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  • La ONU declara el acceso a los anticonceptivos como un “derecho humano”

     

    En el reciente informe del Estado de la Población Mundial elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU), se describe el acceso a los anticonceptivos como un “derecho humano universal”. A pesar de que el informe no tiene validez legal, declara que las barreras culturales y financieras para acceder a anticonceptivos son una infracción de los derechos de las mujeres.

    Aunque el acceso a los anticonceptivos puede que sea una grave inquietud para la acción política de grupos como el FPNU, etiquetarlo como un derecho humano es devaluar los propios principios de esos derechos. Declararlo como tal es degradar la mismísima e importante necesidad de defender los verdaderos derechos humanos: los derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Los principios de los derechos naturales perfilan esas libertades fundamentales que ningún gobierno puede ni crear ni quitar.

    Es más, reivindicar los productos y servicios suministrados por el FPNU como un “derecho” significa que alguien tiene la responsabilidad de proporcionarlos. ¿Y cuánto les costará ese “derecho” a los demás? El Fondo está pidiendo $8,000 millones adicionales por año.

    Irónicamente, el informe del FPNU evita considerar los abusos reales de los derechos humanos en China, incluido los incidentes en los que los responsables de planificación familiar han metido a rastras a mujeres chinas en clínicas y las han obligado a someterse a abortos o esterilizaciones. En realidad, durante muchos años, Estados Unidos prohibió financiar al FPNU mediante la enmienda Kemp-Kasten, que impide la ayuda internacional por parte de Estados Unidos para el respaldo a procedimientos coercitivos de aborto o de esterilización involuntaria, debido a los lazos del FPNU con el sistema chino de planificación familiar. Sin embargo, en 2009, el Congreso eximió a la financiación del FPNU del cumplimiento de las cláusulas de la enmienda Kemp-Kasten y desde entonces ha destinado cada año al FPNU decenas de millones de dólares del contribuyente.

    Reggie Littlejohn, presidenta de Derechos de las Mujeres sin Fronteras, organización que se opone a la política de un solo hijo de China, tilda el título del informe del FPNU, “Por elección, no por casualidad”, de irónico.

    “Qué ocurre con los 600 millones de mujeres chinas que no son capaces de ‘decidir sobre el número y el tiempo entre [sus] embarazos’, no porque carezcan de acceso a los anticonceptivos sino debido a que serán obligadas a abortar si se quedan embarazadas sin un permiso de nacimiento”, se pregunta Littlejohn.

    La irresponsable afirmación del FPNU, acompañada de sus supuestos lazos con el departamento chino de planificación familiar, debería hacer que los responsables políticos reconsiderasen el continuar entregando los dólares del contribuyente de Estados Unidos al FPNU.

    Elevar el acceso a los anticonceptivos al nivel de los derechos humanos no sólo demuestra un criterio equivocado, sino que ignora los verdaderos y graves conflictos que tal ascenso de nivel puede producir con los derechos constitucionales reales. Como han comprobado los americanos con el mandato anticonciencia de Obamacare, la idea de que el acceso a los anticonceptivos debería estar garantizado por el gobierno ha pisoteado la libertad religiosa. El requisito del mandato de que casi todos los empleadores proporcionen y paguen medicamentos abortivos, de anticoncepción y de esterilización (con independencia de sus objeciones religiosas o morales) representa un ataque sin precedentes contra la libertad religiosa.

    Como afirmó Alexander Hamilton: “Los sagrados derechos de la humanidad…están escritos…en todo el volumen de la naturaleza humana, por la mano misma de la Divinidad y nunca podrán ser borrados u oscurecidos por poder moral alguno”. El FPNU no tiene autoridad para devaluar “los derechos humanos” expandiéndolos constantemente y la comunidad internacional haría bien en ignorar las opiniones interesadas de esta organización.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Opinión