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  • La hora de cortar el gasto es ahora

    Queridos compañeros conservadores:

    El pasado noviembre, los ciudadanos enviaron una clara señal al Congreso —cortar el gasto y poner nuestro gobierno en orden. Al contemplar el debate actual sobre cómo financiar el gobierno por el resto del año 2011, queda claro que algunos han escuchado el mensaje de los votantes y otros hacer caso omiso del mismo. La Cámara de Representantes ha tomado acciones decisivas y ha aprobado un proyecto que recorta $61,000 millones del statu quo. El presidente Obama y sus aliados del Senado insisten irresponsablemente en no hacer prácticamente nada.

    De hecho, para forzar a los americanos a aceptar los hábitos de dispendio que han llevado a la crisis que encaramos, los progres y sus grupos de presión intentan asustarnos con imágenes de un “cierre del gobierno” que nos privará de servicios públicos.

    No se crean nada de eso. Lo que buscan está claro — minar la voluntad de aquellos en el Congreso que quieren cumplir con el mandato recibido en las urnas: recortar el gasto y mantener fuerte a América.

    Los progres tienen una visión muy diferente de Estados Unidos que la de los conservadores. Si los progresistas pueden ganar esta primera batalla de la mentalidad de prestar y gastar que hay en Washington, creen que pueden seguir despilfarrando a niveles temerarios y forzar unos aumentos de impuestos que fundamentalmente transformen a América. Si ganan, no habrá forma de que nuestros hijos y nietos hereden el país que nuestros antecesores nos dejaron.

    Analicemos lo que está en juego. Primero, el enfrentamiento sobre los presupuestos que se nos viene encima tiene su raíz en la negativa de los progres a recortar un mero 1.6% de los $3,800 millones de gasto federal de este año; segundo, un “cierre del gobierno” no significa lo que Ud. está oyendo; y tercero, aquellos que aconsejan llegar a un “acuerdo”, quieren continuar por el rumbo actual y revertir los resultados de las elecciones.

    El miércoles, el Senado votó en contra de la propuesta aprobada en la Cámara de Representantes que contaba con el respaldo de miembros de ambos partidos y que recortaría $61,000 millones de gasto gubernamental este año. Incluso con este recorte, el gasto continuará creciendo debido a los aumentos de los programas de derecho a beneficios.

    El debate se reduce pues a esto: los republicanos de la Cámara han aprobado un proyecto que recorta el gasto deficitario en unos seis días; los demócratas del Senado han ofrecido el equivalente a recortar medio día del déficit. Que el presidente y los progres del Senado amenacen con la paralización del gobierno por un primer paso tan pequeño en el camino a la cordura fiscal es simplemente desconcertante.

    No es de extrañar que el senador Joe Manchin, un demócrata de Virginia Occidental, haya dicho que el presidente Obama “ha fracasado a la hora de liderar este debate sobre gasto y recortes”. No hay ninguna duda de que si la prórroga de los presupuestos expira y el Congreso y el presidente no pueden ponerse de acuerdo sobre el nivel de gastos del día a día, llegaríamos a un punto muerto. Pero el resultado final sería muy diferente de lo que los alarmistas llaman un cierre del gobierno.

    ¿Qué cesaría de funcionar? Pues, no las funciones que la mayor parte de la gente considera esenciales y que continuarían como en pasados cierres del gobierno. Los cheques del Seguro Social seguirían enviándose; los médicos y hospitales seguirían dando atención médica a mayores, veteranos y pobres; se seguiría entregando el correo; nuestras tropas y defensas nacionales continuarían protegiéndonos; las fuerzas de la ley continuarían su labor en las fronteras; la protección de la vida y la propiedad continuarían como antes.

    El gobierno funcionaría más lentamente, no se paralizaría.

    Esta ralentización de la actividad del gobierno es simplemente uno más de los pesos y contrapesos imbuidos en nuestro sistema. Esta pausa mantiene los servicios vitales del gobierno en funcionamiento mientras los legisladores priorizan lo que se puede o no se puede gastar.

    Sí, es cierto, si el presidente y el Senado no actúan, algunos se verían afectados. El líder de la mayoría del Senado, Harry Reid (D-NV), por ejemplo, se lamenta de la posible pérdida de fondos federales para el Concurso de Poesía Vaquera en el norte de Nevada. El presidente Obama parece decidido a botar más dinero del contribuyente en la Radio Pública (NPR), incluso cuando uno de sus ejecutivos admite que no necesitan esas dádivas federales.

    Este nivel de pensamiento débil y frívolo me lleva a mi último punto: los que constantemente aconsejan “compromiso” en realidad buscar ignorar el mensaje de los electores de las últimas elecciones. En esta coalición del “sigamos como siempre” se encontrará con los sindicatos del sector público y los grupos de presión progres al completo los cuales se benefician del escandaloso crecimiento sin fin del gobierno.

    Aquellos que estuvieron en el lado ganador en las elecciones del 2 de noviembre no se deberían hacer ilusiones sobre lo que está en juego, lo que espera el pueblo americano de ellos y las consecuencias de eludir su responsabilidad. Esta es sólo la primera refriega en la épica batalla para poner a la nación en el camino de la solvencia y la responsabilidad federal. Si no podemos recortar un escaso dos por ciento del presupuesto de este año, ¿qué señal transmitimos a los mercados de crédito? ¿Qué les dice a las futuras generaciones que pagarán por la falta de valor de Washington?

    Esto es mucho más que recortar $61,000 millones; es la primera salva que da inicio a la batalla para cambiar la mentalidad de Washington. Los progresistas saben que si los americanos ven que Washington actúa responsable y valerosamente en este momento, esperarán responsabilidad y coraje como norma.

    Los conservadores no deben dejarse atemorizar y creer que debemos aceptar el actual estado de cosas para salvarnos de la ralentización que tenemos en frente.

    Es hora de que nuestros líderes lideren. Los miembros de la Cámara de Representantes han dejado claro que están preparados para aceptar el desafío. Ayúdennos en nuestra misión educativa; únanse a nuestra lucha; el presidente Obama y el líder del Senado, Reid, deberán seguir el ejemplo de la Cámara y cortar el gasto sin comprometer la seguridad nacional. De otra forma, sólo conseguiremos aplazamientos constantes y prórrogas presupuestarias inadecuadas.

    Atentamente,

    Dr. Edwin J. Feulner

    Presidente de la Fundación Heritage

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org
    Posted in Análisis, Liderazgo para América, Opinión, Pensamiento Político, Soluciones para América