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El año 2011 señala el 400º aniversario de la publicación de la Biblia versión Rey Jaime. Leland Ryken, un académico de literatura cristiana y los puritanos, lo describe como uno de los hechos culturales más importantes en la historia del mundo de habla inglesa.
En su nuevo libro “El legado de la Biblia del Rey Jaime” (The Legacy of the King James Bible), Ryken registra su vasta influencia en nuestro lenguaje, educación, religión y cultura.
La Biblia versión Rey Jaime ha sido “el mayor vehículo de alfabetización del mundo de habla inglesa”, según un testimonio. El estadista Daniel Webster dio el crédito de su famosa oratoria al moldeado de esta Biblia: “Si hay algo recomendable en mi estilo o pensamientos, se debe el crédito a mis queridos padres por imbuir en mi mente el temprano amor por las Escrituras”.
Durante casi cuatrocientos años, la Biblia del Rey Jaime dio a Inglaterra y América lo que Ryken llama, citando a un sociólogo, “la mitología de una cultura”: “el marco general de creencias, valores, símbolos expresivos y motivos artísticos en términos de los cuales los individuos definen su mundo, expresan sus sentimientos y formulan sus juicios”.
Ese marco no es ya omnipresente en América, mucho menos Inglaterra. En vez de eso, las últimas décadas se han destacado por los desafíos a la libertad religiosa en ambas naciones, esfuerzos que torticeramente rehacen el papel de la religión en la esfera pública y un pluralismo en alza que hace más difícil alcanzar el consenso moral en política pública.
Pero en América está emergiendo un aun más serio desafío contra la libertad religiosa, según el investigador visitante de Heritage Thomas Messner. Como escribe Messner en su reciente trabajo “De las guerras culturales a las guerras de conciencia: amenazas emergentes para la conciencia” (From Culture Wars to Conscience Wars: Emerging Threats to Conscience):
Hoy, los problemas de libertad religiosa son más complicados que la mera libertad de la interferencia gubernamental en el culto o la enseñanza religiosas. En muchos casos esto ocurre porque, a la vez que en nuestra sociedad aumenta la pluralidad en cuestiones de moralidad fundamental, el gobierno continúa entrometiéndose más que nunca en las esferas pública y privada de la vida social. Otro factor es el creciente número de incidentes en que ciudadanos particulares y la sociedad en su conjunto muestran intolerancia y hostilidad hacia los puntos de vista ortodoxos en religión y moral.
Un ejemplo es el desafío a los derechos de conciencia de los proveedores de atención médica. David Addington, vicepresidente de Heritage para Política Doméstica y Económica, describe un caso así en un trabajo que pregunta “¿Por qué el gobierno de Illinois se opone a la libertad religiosa de los farmacéuticos?” Durante seis años, los burócratas de Illinois han intentando forzar a dos farmacéuticos a dispensar, en contra de sus convicciones religiosas, pastillas del “Plan B” o “de la mañana después”, o a cerrar sus negocios.
En 2005, el entonces gobernador Rod Blagojevich, amenazante, decía: “Si una farmacia quiere estar en el negocio de la dispensación de contraceptivos, tiene que cumplimentar las recetas sin hacer juicios morales”. A principios de este mes, sin embargo, el Séptimo Tribunal de Distrito de Illinois se pronunció a favor de los farmacéuticos, vindicando (por ahora) su libertad religiosa.
A pesar de la victoria, los conflictos continúan.
“Lamentablemente, hay muchos en América que expresan desprecio y desdén hacia aquellos que llevan su fe a lo que hacen en política”, escriben los académicos de Heritage Ryan Messmore y Tom Messner.
Esto es muy patente en el debate sobre la definición del matrimonio. Muchos individuos e iglesias se han enfrentado al rechazo por defender la institución del matrimonio con fundamentos morales o religiosos, como registra el trabajo de Messner sobre la iniciativa popular sobre el matrimonio en California, “El precio de la Proposición 8″ (The Price of Prop 8):
Los argumentos a favor del matrimonio de igual sexo, aunque a menudo adornados con términos como tolerancia e inclusión, se basan fundamentalmente en la idea de que preservar el matrimonio como uniones de marido y mujer es una forma de intolerancia, prejuicio irracional e incluso odio… Un número creciente de individuos e instituciones, incluyendo cargos públicos y organismos gubernamentales, han hecho suya esta ideología, que la creencia en el matrimonio como una relación entre un hombre y una mujer probablemente llegará a ser vista como una forma inaceptable de discriminación que debería ser expurgada de la vida pública mediante presiones de tipo legal, cultural y económico.
Los choques como estos pueden ser “signos de los tiempos” (por citar una frase hecha de la Biblia del Rey Jaime) en una sociedad crecientemente plural. Pero en contra del conocimiento secularista establecido, la tolerancia y el respeto no se alcanzarán confinando la religión a los muros de los templos. Al contrario, nuestra vida cívica sería bien servida una vez más trayendo la herencia religiosa, y específicamente cristiana, a la república americana.
“En el centro de la verdad cristiana está un hombre en una cruz, muriendo por sus enemigos, rezando por su perdón. Cualquiera que piense en las implicaciones de esto será llevado al amar y respetar incluso sus oponentes”, según escribe Tim Keller, pastor de Redeemer Presbyterian Church en Manhattan.
El Viernes Santo señala el evento que, usando las palabras de Keller, “mejor cumple la aspiración de una cultura pluralista de paz y respeto entre gentes de diversa fe”.
Las implicaciones culturales de un reino que no es de este mundo comprensiblemente preocupan a los tiranos. Por eso los estados totalitarios del siglo XX no podían soportar la presencia de la Iglesia y por eso el auge del cristianismo en China pone nerviosos a sus líderes comunistas.
Pero en América, una tierra de gente que anhela y todavía aprende a respirar libre, el evangelio cristiano que se conmemora en la semana que culmina en la Pascua debería ser siempre una buena nueva.
En el espíritu de la libertad religiosa que disfrutamos en América, nosotros, los miembros de la Fundación Heritage, queremos hacer partícipes a todos de nuestros deseos de una Feliz Pascua y una Feliz Pascua Judía.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org










