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¿Cuándo es que un día dura tres semanas? Cuando a los demócratas en el Senado se les da por reescribir el reglamento del cuerpo legislativo para así facilitar que el líder de la mayoría pueda dar por concluido el debate y bloquee el proceso de presentar enmiendas.
Este miércoles, el Senado de Estados Unidos se reunirá para empezar el primer “día legislativo” del nuevo Congreso y se espera que un grupo de senadores progresistas introduzca cambios a las reglas del Senado diseñadas para limitar el uso del filibusterismo. Pero la izquierda no se ha decidido aún por un plan único para alterar el reglamento. Para ganar tiempo y lograr meter a las tropas en cintura, se espera que Harry Reid (D-NV), el líder de la mayoría, en lugar de simplemente levantar la sesión hasta el 24 de enero, decida suspender la sesión, lo que técnicamente significa que seguirá siendo el mismo “día legislativo” cuando reanude la sesión el 24 de enero. Quizá si Reid gastara menos tiempo manipulando el reglamento a su favor de forma tan miope y partidista, la minoría no necesitaría recurrir al filibusterismo en primer lugar.
El filibusterismo es indudablemente constitucional. El artículo I, Sección 5 de la Constitución indica claramente: “Cada Cámara adoptará su reglamento”. Y desde la fundación del país, el Senado fue diseñado para ser un cuerpo más deliberativo. En sus Apuntes de los Debates en la Convención Federal de 1787, James Madison escribió: “Para juzgar la forma que hay que darle [al Senado], lo apropiado será ver qué fines servirá. Estos eran primero proteger al pueblo de sus gobernantes: en segundo lugar para proteger al pueblo de impresiones transitorias a las que se le pueda inducir”. Aquí está la razón por la cual todos los 435 miembros de la Cámara de Representantes, pero solo un tercio del Senado, tiene que ir a las urnas cada dos años.
Al contrario de lo que creen los progres, el lento avance de la legislación a través del Senado es un rasgo, no un defecto, del diseño de los Fundadores. En su tratado de 1833 sobre la Constitución, el magistrado de la Corte Suprema Joseph Story explicaba que “era mejor que una buena ley no se aprobara ocasionalmente en lugar de que las malas leyes se multiplicaran con descuidada y dañina frecuencia. Incluso las reformas, para estar sobre seguro, por lo general deben ser lentas”.
La primera tentativa para apresurar el trámite de la legislación en el Senado vino, por supuesto, de la mano del presidente progresista Woodrow Wilson, que presionó a los demócratas del Senado para crear la Regla 22 que permitía al Senado acabar el debate sobre alguna medida si dos tercios de la Cámara estaba de acuerdo. Desde aquel entonces a hoy, esa cifra se ha reducido a 60 votos.
La izquierda y sus aliados en los medios de comunicación adoran lamentarse de que la minoría en el 111º Congreso batió el récord en el uso del filibusterismo. Lo que siempre se les queda en el tintero a los medios de comunicación es que Reid manipuló el reglamento del Senado para romper su propio mini récord. Una táctica comúnmente conocida como “llenar el árbol de las enmiendas” permite que el líder de la mayoría ofrezca una serie de enmiendas sin mayor sustancia para que consuman todo el tiempo asignado para el debate. Esto evita que la minoría pueda ofrecer cualquier enmienda a un anteproyecto de ley. En julio, Reid justificó su uso de esta táctica en la web The Huffington Post: “No se trata de un método nuevo que yo me haya inventado. Siempre en época electoral, no hay líder que sea lo suficientemente tonto como para presentar en la Cámara un anteproyecto de ley que se pueda enmendar”. Entonces, ¿cuántas veces Reid ha utilizado esta táctica arbórea diseñada específicamente para excluir enmiendas importantes que presente la minoría? Según la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (CRS por sus siglas en inglés), Reid empleó este procedimiento 44 veces estableciendo todo un récord – más que los últimos seis líderes de la mayoría combinados. La senadora Olympia Snowe (R-ME) protestó en la Cámara por el uso de la táctica durante el debate acerca de la ley de autorización de Defensa:
Primero que nada, el Senado debe poder discutir más de las tres enmiendas que el líder de la mayoría está permitiendo, especialmente cuando este anteproyecto de ley es la medida de autorización discrecional más grande que toma en consideración el Congreso, que esta ley describe la política y los programas que proporcionan recursos y guía a los casi 2.4 millones de hombres y mujeres del servicio militar – en activo, en la reserva y a los civiles, incluyendo a los valerosos americanos que desempeñan funciones en Irak y Afganistán y dos de las tres enmiendas no tienen relación con lo militar. Por lo tanto, es imperativo que las deliberaciones en el Senado sobre el anteproyecto de ley de Defensa se conduzcan sin limitaciones y de una forma que permita tomar en consideración todas las enmiendas pertinentes que los senadores puedan ofrecer”.
Si el Senado restringe o elimina el filibusterismo, Reid tendrá menos incentivos incluso para permitir el debate y las enmiendas. El Senado dejará de ser un cuerpo deliberativo y el partido de la mayoría tendrá un poder sin límites para aprobar legislación y confirmar candidatos con escaso debate o sin él. Esto no era lo que buscaban los Fundadores.
La lucha por el filibusterismo en el Senado es una lucha de gobierno limitado versus gobierno grande. Si Ud. cree que las ideas se deben discutir de forma abierta y transparente y pasan la prueba de la oposición intelectual antes de que se voten para convertirse en ley y afecten nuestras vidas, entonces Ud. quiere que el filibusterismo se quede entre nosotros. Si Ud. prefiere un gobierno activista, que nadie supervise, que pueda convertir malas ideas en ley de forma más fácil y en un proceso más expeditivo, entonces puede que Ud. vea con buenos ojos la más reciente estratagema de la izquierda.
Hoy, a las 2 pm, el senador Lamar Alexander (R-TN) habló en la Fundación Heritage en defensa del filibusterismo. Entre sus comentarios preparados, Alexander decía: “Los votantes que fueron a las urnas en noviembre se van a sentir bastante decepcionados cuando se enteren que la primera cosa que los demócratas quieren hacer es recortar el derecho a escuchar las voces de sus cargos electos en el Senado de Estados Unidos”.
La versión original de este artículo está en Heritage.org











