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Las inoportunas concesiones de Obama no convencen a Cuba

18 / 01 / 2011

El 14 de enero, la Casa Blanca desveló una política de mayor liberalización respecto a Cuba. Los nuevos cambios alteran las reglas que permiten una mayor flexibilidad para las visitas de ciudadanos americanos a la isla, permiten remesas no familiares (de hasta $500 por trimestre) y amplían el número de aeropuertos en Estados Unidos autorizados a permitir vuelos chárter a Cuba. La Casa Blanca anunció con bombos y platillos que las medidas “aumentarán el contacto personal; servirán de apoyo a la sociedad civil en Cuba; mejorarán el libre flujo de información de, a y entre la gente cubana; y ayudarán a promover su independencia de las autoridades cubanas”.

Los progresistas que proponen una mejora en los contactos con Cuba han aplaudido la medida. Sin embargo, la decisión es inoportuna, se presta a confusión y no ha servido para impresionar al régimen duro de Castro.

Es inoportuna porque llega justo cuando el congreso del Partido Comunista cubano se prepara para ratificar una estrategia económica que lanza a más de un millón de cubanos al “sector privado” mientras que conserva los fundamentos de una economía de comando o planificada. José Azel de la Universidad de Miami apunta que el modelo económico de una Cuba no libre refleja “el deseo de de los militares y del Partido Comunista de controlar cada aspecto de la vida cubana” y un programa económico que es antitético a la libertad individual y el empoderamiento necesarios para producir un renacimiento económico. Las remesas no familiares le servirán al régimen como una pequeña tabla de salvación que respaldará los objetivos del régimen: un sector privado impotente y sin voz como para no agitarle las aguas a la nave comunista.

La decisión se presta a confusión porque socava las recientes tentativas de ejercer presión sobre el régimen cubano para que liberen al ciudadano americano Alan Gross. Hablando el 13 de enero en Santiago de Chile, el secretario de Estado adjunto para el hemisferio occidental, Arturo Valenzuela dijo: “Estados Unidos halla muy difícil poder avanzar en asuntos de interés común” con Cuba mientras el gobierno del presidente Raúl Castro siga reteniendo a Gross, un contratista del gobierno americano. Gross fue arrestado en diciembre de 2009 y ha pasado un año en una prisión cubana sin cargos. La Habana afirma que Gross es un espía pero no ha hecho ningún intento de probar su caso. Antes de que Valenzuela pudiera volver a casa, la Casa Blanca anunciaba que levantaba unilaterlamente ciertas restricciones de viaje, un duro golpe para aquellos que quieren mantener el foco de debate actual en las relaciones cubano-americanas

La congresista Ileana Ros-Lehtinen (R-FL), que preside el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, resumió correctamente los errores de la administración Obama:

Suavizar estas regulaciones no ayudará a mejorar la situación por una Cuba democrática…. Y seguramente no ayudarán al pueblo cubano a liberarse de la despótica tiranía que los oprime… Estos cambios socavan nuestra política exterior y nuestros objetivos de seguridad y solo traerán beneficios económicos al moribundo régimen cubano”.

El régimen de Castro siguió reprochando a la administración Obama esta vez por no suprimir todas las restricciones de viaje y la acusó diciendo que “estas medidas confirman que no hay voluntad para cambiar la política de bloqueo y desestabilización contra Cuba”. El Ministerio de Relaciones Exteriores cubano enloqueció de rabia cuando una delegación visitante de Estados Unidos, presente para las negociaciones de inmigración, se reunió con disidentes cubanos. Acusó a Estados Unidos de que “no hay cambios en la política de subversión e injerencia” y de alentar “la contrarrevolución interna”. ¡Vaya con el clima mejorado de estas relaciones!

Después de dos años, las valientes promesas del candidato Obama con respecto a Cuba y su llamamiento por la libertad y por un “camino hacia la libertad para todos los cubanos” que comienza “con justicia para los presos políticos de Cuba, derecho a la libertad de expresión, a la libertad de prensa y a la libertad de reunión” que lleven a “unas elecciones que sean libres y justas” quedan eclipsadas en gran parte por más concesiones unilaterales al régimen de Castro.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org
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