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Las lecciones de Irene

 

 

Sin duda, el huracán Irene golpeó duramente la costa este de Estados Unidos durante el fin de semana. Al menos 24 personas murieron, cientos de miles siguen sin electricidad en todo el Atlántico central y las estimaciones de los datos directos están en el rango de los miles de millones de dólares. Nuestros pensamientos están con los que han sufrido esta tormenta y quienes están comenzando el proceso de reconstrucción.

Mientras los efectos de la tormenta se van sintiendo, con inundaciones “épicas” en Vermont, comentaristas y políticos por igual van calculando lo que esto significa para la política pública y varios están pidiendo ya mayor financiación para la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), que actualmente está suspendiendo los pagos de algunas de sus iniciativas de recuperación para poder pagar los daños del fin de semana. Hay, sin duda, muchas lecciones que aprender del huracán y sobre cómo los gobiernos —locales, estatales y federal— deberían prepararse y responder ante un desastre así. Sin embargo, el huracán Irene no debe usarse como excusa para ampliar el papel de FEMA en respuesta a los desastres naturales.

Durante los últimos días, gobernadores y alcaldes de Carolina del Norte a Nueva York han hecho su aparición en radio y televisión, comunicándose con sus electores, advirtiéndoles que tomaran precauciones, preparándose para lo peor. Afortunadamente, pese a lo malo que ha sido el huracán Irene, lo peor no sucedió y todo indica que los gobiernos estatales y locales tomaron cuidadosos pasos para asegurar que sus ciudadanos estuvieran preparados.

En total, siete estados declararon el estado de emergencia. En la ciudad de Nueva York, donde el huracán parecía que desataría su mayor furia, el alcalde Michael Bloomberg ordenó la evacuación de más de 370,000 residentes de las áreas más propensas a la inundación. Mientras tanto, el gobernador Andrew Cuomo ordenó que se cerrase el sistema de transporte público de la ciudad. Y en Nueva Jersey, el gobernador Chris Christie también ordenó la evacuación en masa de un millón de personas fuera de las playas y costas del estado. Todos estos líderes actuaron en los mejores intereses de sus ciudadanos e hicieron el trabajo que se supone que hacen los gobiernos locales.

Claro que hay ocasiones en las que el gobierno federal se ofrece a prestar ayuda — como en el caso de desastres importantes que son de tal severidad y magnitud que una respuesta efectiva está más allá de las capacidades del estado y los gobiernos locales afectados. Pero en la historia reciente, Estados Unidos se ha excedido en la federalización de la respuesta a desastres de forma que amenaza la capacidad de resistencia de las comunidades de la nación, según la Fundación Heritage:

En el transcurso de dieciséis años, el promedio anual de declaraciones de FEMA se triplicaron desde 43 con el presidente George H. W. Bush y 89 con el presidente Bill Clinton hasta 130 con el presidente George W. Bush. En sus dos años y medio en el cargo, el presidente Obama ha decretado 360 declaraciones sin que haya ocurrido un huracán o terremoto a gran escala. En los primeros seis meses de 2011, el presidente Obama decretó 144 declaraciones, poniéndolo en 288 declaraciones por año — de lejos, el mayor número en la historia de FEMA. El actual récord en un solo año lo tiene el presidente Clinton y sus 157 declaraciones en 1996.

Heritage afirma que la federalización de desastres menores exige que FEMA se involucre cada dos días y medio en un nuevo desastre en Estados Unidos. Este elevado ritmo operativo está afectando el nivel de preparación general de FEMA porque la mantiene de forma permanente en estado de emergencia, dejando escaso tiempo y recursos para la preparación de catástrofes. De igual modo, los estados han aprendido a suplicar ayuda a Washington cada vez que un desastre natural golpea, con la esperanza de recibir la declaración de FEMA y el dinero que la acompaña. En breve, los estados se están haciendo más dependientes del gobierno federal y FEMA está intentando abarcar más de la cuenta al responder a demasiados incidentes menores, dejándola así menos preparada para encargarse de desastres graves.

En el caso del huracán Irene, el experto de Heritage Matt Mayer escribe que “como el huracán Dean hace un par de años –cuando FEMA se gastó $50 millones en un día nublado en Houston— FEMA probablemente se gastó decenas de millones de dólares preparándose para Irene y otorgará a los estados muchas más declaraciones a causa de Irene”. Y esto deja a Washington con una elección que hacer: continuar dedicando más fondos al papel eternamente en expansión de FEMA o restringir el tamaño de la agencia, reservando los fondos federales para acontecimientos verdaderamente catastróficos y otras prioridades federales.

El pasado fin de semana se le recordó a Estados Unidos que sus gobiernos estatales y locales tienen las capacidades para prepararse y responder a desastres naturales. Aunque FEMA ciertamente tiene un papel que jugar cuando la catástrofe golpea, el gobierno federal no es reemplazo para la respuesta local y la gestión de crisis.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
 
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