• The Heritage Network
    • Ampliar:
    • A
    • A
    • A
  • Donar
  • Los altos precios de la gasolina: Las medias verdades de Obama y la realidad

     

    El promedio nacional del precio de la gasolina es de casi $3.60 por galón, con un incremento de 40 centavos desde hace un año y un salto de 20 centavos desde hace sólo un mes [1]. Los precios ya están sobrepasando los $4 por galón en algunos estados y podría amenazar la recuperación económica del país. Unos precios del combustible más altos disparan los costos de producción de bienes que dependen del transporte, y más dinero gastado en el surtidor significa menos dinero gastado en restaurantes y salas de cine. Comprar menos bienes y servicios intensifica una economía viciada y retrasa la creación de empleo.

    Casi el 70% del precio de la gasolina viene del precio del petróleo crudo, mientras los impuestos internos, los costos de refinar y la distribución/venta minorista conforman el otro 30% [2]. La exportación de productos del petróleo refinado comprende un pequeño porcentaje de la producción total de combustible doméstico e impacta en los precios de forma marginal. A pesar de la caída de la demanda de petróleo en Estados Unidos como resultado de una economía más débil y un invierno templado, frenando el uso del petróleo para calefacción, el auge industrial de China y la India continúa subiendo la presión sobre el precio del petróleo. La amenaza de Irán, al restringir las exportaciones de petróleo hacia Europa, también está aumentando el precio global, impactando en los precios del combustible en Estados Unidos.

    El presidente Obama trató este asunto el jueves 23 de febrero en un discurso sobre los precios del combustible [3] en el que continuó sacando muchos datos fuera de contexto. A la vez que el presidente dijo que no hay una solución rápida para los altos precios del combustible y que la nación no puede sólo perforar más petróleo para salir del problema, creó una falsa dicotomía al sugerir que lo que funcionaría sería la microadministración de la solución desde Washington mediante el subsidio de tecnologías y fuentes de energía poco rentables. Este enfoque haría poco por proveer a América de fuentes de energía nuevas, fiables y rentables, y de hecho causaría más daños que beneficios al consumidor y al contribuyente. América sabe lo que funciona para combatir de manera efectiva los altos precios del combustible: permitir al mercado que funcione abriendo el acceso a las reservas nacionales de petróleo y gas, reduciendo las regulaciones onerosas y permitiendo a productores y consumidores responder a los precios de la energía sin la interferencia de Washington. Aquí están las cinco medias verdades que se oyen continuamente acerca de los precios del combustible y las cinco acciones que el Congreso y la administración pueden tomar para combatir de modo efectivo los altos precios de la gasolina.

     

    Media verdad Nº 1: La producción de petróleo es la más alta de los últimos ocho años.

    El aumento de la producción de petróleo y gas en Estados Unidos constituye un gran avance, pero este es el resultado del incremento de producción en tierras privadas en Dakota del Norte, Texas y Alaska. En tierras federales y en alta mar la historia es mucho más lúgubre. La producción allí podría haber arrojado más rendimiento, incrementando la oferta y por tanto bajando la presión sobre los precios del petróleo. Las deficientes decisiones administrativas (tales como el rechazo a abrir áreas a la exploración y la producción, cancelar o retrasar la venta de arriendos usufructuarios y la moratoria a las perforaciones en alta mar y la subsiguiente “permitoria”) redujeron significativamente la producción de petróleo, destruyendo empleos y reduciendo la actividad económica en el proceso.

    Si hay interés económico para producir este petróleo, Washington debería permitir que las compañías lo hagan. En Dakota del Norte, la producción de petróleo está en auge y el desempleo es bajo. Debería haber más noticias como esta.

     

    Media verdad Nº 2: Incrementar la producción de petróleo lleva demasiado tiempo y no impactaría en el mercado durante al menos una década.

