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  • La gente de Carolina del Sur tiene Derecho al Trabajo

     

     

    Esta semana, todos están pendientes de Carolina del Sur, ya que el Estado del Palmito, conocido así en referencia al árbol oficial del estado, vota el sábado en las próximas primarias presidenciales del Partido Republicano. El empleo y la economía están siendo, justamente, debatidos en todo el espectro político.

    No es la primera vez en el pasado año que Carolina del Sur ha sido el centro de atención por el empleo en un país que lucha por ponerse de nuevo en pie. El pasado año, la administración Obama se metió con la Boeing cuando esta compañía, con sede en Seattle, intentó construir una nueva fábrica en Charleston, Carolina del Sur, para fabricar el avión 787 Dreamliner. Y con ello hace su entrada la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB), que presenta una queja formal contra Boeing alegando que la compañía decidió construir la planta en Carolina del Sur como represalia por las huelgas de sus instalaciones en el estado de Washington.

    En el centro de este asunto estaba el hecho de que Carolina del Sur es uno de los 22 estados con Derecho al Trabajo – en otras palabras, que los trabajadores en esos estados tienen la libertad de decidir si se sindicalizan o no. Las leyes del Derecho al Trabajo impiden a las empresas que despidan a los trabajadores por no pagar las cuotas sindicales, protegiendo el derecho al trabajo de los empleados al margen de su apoyo o no a los sindicatos. En el caso de Boeing, la administración Obama —por medio de la NLRB— intentó impedir a la compañía que tomase decisiones fundamentales sobre dónde hacer sus negocios, todo por querer abrir una planta en un estado de Derecho al Trabajo. (Al final, la NLRB retiró la demanda después de que negociadores sindicales llegasen a un acuerdo que beneficiaba a sus miembros en el estado con sindicalización).

    Los grandes sindicatos, por supuesto, se horrorizan ante las leyes de Derecho al Trabajo porque amenazan el férreo control de los sindicatos sobre los empleados — junto con las cuotas que son obligados a pagar y el resultante poder de compra político que amasan los sindicatos. (Según algunas estimaciones, los sindicatos gastaron unos $400 millones en las pasadas elecciones presidenciales.) Sin embargo, las leyes de Derecho al Trabajo tienen efectos positivos para los estados que las adoptan — resumiéndolo, atraen unos muy necesitados empleos e inversión. James Sherk, analista sénior de Economía Laboral en la Fundación Heritage, explica:

     

    Las empresas quieren saber que, si tratan bien a sus empleados, los sindicatos las dejarán en paz. Las leyes de Derecho al Trabajo hacen eso más factible — y las empresas están al tanto. Hay estudios que muestran que las leyes de Derecho al Trabajo son un factor principal en las decisiones de localización de los negocios. No fue por accidente que Boeing construyó su nueva línea de ensamblaje del 787 en Carolina del Sur, con tales leyes. Ni fue una coincidencia que la mayoría de las nuevas fábricas de autos se han construido en estados de Derecho al Trabajo. Más inversión significa más empleos.

    Piense en dos condados con frontera estatal común, uno en un estado con leyes de Derecho al Trabajo y otro sin ellas. Estos condados tienen similares condiciones económicas, demografía similar y climas similares. Pero el condado en el estado de Derecho al Trabajo tiene en promedio un tercio más de trabajos manufactureros. Las leyes de Derecho al Trabajo alientan la inversión y la creación de empleo.

     

    No es sorprendente, pues, que otros estados intenten seguir los pasos de Carolina del Sur. El parlamento de Indiana está debatiendo si hacer de su estado uno con Derecho al Trabajo y los legisladores de Maine y Míchigan han presentado proyectos de ley de Derecho al Trabajo. Sin duda ven el beneficio de hacer a sus estados más competitivos y de liberar a los empleados de tomar decisiones sobre si apoyar o no a los sindicatos.

    Pero ese movimiento ataca directamente la agenda de la administración en apoyo de los grandes sindicatos. Anteriormente en este mes, el presidente ignoró flagrantemente la Constitución haciendo tres nombramientos para la NLRB — una acción que Edwin Meese III y Todd Gaziano, de Heritage ambos, describieron como un “tiránico abuso de poder”. Sherk explica que los sindicatos están intentando que la NLRB impulse su número de miembros en medio de un apoyo general en descenso — sólo uno de cada 10 trabajadores no sindicalizados desean unirse a un sindicato.

    Dada el decreciente poder de los sindicatos —y del capital político que se les adeuda—, no es sorprendente que la NLRB atacase a Carolina del Sur por sus leyes de Derecho al Trabajo o que el presidente burlase la ley para hacer nombramientos prosindicales. En vez de promocionar el crecimiento del empleo, la izquierda está promocionando a sus aliados políticos.

    Mientras tanto, los trabajadores americanos desempleados están sufriendo las consecuencias de una clase dirigente que está poniendo los intereses especiales de los sindicatos por delante de aquellos de los trabajadores.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

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