• Ampliar:
  • A
  • A
  • A

Lo que Moody’s realmente dijo sobre el límite de la deuda

Todo mundo se enteró de que Moody’s ha amenazado con rebajar nuestra calificación de los bonos del Tesoro a no ser que se aumentara el límite de la deuda. Lo entendemos — la crisis en ciernes, bla, bla, bla…. Pero si se lee el comunicado con detenimiento, hay importantes elementos nuevos que añadir al conjunto.

Primero, Moody’s en realidad no cree que el presidente vaya a permitir a Timothy Geithner suspender los pagos de nuestros bonos del Tesoro — a pesar de todas sus pataletas, de azuzar al cuco y todo su retro drama de alto riesgo al estilo “esto podría hundir mi presidencia”.

Moody’s dice que “hay un pequeño pero creciente riesgo de incumplimiento de corta duración” (énfasis añadido), que “la probabilidad de impago sobre los intereses es baja” y que el principal y el interés “siempre se han pagado puntualmente”, aunque algunos debates anteriores sobre el límite de la deuda han “sido polémicos”.

Esto nos dice que tienen confianza en que al final el gobierno federal no suspenderá los pagos de la deuda, aunque pueda haber algunos momentos de tensión durante las próximas semanas.

Pero es en el segundo asunto donde la cosa se pone interesante. Y a esto deberán prestar atención el presidente de la Cámara John Boehner (R–OH) y el presidente Obama.

Según Moody’s, el futuro real de la calificación crediticia de nuestros bonos depende más de lo sustantivo y menos del momento de una resolución sobre el límite de la deuda — algo que creen inevitable:

El panorama asignado en ese momento a la calificación de los bonos del gobierno sería probablemente cambiado a negativo en la conclusión de la revisión salvo que exista un acuerdo sustancial y creíble sobre el presupuesto, que incluya un reducción del déficit a largo plazo. Para retener un panorama estable, tal acuerdo debería incluir una trayectoria del déficit que lleve a la estabilización y luego al descenso de los ratios de deuda federal relativa al PIB y a los ingresos empezando dentro de los próximos años.

Esto significa que el Congreso y el presidente deben bajar los déficits y la deuda, que para entonces debe empezar a estabilizarse. Y la parte clave es que toda legislación debe empezar dando esos pasos ya mismo.

Así que Boehner y Obama deben hacer cambios importantes, sustantivos, transformativos en el presupuesto, cambios que sean reales — sin trucos, señores — que empiecen a entrar en vigor inmediatamente y que se sostengan y se desarrollen automáticamente a largo plazo — nada de recortes de gasto aplazados hasta el final del periodo considerado que se puedan anular a la primera oportunidad.

Moody’s comenzará su ronda de recalificaciones si la legislación del límite de la deuda no va acompañada de un plan que fundamentalmente dé nueva forma a las finanzas de la nación para poner fin a nuestra fórmula griega de gestión de la deuda.

¿Cuán grandes deben ser los cambios para producir un “descenso de los ratios de deuda federal relativa al PIB y a los ingresos?

Tome en consideración el presupuestos hecho público por Obama (no la propuesta falsa, hecha pública en discursos a su medida), que añadiría $10 billones a la deuda. Cualquier legislación que lleve a un descenso del ratio deuda/PIB tendría que borrar una buena parte del incremento de la deuda.

Una opción que está ganando fuerza rápidamente en el Senado es la estrafalaria propuesta de McConnell, que resultaría en propuestas nebulosas de alrededor de $2.5 billones de recortes que el Congreso puede fácilmente ignorar después de que Obama (no el Congreso) aumente el límite de la deuda. Hmmm, ¿recortes inmediatos? Nada de eso. ¿Recorta los gastos con firmeza? No. ¿Humo, artificios y engaños? Claro que sí. Así que esto no pasa el test de Moody’s. Pero dejemos estos fallos al margen por el momento.

La máxima posible reducción de McConnell resultaría en solo un 25% de reducción del aumento de $10 billones programado por Obama. La deuda todavía crecería en $7.5 billones, un incremento por encima del 50% sobre un plazo de diez años. Y es un gran “si eso sucede” que esos recortes se lleguen a materializar. Así que, difícilmente controlables las cifras, ciertamente no se puede forzar su cumplimiento y es imposible juzgar cómo se tratarán las reducciones pasada esa ventana de diez años porque ¡no hay recortes que contabilizar! ¡Y no hay acuerdo que se pueda hacer cumplir!

Para que $2.5 billones en ahorros puedan laborar contra las recalificaciones a la baja de la ronda de Moody’s, esos ahorros deben ser contabilizables por la Oficina de Presupuesto del Congreso — o se deben promulgar topes de gasto que tengan mecanismos explícitos para hacerlos cumplir y que lleven a ulteriores ahorros presupuestarios según las reformas se consoliden y se solidifiquen. Adiós, truquitos. Si Moody’s hubiese hecho su ronda a la baja durante Obamacare, esas engañosas maniobras presupuestarias habrían hecho caer nuestra calificación crediticia más rápidamente que un pésimo compañero en un concurso de baile.

No, el tipo de cambios necesarios que estabilizarían la deuda se podrían encontrar en “Para Salvar el Sueño Americano – El plan de Heritage para arreglar la deuda, reducir el gasto y restaurar la prosperidad”. Nuestro plan equilibra el presupuesto en una década y lo mantiene balanceado de ahí en adelante — sin subir los impuestos. Para el año 2035, la deuda pública estaría en el 30% del PIB y bajando.

Obama, por otro lado, quiere aumentar los impuestos para resolver todo o parte de la crisis de la deuda. Pero sin cambiar en lo fundamental la trayectoria del gasto (la que él empeoraría voluntariamente), o bien los impuestos subirían constantemente o bien nuestra deuda seguiría acumulándose.

Y para que la deuda se llegue a estabilizar, la economía necesita fuerte crecimiento además de recortes del gasto. Cómo ocurriría justamente eso bajo la solución de Obama del aumento de impuestos —especialmente cuando la economía languidece con un desempleo actual del 9.2%— está por explicar. Es muy difícil ver cómo los incrementos de impuestos cumplirían verdaderamente el test de la recalificación de la deuda.

Así que, en el análisis final, lo que Moody’s está diciendo realmente a Boehner y Obama, mediante su difusión general a todo el mundo, es que debe haber cambios transformacionales en el gasto que ponga a esta nación en el rumbo correcto y lo mantenga ahí. Y esos cambios deben suceder ya.

Así que, Sr. Presidente y Sr. Presidente de la Cámara: ¡Hagámoslo ya!

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

Posted in Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Impuestos, Iniciativa y Libre Mercado, Liderazgo Americano, Opinión