El control de la Cámara Baja ha cambiado de manos demócratas a manos republicanas el miércoles al mediodía y, como cuentan varios informes, una de las primeras hazañas de esta nueva perfilada Cámara de Representantes será revocar la ley contra la salud que tanto daño está haciendo a la economía.
Para algunos, incluyendo para muchos en los medios de comunicación, revocar esta ley firmada el año pasado por el presidente Obama, es algo equivocado. Para aquellos que piensan que el gobierno es la entidad mejor capacitada para tomar las decisiones más importantes sobre la salud de los ciudadanos, la ley Obamacare no debería modificarse.
Pero hay varios problemas. Primero, las encuestas demuestran que esta ley no es respaldada por la mayoría de la población. Aun más impresionante es el número de estadounidenses que apoyan la idea de revocarla. Otro problema es que estos críticos piensan—acertadamente—que los individuos sí son capaces de tomar estas decisiones por sí mismos.
¿Y qué decir de la comunidad hispana?
No cabe ninguna duda de que muchos hispanos en este país siguen apoyando al presidente y su ley de atención médica porque piensan que es la única opción – o la mejor opción. La verdad es que nada podría estar más lejos de la realidad.
En primer lugar, el pasado Congreso que estuvo en manos de la izquierda, descartó toda austeridad fiscal al aprobar esta enorme ley de atención médica que costará casi un millón de millones de dólares en el plazo de diez años. En lugar de buscar formas para recortar el gasto federal, para reducir nuestro terrorífico déficit, ese Congreso se la pasó gastando nuestro dinero sin preocuparse en cómo pagaríamos la fiesta.
Aquí es donde nos deberíamos preguntar: ¿Queremos convertirnos en otra Europa? Europa se esta hundiendo en deuda pública porque no puede pagar los gastos que ocasiona un ineficiente sistema de atención médica y está hipotecando el futuro de generaciones de europeos.
Por si fuera poco, la ley del Presidente y sus aliados en el Congreso contiene varias provisiones perjudiciales para la comunidad hispana como explica la Fundación Heritage en un reciente informe. Según ese análisis, se prevé que los recortes de Obamacare reduzcan drásticamente el número de personas inscritas en Medicare Advantage. Esto es importante porque las personas mayores de bajos ingresos, como también muchos hispanos y afroamericanos, dependen de estos planes privados más que otros beneficiarios y se verán afectados de manera desproporcionada por la falta de opciones.
La verdad es que el pasado Congreso y el Presidente pudieron haber tomado medidas más prácticas y menos caras, por ejemplo, el permitirnos comprar seguro médico en otros estados al igual que hacemos cuando compramos el seguro de nuestro automóvil. O qué tal si en lugar de depender del lugar que nos da el puesto de trabajo para obtener nuestro seguro médico, más bien pudiéramos comprarlo en el sector privado tal y como lo hacemos con cualquier producto.
Este debate sobre la mejor opción de cubrir con un seguro médico a los que carecen del mismo, incluyendo a muchos hispanos, es muy importante y merece nuestra atención. Sobre todo, tenemos que rechazar la premisa de que simple y sencillamente deberíamos confiar ciegamente en el gobierno para tener el mejor seguro medico para nuestras familias.






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