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Lincoln: La película y el hombre

Ya se estrenó en Washington DC la película Lincoln, de Steven Spielberg.

Se presenta con un reparto estelar: Tommy Lee Jones, David Strathairn, Sally Field y Daniel Day-Lewis como el 16º presidente de nuestra nación.

Day-Lewis es conocido por ser un actor de método. Pero ¿qué Lincoln retratará? ¿Representará al mito progresista de Lincoln como “el padre del gobierno omnipresente”? ¿Reflejará un estereotipo igualmente pernicioso: un tirano que supuestamente privó a sus simpatizantes sureños de sus derechos civiles? ¿O logrará Hollywood mostrarnos el Lincoln real, un hombre que defendía un gobierno constitucional y limitado?

El guión está basado en el libro de Doris Kearns Goodwin Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln. Pero el guionista Tony Kushner (famoso por Angels in America y Munich) persuadió a Spielberg para que se centrara en la XIII Enmienda. Así que Day-Lewis será el “Gran Emancipador”.

“Siempre he odiado la esclavitud”, comentaba Lincoln repetidamente. “Si la esclavitud no está mal, nada está mal”.

La esclavitud también era contraria al “principio más importante, la tabla de salvación del republicanismo americano”. Lincoln describía la Declaración de Independencia con su típica terminología extravagante. Decía que era una manzana de oro, mientras que

… la Unión y la Constitución son figuras de plata, posteriormente enmarcadas a su alrededor. Las figuras están hechas no para esconder o destruir la manzana, sino para adornarla y conservarla. Las figuras fueron hechas para la manzana, no la manzana para las figuras. Así que actuemos, que ninguna figura ni ninguna manzana, sean jamás empañadas, dañadas o quebradas.

Así es, el corazón de Estados Unidos es el principio de la igualdad humana, articulado en la Declaración de Independencia. La Constitución existe para conservar y facilitar el principio de igualdad, al protegerlo con el Estado de Derecho.

De este modo, Lincoln reconocía que la Constitución establecía un marco de gobierno limitado, que no podía hacer todo lo que deseaba, como abolir la esclavitud. Y muchos se lo recriminaron. Los abolicionistas, observó Lincoln, “parecía que pensaban que desde el momento en el que fuera presidente, tendría el poder de abolir la esclavitud, olvidando que antes de que tuviera algún poder, cualquiera que fuese, tenía que prestar el juramento de defender la Constitución de Estados Unidos y ejecutar las leyes tal cual eran”.

La tarea de Lincoln, cercana a lo imposible, era guiar a la nación a través de una sangrienta guerra civil que erradicaría el mal de la esclavitud y les daría al Norte y al Sur la forma de “una Unión más perfecta”. ¿Debería haber permitido que la Unión se desmoronase y posiblemente condenar al país a una mezquina guerra de confederaciones? ¿Debería Lincoln haber mantenido la Unión pero habiendo rendido la república constitucional?

“Cuando a Lincoln le llegó el momento, como Jefe Ejecutivo, de defender y proteger la Constitución”, explicaba el historiador Herman Belz, “su gran y esencial contribución fue hacer unas distinciones morales y filosóficas en lo concerniente al significado de la libertad, la igualdad y el gobierno republicano que restablecieron la autoridad de los Fundadores”.

He aquí lo que hizo Lincoln: El 1 de enero de 1863, actuando según su autoridad de comandante en jefe, Lincoln hizo pública la Proclamación de la Emancipación, que liberaba a los esclavos de los estados rebeldes. Esta proclamación no abolía la esclavitud en todos los lugares, ni “derogaba las constituciones estatales o las leyes que establecían la esclavitud”. Pero fue un tremendo ejemplo de su arte de gobernar que allanó el camino para la XIII, XIV y XV Enmiendas.

La XIII Enmienda erradicó la perniciosa institución de la esclavitud y reivindicó el principio de igualdad en el corazón mismo de la Declaración. La XIV Enmienda llevó a cabo muchas proezas: afirmar la ciudadanía de los hombres y mujeres recién liberados, garantizarles la protección del Estado de Derecho, aclarar el estatus de los líderes políticos de los estados rebeldes y negar la deuda de guerra de la Confederación. La XV Enmienda aseguró que el derecho a votar no se vería coartado por motivos de raza. Y por su parte, el Congreso recibió el poder de hacer cumplir estas enmiendas (un poder que rehusó ejercitar durante algún tiempo, pero esa es otra historia).

Puede que Day-Lewis reproduzca el andar desgarbado, la estatura amenazante y el ceño fruncido del hombre que sabía que el futuro de la república residía en sus acciones, pero seamos claros: El verdadero legado de Lincoln no es simplemente que acabara con la esclavitud. Es que acabó con la esclavitud a la vez que defendía la Constitución y la Unión. Completó la Fundación al reivindicar la manzana de oro sin destrozar las figuras de plata durante el proceso.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

 

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