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  • La verdad sobre los recortes de impuestos

    Probablemente todo lo que oiga de los progres y su caja de resonancia en los medios de comunicación acerca de impuestos bajos es que no funcionan — que son un fracaso a la hora de propiciar el crecimiento económico o del empleo. La prueba A de esta disparatada proposición son los recortes de impuestos de Bush. La izquierda quiere que Ud. acepte como ortodoxia que esa política fue un fracaso.

    No les crea. Las rebajas fiscales promulgadas por el Congreso de Estados Unidos en 2003 fueron una importante causa de la tremenda expansión económica que duró unos 50 meses y creó 8.1 millones de empleos. La filosofía opuesta — un estímulo que ha desplazado la inversión privada, más una enorme ley de salud y un paquete regulador financiero de pesadilla que está matando la creación de empleo— solo ha retrasado la recuperación y nos ha dejado con un desempleo del 9.1%.

    Ud. no oirá esto de los progresistas. Lo que oirá en cambio es el argumento usando la falacia del espantapájaros de que los recortes de impuestos ni siquiera se pudieron autofinanciar. La administración Bush y los líderes del Congreso en aquel momento se esforzaron por dejar clarísimo que no se esperaba que las rebajas fiscales cubrieran su propia financiación.

    Carentes de cualquier otro posible principio, el canon progre incluye ahora una y solo una idea troncal: no se puede recortar el gobierno; solo puede crecer o quedarse en su actual gigantesco tamaño. Para que eso suceda, los progresistas deben usar la inquietud que despiertan los masivos déficits disparados gracias a un inmenso aumento de gasto, cortesía de la administración Obama, para así arrinconar a la nación y forzarla a aceptar grandes subidas de impuestos y un gobierno más grande. Desafortunadamente, incluso algunos incondicionales del conservadurismo están aceptando tales premisas.

    Pero en vez de decir explícitamente “aumentar los impuestos”, los progres hablan de “mejoras en la recaudación” (parece que los progres piensan que así el pueblo americano no lo va a entender), “justicia” y “sacrificio compartido”.

    Pero para que funcione ese truco, se debe hacer que el pueblo americano acepte que los impuestos más bajos son un fracaso porque no estimulan nada y que, por ende, entonces los impuestos más altos no perjudicarán a la economía. Es por esto por lo que los progresistas se esmeran tanto para sesgar lo que pasó en los años de Bush. Pero esto es lo que realmente ocurrió:

    El presidente Bush firmó la primera ola de rebajas fiscales en 2001, recortando los tipos y añadiendo deducciones para familias como, por ejemplo, al doblar el crédito fiscal por hijos hasta $1,000.

    Por insistencia del Congreso, las deducciones fiscales se introdujeron gradualmente en un espacio de muchos años, de manera que la economía continuó perdiendo empleos. En 2003, dándose cuenta del error, el Congreso hizo efectivas inmediatamente las anteriores deducciones fiscales. El Congreso también bajó los impuestos sobre las ganancias de capital y dividendos para promover la flaqueante inversión empresarial.

    Y fue entonces cuando la economía despegó. Meses después de su aprobación, el crecimiento del empleo se disparó, creando finalmente 8.1 millones de empleos hasta 2007. La recaudación fiscal también se incrementó tras los recortes de Bush debido al crecimiento económico.

    En 2003, redujeron los tipos impositivos de las ganancias de capital. En vez de aumentar el 36% como la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyectó antes de la rebaja fiscal, la recaudación por ganancias de capital se había más que duplicado hasta $103,000 millones.

    La CBO calculó incorrectamente que las rebajas fiscales de después de marzo de 2003 rebajarían los ingresos de 2006 en $75,000 millones. Los ingresos de 2006 llegaron a $47,000 millones por encima de la línea base antes de impuestos.

    He aquí qué más ocurrió después de que los recortes fiscales de 2003 redujeran los gravámenes sobre ingresos, ganancias de capital y dividendos:

    • El PIB creció a una tasa anual de solo 1.7% en los seis trimestres anteriores a los recortes de impuestos. En los seis trimestres siguientes, el crecimiento fue del 4.1%.
    • El Índice S&P 500 bajó un 18% en los seis trimestres anteriores a los recortes de 2003, pero aumentó en un 32% en los siguientes seis trimestres.
    • La economía perdió 267,000 empleos en los seis trimestres anteriores a los recortes de 2003. En los siguientes seis trimestres añadió 307,000 empleos, seguidos de cinco millones de empleos en los siguientes siete trimestres.

    El momento de la reducción de tipos fiscales coincide casi exactamente con la fuerte aceleración de la economía. Esta experiencia tampoco fue algo único. El famoso auge económico de Clinton empezó cuando el Congreso aprobó legislación que redujo el gasto y recortó la tasa fiscal de las ganancias de capital.

    A finales de 2007 la economía empezó a enfriarse. En 2008 entró en recesión. La burbuja inmobiliaria estalló, precipitando una crisis financiera. Pero tras 50 meses de crecimiento ininterrumpido, es absurdo insistir en que las rebajas de impuestos causaron la recesión y mucho menos el hundimiento global financiero. Incluso a pesar de la crisis inducida por Fannie Mae y Freddie Mac, se creó un millón de empleos netos durante los años del presidente Bush.

    El presidente Obama heredó una difícil situación económica pero hizo que fuese menos probable una recuperación sólida ya que se entregó de lleno a la fracasada filosofía económica keynesiana que se fundamenta en el gasto deficitario. La onda de choque que constituyó el paquete de estímulo del gobierno federal para la economía excedió con mucho todo lo previamente contemplado en los libros de texto. Es chocante ver que todavía haya unos cuantos realmente insistiendo en que el estímulo fracasó solo porque era demasiado pequeño y que quieran uno más pero de tamaño doble.

    Dado que los ingresos fiscales suben y bajan con el PIB, la manera que el sentido común aconseja para aumentar los ingresos fiscales es la expansión de la economía. Esto debería empezar con el firme compromiso de no subir los impuestos. Más allá de ese compromiso, las políticas pro-crecimiento tales como las reformas fiscales, neutrales respecto a los ingresos, centradas en la reducción de los tipos impositivos, un gasto federal contenido, mínima regulación y libre comercio recaudarían más dinero de lo que harían los contraproducentes aumentos de impuestos.

    En el plan de la Fundación Heritage, “Para Salvar el Sueño Americano”, publicado el mes pasado, llamamos a la reforma fiscal. Bajamos los tipos impositivos para impulsar el crecimiento económico pero mantenemos los ingresos fiscales al 18.5% del PIB – su nivel histórico. Lo hacemos ampliando la base fiscal mediante la eliminación de deducciones y créditos sin justificación económica; después reaplicamos estos ingresos para mantener los tipos bajos.

    Los progresistas quieren subir sus impuestos porque adoran el gran gobierno. Y a Ud. le dirán que los impuestos más bajos no consiguen nada, pero que el gasto del gobierno sí. No les crea.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Impuestos, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión