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Londres celebró este 4 de Julio el centenario del nacimiento de Ronald Reagan y su rol en la caída del Telón de Acero con la inauguración de una estatua de bronce de casi 4 metros del ex presidente en la Embajada de Estados Unidos en Inglaterra.
El ministro británico de Relaciones Exteriores, William Hague, y la ex secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, hablaron en el evento que atrajo a unas 2,000 personas. La estatua de Reagan estará al lado de las de los expresidentes Dwight Eisenhower y Franklin D. Roosevelt. El tributo es una de las muchas conmemoraciones del legado de Reagan celebradas en toda Europa la semana pasada. Hague pidió recordar el legado de Reagan, señalando que: “Las estatuas nos ponen frente a frente con nuestros héroes mucho después de que ya se han ido. Ronald Reagan es sin duda un gran héroe americano, uno de los mejores hijos de América y un gigante de la historia del siglo XX. Pueden estar seguros de que la gente de Londres llevará esta estatua en su corazón”.
El periódico The Telegraph informa de que Hague leyó una declaración de la amiga y aliada de Reagan, la ex primera ministra británica Margaret Thatcher que no pudo asistir al acto por motivos de salud:
“Ronald Reagan fue un gran presidente y un gran hombre – un verdadero líder de nuestro tiempo”, escribió la Baronesa Thatcher. “Él mantuvo claros principios y actuó en consecuencia con determinación. Con su fortaleza y convicción trajo a la libertad a millones de personas hasta que la Cortina de Hierro finalmente se vino abajo. Ha sido un placer ser su colega y amiga y espero que esta estatua sea un recordatorio para las generaciones futuras de la deuda que tenemos con él”.
Aunque la ex primera dama Nancy Reagan no pudo asistir al evento, como informa NewsCore, ella dijo del homenaje:
Ronnie se hubiera conmovido al ver que su cumpleaños centenario se celebra en Londres y Europa Central. Él sentía un vínculo especial con la gente que luchaba por ser libre y se sentía muy agradecido de que Gran Bretaña compartiese nuestro cometido de derribar la Cortina de Hierro. Yo sé que él querría que estos eventos nos recuerden a todos el poder de la libertad.
Ese vínculo se sintió en toda Europa Oriental la semana pasada. El periódico USA Today escribe que en Cracovia, Polonia, el cardenal Stanislaw Dziwisz, asistente personal del Papa Juan Pablo II, dio una misa de acción de gracias en honor a Reagan en la Basílica de Santa María. Mientras tanto, hubo una sesión especial del Parlamento en Budapest, Hungría, en honor a Reagan y se desveló una estatua de Reagan en la Plaza de la Libertad frente a la Embajada de Estados Unidos. Y el jueves, Praga iba a cambiar el nombre de la calle frente a la residencia del embajador de Estados Unidos que se conocerá como “Calle Ronald Reagan”. No es de extrañar que la gente de Europa celebre el legado de Reagan hoy. Mientras millones sufrieron bajo la opresión de la Unión Soviética, Reagan se enfrentó de forma directa al comunismo y se mantuvo firme en la creencia de que la luz liberadora de la libertad sería capaz de derribar la Cortina de Hierro. Lee Edwards, de la Fundación Heritage, dijo sobre la visión de Reagan:
El presidente Reagan tenía la capacidad de prever lo que otros no podían. En la década de 1980, los intelectuales progresistas como Arthur Schlesinger, Jr. y John K. Galbraith alababan los logros económicos de la Unión Soviética. Al mismo tiempo, Reagan le decía al Parlamento británico que “una campaña global por la libertad” prevalecerá sobre las fuerzas de la tiranía y que “la propia Unión Soviética no es inmune a esta realidad”. A finales de la década, como Reagan había vaticinado, el marxismo-leninismo fue arrojado al basurero de la historia.
Mientras celebramos el nuevo nacimiento de la libertad de Estados Unidos, recordamos el compromiso de Reagan con nuestros principios fundacionales cuyas bases están en la Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos. Edwards nos recuerda que:
Desde su primer discurso nacional en nombre de la campaña presidencial de Barry Goldwater en octubre de 1964 hasta su discurso de despedida a la nación en enero de 1989, Reagan recurrió una y otra vez a la sabiduría de los Fundadores. De hecho, más de una vez, sonó como uno de ellos. Reiterando el papel central de la Revolución Americana, el presidente dijo: “La nuestra fue la primera revolución en la historia de la humanidad que realmente invirtió el curso del gobierno, y con tres palabras: ‘Nosotros, el pueblo’”.










