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La opción escolar da resultado

07 / 07 / 2011

 


Cuarenta y cinco niños de jardín de infancia se sientan atentos en una fría aula de una escuela pobre a las afueras de Santiago, Chile. Vestidos con uniformes blancos y azules, esperan pacientemente a la siguiente instrucción de su profesor, con algún niño cruzando la pequeña sala ocasionalmente para llevar materiales escolares a su sitio particular.

En un vecindario plagado de drogas y violencia, la escuela privada de bonos escolares es un refugio para los niños de familias de bajos ingresos que allí residen. Para muchos, la vida en sus hogares está plena de negligencia: padres sin trabajo (si hay padres), insalubres condiciones de vida y familiaridad con los sonidos que acompañan a los traficantes de drogas locales, sonidos que deberían ser los de la música del carrito de los helados.

Pero a pesar de los incalculables obstáculos que hay ante ellos, la Escuela San Joaquín les da esperanzas. San Joaquín provee una educación de alta calidad al 100% de la población escolar de bajos ingresos a la que presta servicios. Los profesores tienen vocación, el nivel es riguroso, la estructura es la piedra angular de la rutina de la escuela.

Este colegio de bonos escolares, tiene puntajes de lectura y matemáticas muy por encima del promedio nacional. La escuela gasta solo $150 por niño mensualmente, pero día a día refuerza la simple verdad de que todos los niños pueden aprender y que deben tener la oportunidad de trascender su pobre ambiente.

Es un perturbador estudio de contrastes con muchas escuelas americanas, donde aunque el gasto anual por niño excede los $10,000, los resultados son decepcionantes.

Aunque la Escuela San Joaquín es uno de los colegios de alto rendimiento del país, Chile está trabajando para mejorar los resultados en toda la nación. Como en Estados Unidos, Chile se esfuerza por aumentar los niveles del logro académico para todos los niños a la vez que se reducen las diferencias de rendimiento entre estudiantes de altos y bajos ingresos. En años recientes, Chile ha llegado a ver un aumento de logros en lectura y una ligera reducción de la diferencia del rendimiento entre niños de bajos ingresos y sus iguales más aventajados.

Las iniciativas tomadas para crear mayor transparencia sobre el rendimiento escolar podrían haber contribuido a los recientes aumentos observados. El país emplea ahora un sistema de “semáforos”, clasificando a las escuelas en verde, amarillo o rojo según los resultados de los exámenes de competencia académica. Se atribuye al sistema de semáforos la provisión de más información para los padres sobre dónde inscribir a sus hijos y sirve para poner algo de presión a las escuelas de bajo rendimiento para que mejoren sus resultados.

El sistema educativo chileno está dividido en tres tipos de colegios:

1. Municipales (públicos), que, como en Estados Unidos, proveen educación pública gratuita pagada por el contribuyente a las familias de todo el país.

2. Colegios privados con bono escolar, que son instituciones privadas que reciben un subsidio fijo del gobierno según el número de niños que asisten (y que pierden ingresos si un niño decide trasladarse a otra escuela).

3. Colegios privados, de paga, que no reciben dinero del contribuyente y exigen a los padres que paguen por la educación al igual que la mayoría de escuelas privadas en Estados Unidos.

En Chile, la opción escolar ha jugado parte integral de los intentos del país por mejorar el conjunto del sistema educativo al proporcionar más opciones a las familias y poner presión con la competencia al sistema educativo público para que mejore.

En un artículo de abril de 2011 de la Fundación Libertad y Desarrollo, institución chilena de política pública, se comenta:

Según los datos del [Ministerio de Educación], entre 2000 y 2010 casi 500,000 estudiantes se fueron del [sistema] educativo [público] municipal; 500 escuelas cerraron en ese periodo mientras que se crearon aproximadamente 2,000 escuelas privadas subsidiadas.

Como Estados Unidos, Chile lucha con una burocracia educativa centralizada (con casi toda la autoridad para la toma de decisiones en lo relativo a educación concentrada en las manos del Ministerio de Educación en Santiago, la capital). De modo similar a la carga de papeleo que se le impone a las escuelas locales desde Washington, la creciente burocracia de Santiago sobrecarga las escuelas locales. Por ejemplo, el nuevo “Programa de Apoyo Compartido” duplica el “Programa Preferencial de Subsidio Escolar” que ya tiene el país, parecido a lo que el Título I en América concede a colegios en lugares de bajos ingresos.

El éxito de la Escuela San Joaquín se debe a profesores comprometidos, un director volcado a su tarea y un entorno escolar estructurado que no hay en los hogares de la mayoría de los niños pobres de Santiago. Al igual que los exitosos colegios de bajos ingresos en Estados Unidos, la dedicación de los líderes locales, que tienen un conocimiento minucioso de las necesidades de los niños de su comunidad, marca la diferencia.

Aunque el Ministerio de Educación de Chile tiene por intención ampliar su control sobre las escuelas locales (por ejemplo, cada administración tiene capacidad de retocar el currículum nacional que todas las escuelas deben seguir), hay lecciones en todo esto que se pueden aplicar a la reforma educativa en Estados Unidos: mantener la toma de decisiones educativas a nivel local, aumentar la transparencia de resultados y, sobre todo, empoderar a los padres.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
Publicado en: EducaciónEstudiosLiderazgo para AméricaOpinión