    Este ha sido el mantra de las huestes antiperforaciones y cuanto más tiempo escuchen los políticos el mensaje, más tiempo permanecerán sin desarrollarse los recursos petroleros de la nación. Si se aumenta el acceso a las áreas que actualmente son zonas prohibidas, llevará tiempo explorar y extraer ese petróleo. Pero eso no cambia el hecho de que la nación lo necesita hoy y también en el futuro. Además, parte de este petróleo puede llegar al mercado en mucho menos de una década si el proceso de permisos se hace más eficiente y se construye el oleoducto Keystone XL – que podría traer hasta 830.000 barriles de petróleo al día desde Canadá a las refinerías de la Costa del Golfo.

     

    Media verdad Nº 3: El petróleo no es suficiente. América tiene sólo el 2% de las reservas de petróleo del mundo.

    El presidente Obama usa frecuentemente esta cifra para impulsar las inversiones federales en fuentes alternativas de energía que no pueden aguantar la prueba del mercado. La realidad es que él usa esta cifra de forma engañosa. De acuerdo con el Instituto de Investigación de la Energía:

     

    Aunque se dice que Estados Unidos tiene sólo 20 mil millones de barriles de petróleo en las reservas, la cantidad de petróleo que es técnicamente recuperable en Estados Unidos es de más de 1.4 billones de barriles, con los mayores depósitos localizados en alta mar, en partes de Alaska y en arenas bituminosas en las Montañas Rocosas Occidentales. Cuando se combinan con los recursos de Canadá y México, el total de petróleo recuperable en Norteamérica excede de los 1.7 billones de barriles, que es más de lo que el mundo ha usado desde que el primer pozo fue perforado hace alrededor de 150 años en Titusville, Pensilvania. Para poner esto en contexto, Arabia Saudita tiene cerca de 260 mil millones de barriles de petróleo en reservas probadas.

    Una razón para ver las estimaciones de las “reservas” con cautela es el hecho de que están constantemente fluyendo. En 1980, Estados Unidos tenía reservas de petróleo de casi 30 mil millones de barriles. Pero desde 1980 hasta 2010, ha producido por encima de los 77 mil millones de barriles de petróleo. En otras palabras, durante los últimos 30 años, Estados Unidos produjo más del 150% de las reservas probadas que tenía en 1980. Si las cantidades masivas de petróleo de Estados Unidos se ponen a disposición para explorar y producir, las actuales reservas estimadas de 20 mil millones de barriles ciertamente se incrementarían, proporcionando mucha más producción durante las décadas venideras. En otras palabras, las reservas no son un número estancado [4].

     

    Media verdad Nº 4: El petróleo no es suficiente. El país necesita un enfoque del tipo “todas las opciones posibles” para reducir su dependencia del petróleo.

    El presidente Obama mencionó este enfoque en su discurso del Estado de la Unión de 2012, diciendo, “Este país necesita una estrategia generalista, de todas las opciones posibles, que desarrolle cada fuente disponible de energía americana” [5]. Pero una estrategia de mercado es el único enfoque de “todas las opciones posibles”. Esto permite que todas las fuentes de energía compitan, promueve la innovación y da como resultado la mejor oferta y los mejores precios posibles. Tristemente, “todas las opciones posibles” es a menudo sólo una excusa para subsidiar tecnologías y fuentes de energía poco rentables y con preferencias políticas, lo que lleva a una estrategia de asistencialismo corporativo.

    Ya sean para biocombustibles, vehículos eléctricos o de gas natural, las subvenciones para tecnologías de combustibles y vehículos alternativos despilfarran los dólares del contribuyente, adjudican erróneamente el trabajo y el capital y crean una dependencia del gobierno que promueve el capitalismo clientelista. El mercado del petróleo mundial es de una riqueza incalculable, cualquier tecnología que pueda capturar una porción de ese mercado no necesitará ayuda de los contribuyentes.

     

    Media verdad Nº 5: Los especuladores están subiendo el precio del combustible y hace falta frenarlos.

