirir propiedades y precede a la propiedad de bienes físicos.

 

Desigualdad económica

Los Fundadores eran muy conscientes de que la protección de las capacidades de las personas conduce a la desigualdad. En El Federalista X, Madison, dijo que “la protección de facultades diferentes y desiguales para adquirir propiedad, produce inmediatamente la existencia de diferencias en cuanto a la naturaleza y extensión de la misma”. Pero, ¿es esto justo?

Thomas West escribe que la primera razón por la que los Fundadores entendieron que eso era justo era que “los derechos de propiedad benefician a todas las clases por igual en la medida en que protegen el cuerpo y la mente de cada individuo de la explotación o la esclavitud a manos de otros”.

En segundo lugar, los Fundadores sabían que la protección de las facultades individuales probablemente ayudaría a los pobres si esta faculta la productividad económica que crea más puestos de trabajo.

Madison expresó que la industria y el trabajo dejados a su libre albedrío se dirigirían a “aquellos objetos que sean más productivos y de la manera más segura y directa que ni la sabiduría de la legislatura más ilustrada podría precisar”.

Del mismo modo, Alexander Hamilton señaló en su Informe sobre las Manufacturas (1791) que las capacidades individuales orgánicamente crean una división del trabajo, que “tiene el efecto de aumentar la capacidad productiva del trabajo, y con ella, la masa total del producto o ingreso de una nación”.

Piense en una persona que utilice libremente su propio talento para crear riqueza, como por ejemplo, Steve Jobs. La creación de los productos de Apple ha derivado en el empleo de decenas de miles de personas que diseñan, ensamblan y fabrican estos productos, por no mencionar que cada edificio de Apple cuenta con conserjes, trabajadores de mantenimiento, jardineros y otros.

 

El papel del gobierno

También en El Federalista X, Madison subrayó que la protección de los derechos naturales es la primera tarea del gobierno: ” La diversidad en las facultades del hombre, donde se origina el derecho de propiedad…. El primer objeto del gobierno es la protección de esas facultades”. Cualquier violación de estos derechos se considera moralmente injusta. El gobierno también tiene un papel a la hora de hacer cumplir los contratos, alentando y definiendo la propiedad de los bienes.

A lo largo del primer siglo de Estados Unidos, el gobierno se adhirió bastante cerca a estos principios. Incluso el gasto en “mejoras internas” o en proyectos de infraestructura, era aceptado sólo si esto iba en el interés nacional – a diferencia del estatal o local. Propiciar los intereses de unos sobre otros se consideraba inconstitucional, de ahí la palabra “general” en la Cláusula del Bienestar General (Artículo I, Sección 8 de la Constitución de Estados Unidos).

Es por eso que en 1822, el presidente James Monroe vetó una ley que redistribuía riqueza a un interés local, afirmando que el gasto del gobierno se limitaba “a fines de defensa común y al beneficio general nacional, no al estatal o local”. Esta tradición fue seguida por los presidentes James K. Polk y James Buchanan, en 1847 y 1857, respectivamente. Cada uno de ellos vetó medidas que no iban en el interés general. Del mismo modo, en 1893, el presidente Grover Cleveland vetó un proyecto de ley de $10,000 para ayudar a los agricultores en Texas durante una depresión, afirmando que: “la ayuda federal en tales casos motiva la expectativa del cuidado paternalista por parte del gobierno y debilita la solidez de nuestro carácter nacional”.

 

El enfoque más adecuado respecto a la desigualdad

Los Fundadores de Estados Unidos sin duda creían que una red mínima de seguridad era deseable. Sin embargo, ellos verían el enfoque actual sobre los ingresos dispares de crecimiento, como fuera de lugar y perniciosos. La prosperidad es inseparable de la desigualdad económica, y a la inversa, la igualdad económica forzada tiende hacia la pobreza. Cuanto más intenta el gobierno equiparar los ingresos, menos produce la economía. ¿Quién quiere producir cuando no recibe todos los beneficios de su trabajo? Uno de los Padres Fundadores, James Wilson, lo supo ilustrar mejor: “¿Quién cultivaría la tierra y sembraría el grano, si no tuviera un interés particular en la cosecha?”. La atención debería centrarse en motivar al pueblo a ejercer sus derechos inherentes en vez de desmotivarlo con políticas que se centran en las diferencias que hay en el crecimiento de los ingresos.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

Posted in Constitucionalismo, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Liderazgo Americano, Opinión, Pensamiento Político, Principios Fundacionales