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La paz no se mantiene sola

En su discurso del 31 de agosto anunciando el fin de la “misión de combate” en Iraq, el presidente Obama sostuvo que los esfuerzos militares que la nación ha hecho desde el 11 de septiembre nos han privado “de invertir en nuestro propio pueblo y han contribuido a alcanzar déficits históricos”. Como dice claramente el nuevo libro de Bob Woodward Obama’s Wars (Las guerras de Obama), una mentalidad similar impregnó la estrategia del presidente para Afganistán: Su respuesta ante la necesidad de una presencia militar americana a largo plazo fue: “¡No me voy a gastar un trillón de dólares!”

Es alentador ver la preocupación de Obama por los déficits y la deuda. Pero su preocupación por lo militar, en gran medida, no se justifica. Ni es la verdadera fuente de nuestros problemas fiscales, ni tampoco es el blanco apropiado para hacer indiscriminados recortes radicales de presupuesto en un mundo aún peligroso.

Considere las cantidades reales en dólares. Según las más recientes proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, el presupuesto propuesto por el presidente para 2011 aumenta la deuda en $10 trillones durante la próxima década. Para 2020, el gobierno federal deberá $20 trillones o $170,000 por cada hogar americano.

Ése es el monstruo que debemos parar, pero no es un monstruo que mayormente se haya cebado con gasto del Pentágono. Incluyendo los costes de Iraq y Afganistán, este año el Departamento de Defensa gastará unos $720 mil millones –alrededor del 4.9% de nuestro PIB, considerablemente por debajo del promedio de 6.5% desde la Segunda Guerra Mundial.

El gasto de defensa ha subido a un ritmo mucho más bajo que el gasto doméstico en estos últimos años y no es la causa de los altísimos déficits. Incluso mientras Estados Unidos libraba dos guerras, el presupuesto principal de defensa creció aproximadamente en $220 mil millones desde 2001, alrededor de una décima parte de lo que el gobierno dedica todos los años al gasto “obligatorio”: Seguridad Social, el seguro médico para los mayores de 65 años (Medicare), el seguro médico para personas de bajos recursos (Medicaid), derecho a beneficios menores como estampillas de comida y ayuda en efectivo así como el pago de los intereses de la deuda. Estos gastos continúan automáticamente, año tras año, sin debate alguno en el Congreso.

Debemos estar atentos a cada línea del presupuesto para evitar el despilfarro. Pero cualquiera que busque restaurar nuestra salud fiscal debería fijarse primero en los derechos a beneficios en lugar de buscar recortes generalizados que afectarían a nuestros hombres y mujeres de uniforme. Además, el gasto militar no es un lastre neto para nuestra economía. Es poco realista imaginarse una vuelta a una prosperidad duradera si tenemos que hacerle frente a la inestabilidad en el mundo debido a que tenemos unas fuerzas militares americanas débiles, sin el tamaño y la fuerza para defender los intereses de la nación alrededor del mundo.

La prosperidad global requiere comercio e intercambio comercial y para eso se necesita paz. Pero la paz no se mantiene sola. El Informe Global Trends 2025 (Tendencias Globales 2025), que refleja el consenso de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, prevé la aparición de nuevas potencias – algunas hostiles – y pronostica la necesidad de una continuada presencia militar americana. Mientras tanto haremos frente a muchas amenazas no estatales como el terrorismo y la piratería en rutas marítimas por todo el mundo. La fortaleza, no la debilidad, es la que trae el verdadero dividendo de la paz en una economía global.

Nuestro apoyo no ha sido suficiente para que nuestras tropas preserven la paz y disuadan (y si fuera necesario, derroten) a nuestros enemigos. Los americanos han luchado espléndidamente en Iraq y Afganistán y han evitado que suframos más atentados terroristas de la magnitud del atentado del 11 de septiembre. Pero teniendo que vérnoslas con un Irán nuclear o el Ejército Popular de Liberación chino que puede negar el acceso a naves o aviones de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico, habrá más misiones en el futuro.

Sin embargo, le hacemos frente a esos desafíos con una estimación del  presupuesto de defensa – el gasto de defensa menos el coste de las guerras – que es el 3.6% del PIB, considerablemente menos que el máximo de 6.2% alcanzado en la era Reagan. Nuestras tropas en activo están en dos tercios de lo que eran en los años 80. El número de naves, helicópteros, cazas, bombarderos estratégicos y otros vehículos de combate está disminuyendo. Mucho de lo que queda en servicio tiene ya décadas en su haber y necesita ser renovado.

El reciente informe del Panel Independiente de la Revisión Cuadrienal de Defensa (QDR) – un organismo bipartito presidido por William Perry, Secretario de Defensa en la administración Clinton, y Stephen Hadley, Consejero de Seguridad Nacional de George W. Bush – describía nuestro declive militar como un desastre por suceder. El panel concluía que, como mínimo, era necesario mantener las actuales fuerzas terrestres, acelerar la modernización de la Fuerza Aérea, y, quizá lo más urgente, parar y revertir el proceso de reducción de la Marina. Cumplir estos requisitos “requerirá una importante e inmediata inversión adicional mantenida a largo plazo”.

El Congreso puede marcar la diferencia insistiendo en que la administración Obama respalde presupuestos de defensa responsables en vez de malgastar nuestro dinero en la expansión del derecho a beneficios sociales. Tan importante como eso es que los líderes políticos puedan propugnar la fortaleza militar como parte clave de una estrategia integral de liderazgo americano.

Hay gente que piensa que la era del liderazgo global de Estados Unidos ya terminó y que ese declive es lo que el futuro guarda irremisiblemente para nosotros. Algunos incluso creen que ese declive nos traerá un futuro mejor, a imagen y semejanza de nuestros relativamente pacifistas aliados socialdemócratas.

Pero esto es un error. Unas fuerzas militares más débiles y baratas no resolverán nuestros problemas financieros. Sin embargo, eso hará que el mundo sea un lugar más peligroso y empobrecerá nuestro futuro.

Posted in Análisis, Conflictos Internacionales, Defensa, Proteger a América, Seguridad, Seguridad Internacional, Terrorismo