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La EPA encuentra un nuevo contaminante: El agua

 

Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el agua se puede regular como contaminante mediante la autoridad que le confiere la Ley de Aguas Limpias (CWA). Al decir eso, la EPA acusa de ser un contaminante al propio elemento que esta ley estaba encargada de proteger. Irónico, ¿no?

En julio de 2002, el procurador general de Virginia, Ken Cuccinelli, demandó a la EPA por el plan propuesto para regular la cantidad de agua que fluye hasta la cuenca del arroyo Accotink. A Cuccinelli se le unió la firmemente demócrata Junta de Supervisores del Condado de Fairfax. “Sé que un montón de gente se quedó atónita por eso”, comentó Sharon Bulova, presidenta de la Junta.

La inusual oposición con la que se ha encontrado, sin atender a intereses políticos particulares, simplemente viene a demostrar cuán lejos ha llegado la regulación federal con esta Ley de Aguas Limpias. En el caso del Accotink, la EPA había propuesto un plan para ocuparse de los sedimentos en este arroyo, cuya situación se agravó por la escorrentía de aguas pluviales procedentes de la autopista interestatal 495. La EPA hizo público un límite para la Carga Diaria Máxima Total, con el fin de controlar cuánta agua estaba fluyendo hacia el Accotink y desde dónde podría venir.

Pero en lugar de regular los sedimentos, en la práctica la EPA daba al agua el tratamiento de elemento contaminante. El plan le habría costado al Condado de Fairfax $250 millones y otros $70 millones al Departamento de Transportes de Virginia, a pesar del hecho de que el condado ya ha estado trabajando en este problema.

El 3 de enero, una corte federal dictaminó a favor del Estado de Virginia, decidiendo que la EPA no podía tratar las escorrentías pluviales como contaminante basándose en la Ley de Aguas Limpias.

Esta historia es representativa de un problema mucho mayor: la Ley de Aguas Limpias, en sus actuales términos, es totalmente incapaz de regular de manera efectiva y de proteger aquello para lo que fue diseñada.

Mediante la CWA, la EPA puede imponer penalizaciones y presentar acusaciones legales por verter un contaminante en “aguas navegables”. A pesar de la jurisprudencia sentada por la Corte Suprema, la EPA y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército han aprovechado la definición de “aguas navegables” hasta niveles tan ridículos que pueden regular cualquier tipo de actividad para proteger lodazales, pozas de pradera, charcas artificiales y piscinas.

Tal ambigüedad en la definición ha llevado a múltiples y notorios ejemplos de cómo, en nombre de la protección de la limpieza del agua, la extralimitación reguladora bloquea actividades que no son perjudiciales. En el caso de Virginia, parece que la EPA se quedó sin cosas que regular en nombre de la protección del agua y decidió regular el agua misma.

Virginia tuvo el coraje y los medios financieros y políticos para hacer frente a la EPA. Pero ese no es siempre el caso cuando la EPA llama a la puerta de pequeños negocios y ciudadanos.

Es el momento de que el Congreso recupere la autoridad legislativa cedida a la EPA y de que reforme la CWA para proteger de forma efectiva la limpieza de las aguas. Tiene que empezar por definir con claridad y de modo exacto qué aguas está tratando de proteger la Ley de Aguas Limpias, exigir coherencia reguladora y requerir a la EPA que se comunique de manera clara con los propietarios de tierras vía comunicados legalmente vinculantes. La Ley de Aguas Limpias (y toda regulación medioambiental) debería ser una herramienta para conservar el principio fundamental de la libertad, no un medio mediante el cual usurparlo.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

 

Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Congreso, Energía y Medio Ambiente, Gobierno de Estados Unidos, Opinión, Pensamiento Político