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  • La Guía de Heritage sobre el Colegio Electoral

    Hoy se vota en Estados Unidos.

    Ciertamente, todo esto debería terminar pronto, aunque tendremos que esperar un poco al escrutinio del Colegio Electoral.

    He aquí como funciona: Cada estado tiene un número de votos electorales igual a su número de representantes más dos senadores. California tiene el número más alto, 55. Alaska, Delaware, Montana, Dakota del Norte, Vermont y Wyoming son los que menos tienen, tres cada uno de ellos. Según la XXIII Enmienda, el Distrito de Columbia tiene el mismo número que los estados menos poblados, es decir, tres.

    El candidato que vence en el voto popular de un estado recibe todos los votos electorales de ese estado (excepto en Maine y Nebraska, donde los electores son concedidos por el distrito electoral). El primer candidato que acumule una mayoría de votos electorales (270 de 538) se convertirá en presidente.

    El Congreso Electoral garantiza que el presidente es elegido por una mayoría constitucional. Los candidatos estarán “moderados por la necesidad de acomodar una variedad de intereses y puntos de vista”, como expone Charles Kesler. Los candidatos que se centran en exceso en un puñado de estados, regiones o áreas metropolitanas no tendrán éxito en el Colegio Electoral.

    Con el Colegio Electoral no existen “estados seguros” permanentes. Algunos estados “simplemente ya tienen opinión formada basándose en años de decisiones previas a cada elección”, explica Tara Ross. Aunque cuando un estado deja de estar satisfecho, o se convierte en un estado seguro para el partido político opuesto o se convierte en un estado bisagra.

    Hasta la fecha, el presidente Obama y el exgobernador Romney han visitado los mismos 26 estados. La lista incluye estados “morados” como Pensilvania, Ohio, Florida y Virginia. Pero también incluye estados firmemente azules (California y Nueva York) y otros profundamente rojos (Carolina del Sur y Texas). Al fin y al cabo, es en esos estados donde está el dinero.

    El Colegio Electoral magnifica el margen de victoria, dándole de este modo un impulso al nuevo presidente.

    Por ejemplo, en 1960, John F. Kennedy obtuvo sólo el 49.7% del voto popular, comparado con el 49.5% de Nixon. Sin embargo, Kennedy obtuvo el 56% del voto electoral, comparado con el 41% de Nixon.

    En algo más de 200 años, sólo tres presidentes vencieron en el Colegio Electoral pero perdieron en voto popular; Rutherford B. Hayes (1876), Benjamin Harrison (1888) y George W. Bush (2000).

    Cuando esto sucede, hay quien quiere cambiar el Colegio Electoral por una elección popular nacional. Aunque como argumenta Kesler, la opción no está entre un proceso democrático y uno no democrático:

    La cuestión es democracia con federalismo (el Colegio Electoral) frente a democracia sin federalismo (un voto popular nacional). Cualquiera de ellos es democrático. Pero sólo el Colegio Electoral conserva el federalismo, modera las diferencias ideológicas y fomenta el consenso nacional en nuestra elección de un jefe ejecutivo.

    ¿Y qué sucede si hay un empate? Si ningún candidato obtiene la mayoría en el Colegio Electoral, entonces y según la XII Enmienda, la Cámara de Representantes elige al presidente y el Senado escoge al vicepresidente. En la Cámara, cada estado tiene un voto y el candidato que consigue la mayoría (26 votos) vence. En el Senado, vota cada senador y se requieren 51 votos. La posibilidad de este tipo de elecciones es escasa. La Cámara ha elegido al presidente en dos ocasiones (1800 y 1824) y el Senado eligió al vicepresidente una vez en 1836.

    Hoy, los votantes de 50 estados y del Distrito de Columbia se dirigirán a las urnas para elegir a nuestro próximo presidente. El sistema del Colegio Electoral no es perfecto, pero sigue siendo el mejor sistema para nuestra república federal.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Análisis, Constitucionalismo, Destacables, Elecciones EE.UU. 2012, Estado de Derecho, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Opinión, Principios Fundacionales, Sociedad civil, Temas legales