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Lo que la izquierda no entiende sobre pobreza y dependencia

Jim DeMint dio comienzo a su primer día como presidente de la Fundación Heritage con una carta celebrando del espíritu americano y lamentando el daño causado a nuestro carácter nacional por el Estado del Bienestar ilimitado promovido por la izquierda: “Las normativas progresistas han destruido familias y comunidades y han creado una enorme dependencia del gobierno. Volver a cohesionar a nuestra sociedad exigirá una ardua labor”.

No supone ninguna sorpresa que el mensaje de DeMint no tuviese eco en el Huffington Post – web de orientación izquierdista. Ryan Grimm publicó un breve artículo en el que critica a DeMint y señala que “la ayuda pública ha llevado a un descenso espectacular de la pobreza desde los días en los que las personas pobres eran abandonadas a su suerte”.

¿Realmente sólo se puede elegir entre la ayuda pública y una despiadada indiferencia ante los apuros de los demás? ¿O hay diferencia entre “ayuda pública” y “dependencia del gobierno”?

Contrariamente a lo que sugiere Grimm, los conservadores no se oponen a ayudar a otras personas. Los conservadores no quieren que ver gente que se hunda en la pobreza. Lo que nos preocupa es ayudar a las personas de manera que llegue un momento en el que ya no necesiten ayuda y  ellos mismos sean capaces de ayudar a otros.

Todos los americanos (conservadores y progresistas por igual) saben que a veces, en los momentos difíciles, la gente tropieza y necesita ayuda para volver a levantarse.  Y todos los americanos (conservadores y progresistas por igual) creen en una firme red de seguridad.

Donde los conservadores diferimos de la izquierda es en nuestra inquietud por todos aquellos que se han visto atrapados en una red de seguridad mal diseñada. Aunque no negamos que muchos se vuelven a poner en pie y salen de la pobreza de una vez por todas, sabemos que otros muchos se quedan atrapados en la pobreza debido a programas públicos que no motivan al trabajo y el matrimonio.

Estamos viendo los devastadores efectos que el indiscriminado enfoque de la izquierda para la ayuda contra la pobreza tiene en la gente a la que supuestamente está ayudando: vidas arruinadas, declive de las instituciones cívicas y debilitamiento de las virtudes que permiten que la gente prospere. Como alguna vez observó Mark Steyn, “el mayor crimen de la asistencia social no es que sea un despilfarro de dinero, sino que es un despilfarro de personas”.

Por ejemplo, esta semana en Heritage comentábamos acerca del creciente número de americanos que está cobrando beneficios por discapacidad y recibiendo cupones para alimentos, así como el devastador precio que muchos beneficiarios y comunidades están pagando por estos programas. Los costos presupuestarios palidecen en comparación con el costo humano que supone atrapar a la gente en la pobreza y la dependencia.

A principios de este año, advertíamos a los responsables políticos a nivel federal y estatal de las trampas de pobreza creadas por los elevados tipos impositivos marginales efectivos que sufren los trabajadores con bajos ingresos. Y en todos los trabajos que elabora la Fundación Heritage, demostramos sin complejos ser defensores de que todos los americanos tengan la oportunidad y la posibilidad de escalar socialmente, incluidos aquellos que tienen mayor necesidad de una ayuda y una salida a su situación.

Deplorar el crecimiento de la dependencia no implica renunciar a nuestra responsabilidad de ayudar a quienes lo necesitan. Más bien se trata de reafirmar que la verdadera ayuda no consiste simplemente en inflar artificialmente los ingresos, sino en establecer un escenario para la autoconfianza y la búsqueda de la felicidad.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

 

Posted in Opinión