Cuando uno se enfrenta al asesinato de niños, las únicas reacciones posibles son la indignación, la conmoción y la aflicción. Desde la masacre que tuvo lugar en la Escuela Elemental Sandy Hook de Newtown, Connecticut, Estados Unidos ha estado sufriendo por ello.
Queremos proteger a nuestros compatriotas, a nuestras familias y a nosotros mismos. Queremos comprender las causas de la violencia y afrontar los desafíos antes de que se conviertan en tragedias. Esto es algo en lo que todos podemos estar de acuerdo.
Pero para ser efectivos, la respuesta ante lo sucedido en Newtown no puede ser un apresurado “Hagan algo, lo que sea”. Es por eso por lo que los expertos de la Fundación Heritage se han tomado su tiempo para considerar los complejos problemas que implica esta situación.
En un nuevo informe, el analista titular de asuntos legales John Malcolm y la directora de estudios de política doméstica Jennifer Marshall reconocen que:
La importantísima tarea de hacer más segura y más fuerte a la sociedad después de sucesos como los de la masacre de diciembre de 2012 en Newtown requiere que se tomen en consideración factores constitucionales y culturales complejos y que la normativa se base en un estudio serio de todas las pruebas.
Su informe desarrolla esta afirmación, aportando los principios clave para cada aspecto.
Preocupaciones constitucionales. Malcolm y Marshall comentan: “El derecho constitucional a poseer y portar armas es un derecho individual que es fundamental para una sociedad libre, el cual depende, en última instancia, de la responsabilidad individual”. La Segunda Enmienda es una salvaguardia de la libertad y la seguridad, además de que el derecho de los americanos a poseer y portar armas ha sido ratificado por la Corte Suprema. Por tanto, cualquier normativa deber ser coherente con la Constitución.
Factores culturales complejos. Todas las personas necesitan conocerse y sentir aprecio mediante las relaciones: por parte de una familia, un vecindario, un círculo de amigos, una casa de culto u otro grupo de la comunidad. Esto es esencial para prosperar como ser humano. Especialmente, es la familia la que da forma a la experiencia de una persona de un modo más intenso. Si la seguridad de ese primer entorno se viene abajo, es importante que otros componentes de esos círculos de apoyo pasen a prestar su ayuda. Malcolm y Marshall apuntan a los programas de transformación personal llevados a cabo por líderes comunitarios que están teniendo efecto directamente en la violencia de las bandas, los adolescentes en situación de riesgo y las familias con problemas.
Responder mediante la normativa federal a unos temas personales de tal intensidad sería imprudente. Una prescripción a nivel nacional y de modelo único no es la respuesta adecuada. Desde la seguridad en las escuelas a las enfermedades mentales, estos asuntos se manejan mejor desde un nivel lo más local y personalizado posible.
Una normativa basada en la evidencia. Cualquier respuesta normativa debería estar basada en la investigación de los hechos. Como indican Malcolm y Marshall, las leyes de control de armas no tienen correlación con un descenso de la violencia, así como la posesión de armas no se corresponde con un incremento de la misma. “Si el control de armas fuese la panacea, entonces Washington D.C., Oakland y Chicago, que tienen leyes muy estrictas sobre el control de armas, estarían entre los lugares más seguros para vivir en lugar de entre los más peligrosos”.
También tenemos pruebas de que una enfermedad mental severa y que no recibe tratamiento es con frecuencia una característica común entre los asesinos múltiples, así como que la participación federal en los servicios de atención médica mental no ha funcionado bien. Los autores concluyen: “Dado el pobre historial de seguimiento de los programas de atención mental federales, los estados deberían ejercer una responsabilidad primordial a la hora de decidir los servicios médicos mentales apropiados, lo que conllevará la eliminación de las restricciones impuestas actualmente por el gobierno federal”.
Mientras la Casa Blanca continúa dando a conocer los detalles de su plan, es importante recordar, como exponen Malcolm y Marshall, que “No todos los problemas se pueden solucionar con una medida del gobierno y que, si se requiere una medida del gobierno, cualquier medida federal, incluidas las órdenes ejecutivas, debería ser coherente con nuestro sistema de gobierno federal, respetar la soberanía de los estados y la separación de poderes”.
Los autores también tienen este mensaje para los miembros del Congreso: “El recurso emocional no puede ser la única base para la acción. Los responsables políticos deberían evitar apresurarse a emitir un juicio sobre prescripciones que violen los principios fundamentales, que ignoren el verdadero origen de estos problemas tan complejos o que no tengan en cuenta las minuciosas investigaciones realizadas por la ciencia social”.
No hay una solución sencilla al problema de la violencia. Y tampoco hay un antídoto inmediato para la angustia de quienes perdieron a sus seres queridos en Newtown. Pero sí debemos asegurarnos de que en los días venideros se emita un juicio sereno sobre este asunto.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.





