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  • La retirada de Obama de Afganistán

    Frente a una impopular guerra y una inminente campaña de re-elección, el presidente Barack Obama se dirigió al pueblo americano la pasada noche desde la Sala Este de la Casa Blanca para informarles de sus planes para retirar rápidamente tropas estadounidenses de Afganistán. La decisión del presidente, aunque esperada por lo político, pone en peligro los éxitos logrados en Afganistán en los últimos 10 meses y enviará a aliados y enemigos por igual la señal de que Estados Unidos están más ocupados en sacarse de la lucha que en asegurar que se consigue la estabilidad en la región.

    La decisión del presidente de traer a casa 10,000 soldados para finales de este año y un total de 33,000 para el próximo verano llega a pesar de las peticiones del Pentágono y del general David Petraeus de limitar la retirada a unos 3,000 a 4,000, como informa el Los Angeles Times. Y como escribe esta mañana The Washington Post, la decisión del presidente no está fundamentada en un “convincente razonamiento militar o estratégico”. En vez de eso, está “enfrentado a la estrategia adoptada por la OTAN, que tiene como objetivo pasar la guerra al ejército afgano a finales de 2014”.

    El senador John McCain (R-AZ) también criticó la decisión del presidente de ir a una retirada rápida, comentando que “como nuestros mandos militares han dicho repetidamente, este progreso sigue siendo frágil”.

    Me preocupa que el plan de repliegue que el presidente Obama anunció anoche plantea un riesgo innecesario para los duramente ganados logros que han hecho hasta ahora nuestras tropas en Afganistán y para el progreso decisivo que todavía hay que conseguir. Esta no es la retirada “modesta” que yo y otros esperábamos y defendimos.

    Lisa Curtis, de Heritage, escribe que aparte de denegar a sus mandos militares la flexibilidad para determinar el ritmo y alcance del repliegue, considerando las condiciones sobre el terreno, el presidente “también se arriesga a desperdiciar el logro fundamental de eliminar a Osama bin Laden pasada la frontera con Pakistán”.

    Matar a bin Laden, sin embargo, fue una justificación que el presidente citó como fundamento para sacar las tropas, declarando realmente la victoria antes de que la guerra esté siguiera acabada. Esa acción viene con riesgos significativos. Curties escribe:

    Es muestra de miopía usar la muerte de bin Laden como justificación para la retirada de tropas de Estados Unidos en Afganistán. Anunciando la rápida retirada de fuerzas americanas subirá probablemente la moral de los talibán y les alentará a seguir en la lucha. Dado que al-Qaeda no se ha disuelto todavía como organización y su relación con los talibán sigue siendo fuerte, reducir la presión militar sobre los talibán en Afganistán podría beneficiar a al-Qaeda y proporcionarle un balón de oxígeno en un momento crucial en la lucha contra el terrorismo.

    El plan de retirada enviará tanto a nuestros aliados afganos como a las fuerzas enemigas la señal de que Estados Unidos está más interesada en retirar sus fuerzas que en objetivo de largo plazo de estabilizar el país. Estados Unidos cometió un grave error al dar la espalda a Afganistán tras la partida de los soviéticos en 1989. El discurso del presidente Obama alimentará los temores de que Estados Unidos está preparado para repetir el mismo error.

    En cambio, en vez de eso, el presidente se felicita a sí mismo por el buen trabajo hecho, incluso aunque ese trabajo no esté acabado. Pero en vez de garantizar que América termina el trabajo que empezó en Afganistán —una misión que se quería protegiera al pueblo americano de la amenaza de los terroristas de al-Qaeda, volcados en despedazar los fundamentos de este país—, el presidente Obama ha enunciado lo que él ve como el propósito básico del gobierno de Estados Unidos: no asegurar la nación sino crear programas respaldados por el gobierno para impulsar la economía y financiar la investigación de energías verdes:

    En la ultima década, hemos gastado un billón de dólares en guerra en un tiempo de deuda en aumento y difíciles momentos económicos. Ahora, debemos invertir en el mayor recurso de América –- nuestra gente. Debemos quitar las cadenas a la innovación que crea empleos e industrias mientras vivimos con nuestros medios. Debemos reconstruir nuestra infraestructura y encontrar nuevas y más limpias fuentes de energía.

    La construcción de un país, aquí en casa, debe de ser el trabajo ideal del presidente, pero él tiene una responsabilidad en el exterior. Como dice Curtis, la decisión del presidente de retirarse rápidamente de Afganistán “desanimará aun más a Pakistán de reprimir al liderazgo talibán que tiene santuario en su suelo” y “reforzará el cálculo estratégico de Islamabad de que Estados Unidos está perdiendo el nervio para luchar en Afganistán y por tanto alentará a los líderes militares paquistaníes para que continúen apostando por el apoyo a los talibán para proteger sus propios intereses de seguridad nacional”.

    Estados Unidos combate el terrorismo en Afganistán para impedirle volver a ser un refugio de los terroristas como aquellos que golpearon el 11 de septiembre de 2001. Aunque las tropas de Estados Unidos consiguieron éxitos en la región, sus sacrificios serán dilapidados bajo una precipitada retirada que está calculada para la mera ganancia política, no la victoria en el campo de batalle. El presidente debería actuar a partir de las condiciones sobre el terreno y con el consejo de sus mandos militares — no sobre un calendario electoral.

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Defensa, Política Exterior, Seguridad Nacional, Terrorismo