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  • Libertad religiosa: La más reciente víctima de Obamacare

     

     

    No hace ni dos años que se promulgó Obamacare y la ley de salud del presidente ya se ha cobrado otra víctima — la libertad religiosa que los americanos estiman tanto, como  la Primera Enmienda refleja.

    La administración Obama recientemente reafirmó una normativa de Obamacare que exige que muchos empleadores religiosos provean cobertura de salud para todos los métodos anticonceptivos y procedimientos de esterilización aprobados por la FDA, y los cursos y actividades formativas relacionados. Sobre la base de que ciertos métodos anticonceptivos aprobados por la FDA pueden a veces “causar la pérdida de embriones tanto antes como después de la implantación uterina”, muchos grupos creen también que la normativa les fuerza a cubrir los abortos.

    La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha calificado el mandato de los anticonceptivos como un ataque “sin precedentes” contra la libertad religiosa. Y en comunicado tras comunicado publicados en una y otra diócesis, muchos obispos han declarado que “no pueden” y “no se acomodarán” a “esta ley injusta”. Como explicó el obispo de Cleveland, Richard Lennon: “A no ser que esta normativa sea derogada, los católicos se verán compelidos o a violar nuestras conciencias o a retirar la cobertura médica de nuestros empleados”.

    No se trata sólo de católicos afectados por la norma, sin embargo. Los líderes de otras fes han expresado su preocupación, y el Fondo Becket para la Libertad Religiosa ha presentado demandas judiciales en nombre de una universidad cristiana multiconfesional que objeta a proveer abortos y formación relacionada como parte de su seguro médico. “El mandato no es acorde con los usos americanos, no tiene precedente y es flagrantemente inconstitucional”, dice un abogado de la universidad.

    Al margen de lo escandaloso que resulta esta iniciativa de la administración Obama, no debería ser caernos como sorpresa. Los expertos de Heritage explicaron hace años que la libertad de conciencia en lo referente a atención médica está fuertemente vinculada a mayor libertad personal sobre las decisiones médicas. El experto en cuidados de salud James Capretta dice que “era inevitable” — ahora “sólo cuestión de tiempo”  que el gobierno decide más todavía y toma las decisiones por el pueblo americano. “Simplemente que los líderes católicos se vean forzados a suplicar a los oficiales federales debería ser suficiente para convencer a la mayoría de los americanos de que dar tanto poder sobre materias tan delicadas al gobierno federal es un error terrible, terrible”, escribe.

    Esta erosión de libertades religiosas básicas a manos de la burocracia de Obamacare es la clase de choque de gobierno versus libertad religiosa que los Fundadores ya previeron cuando, en la Primera Enmienda de la Constitución, establecieron que “El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de dichas actividades”. A pesar de esa prohibición, la administración Obama ha impuesto su voluntad a las mismas instituciones que la Primera Enmienda intenta proteger. Aunque la normativa concede una pequeña excepción a los “centros de culto”, desafortunadamente introduce cargas a sus instituciones afiliadas, escuelas y hospitales — violando por tanto la libertad religiosa. David Addington, vicepresidente de Política Interior y Económica de la Fundación Heritage, explica que la administración Obama debería actuar para dispensar a estas instituciones y preservar su libertad religiosa:

     

    El Departamento de Salud y Servicios Humanos debería dar amplia dispensa a las instituciones religiosas en su normas finales para la implementación del mandato de anticonceptivos de Obamacare, pendiente de la derogación de ese mandato como parte de la derogación de la ley Obamacare. Tal dispensa permitiría a las instituciones religiosas adherirse a los principios de su fe al tiempo que, como están obligadas a hacer, proporcionan planes médicos colectivos para sus empleados. En ausencia de tal dispensa, muchas instituciones religiosas, en cumplimiento de su fe, no tendrán otra opción que dejar de hacer disponibles planes médicos colectivos para sus empleados y se verían obigados a pagar multas por su falta de cumplimiento.

    Sin duda que el presidente Obama no tenía la intención de que lo que él considera el logro estrella de su legislación pisotease la libertad religiosa y resultase en la pérdida de cobertura médica colectiva para los empleados de instituciones religiosas. Este es, después de todo, el hombre que nos dijo en 2006 que “los laicos están equivocados cuando piden a los creyentes que dejen su religión en la puerta antes de entrar al ámbito público”.

     

    El arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, advirtió: “Esta última erosión de nuestra primera libertad debería hacer que todos los americanos reflexionen. Cuando el gobierno interfiere con una libertad tan fundamental para la vida de nuestra nación, uno tiembla al pensar qué viene después”. Estas ominosas palabras de advertencia, tristemente, son muy ciertas. Obamacare se diseñó para poner el poder total en las manos del gobierno federal — en una burocracia no electa pero con el poder de dictar cómo opera una industria que es fundamental para la salud y el bienestar de los americanos. Con esta decisión, la administración Obama ha mostrado cuán lejos puede ir ese poder, qué libertades puede quitar y por qué esta ley debe ser derogada.

     

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.
    Posted in Actualidad, Campana de Heritage, Estudios, Familia y Religión, Gobierno de Estados Unidos, Opinión, Sistema de Salud