    Apuntar con el dedo a los especuladores e investigar los precios en el surtidor ignoran la causa real del alza de los precios del combustible: la oferta y la demanda. Los futuros mercados del petróleo pueden afectar a los precios en el surtidor al cambiar la cantidad de gasolina llevada a las estaciones de servicio. Si los productores anticipan precios más altos para el futuro, podrían sacar algo de petróleo del mercado hoy y esperar para venderlo más tarde. Esto puede estar sucediendo en cierto modo (aunque ha habido poca evidencia histórica de esto [6]), especialmente dadas las amenazas iraníes de cortar el suministro a los mercados europeos, pero esto sólo causaría un incremento breve y marginal de los precios, porque en algún momento las empresas se tienen que deshacer de las existencias que acumulan.

     

    Cinco acciones para el Congreso y la administración

    El Congreso y la administración deberían:

    1. Agilizar los permisos. Como único país del mundo que establece la mayoría de sus aguas territoriales como zona prohibida para la exploración de petróleo y gas, Estados Unidos debería estar perforando por lo menos en las áreas donde el acceso está permitido. Eliminar la moratoria de facto sobre las perforaciones aumentaría inmediatamente el suministro, crearía empleos y reportaría rentas por regalías a los gobiernos federal y estatales.

    2. Requerir la venta de arriendos usufructuarios cuando estén listos. El Congreso debería abrir las áreas que son zonas prohibidas: el Golfo de México oriental, las costas del Atlántico y el Pacífico, el mar de Alaska, el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Alaska y las tierras al Oeste. El Congreso debería requerir al secretario de Interior que conduzca ventas de arriendos usufructuarios si existe interés comercial para explorar y perforar. El Congreso también debería proporcionar los fondos necesarios para arrendar nuevas áreas en tierra y en alta mar para las compañías petroleras y gasistas. Aunque llevaría tiempo al gobierno federal arrendar esas áreas y a las compañías energéticas desarrollarlas, al menos el proceso podría empezar.

    3. Crear procesos de revisión sensatos. Colocar un límite de tiempo de 270 días a las revisiones medioambientales aseguraría un rápido proceso de revisión para los proyectos energéticos en tierras federales. Los proyectos de construcción en tierras federales tienen un promedio de 4.4 años. Los 270 días permitirían un proceso de revisión medioambiental concienzudo pero no impediría avanzar a las inversiones [7].

    4. Eliminar los retrasos de regulación y limitar los litigios. Los activistas medioambientales retrasan los nuevos proyectos energéticos presentando apelaciones administrativas y demandas judiciales sin fin. Crear un marco de tiempo razonable para los permisos y para que los grupos o individuos impugnen los planes energéticos evitaría que las operaciones potencialmente rentables se vean paralizadas durante años en litigios mientras se permite al público y a las partes interesadas ventilar su oposición o apoyo a estos proyectos.

    5. Aprobar el oleoducto Keystone XL. El Congreso debería usar su autoridad para regular el comercio con naciones extranjeras para aceptar la conclusión del Departamento de Estado de que la construcción del oleoducto supondría un riesgo medioambiental mínimo [8]. La aprobación del oleoducto crearía empleos e incrementaría la producción de energía (la nación necesita ambas cosas desesperadamente) proveniente de un aliado y suministrador amigo.

     

    Dejar que el mercado funcione

    El mercado respondería si el Congreso y la administración le permitieran funcionar. Las compañías petroleras responderían incrementando su producción y los consumidores se cambiarían a carros de consumo eficiente sin ninguna necesidad de un mandato de camiones y carros de consumo eficiente. Si el precio de la gasolina continúa subiendo, hará que las tecnologías alternativas sean todavía más competitivas económicamente. Pero las políticas que restringen la exploración petrolera, el refinado y la producción no deberían elevar el precio artificialmente.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Referencias
    [1] AAA, Daily Fuel Gauge Report, en http://fuelgaugereport.aaa.com/?redirectto=http://fuelgaugereport.opisnet.com/index.asp (22 febrero 2012).
    [2] American Petroleum Institute, “What’s Up with Fuel Prices?”, octubre 2011, en http://www.scribd.com/doc/29800927/Gasoline-Prices-Primer (22 febrero 2012).
    [3] Jamie Dupree, “Obama on Gas Prices”, Atlanta Journal Constitution, 23 de febrero de 2012, en http://blogs.ajc.com/jamie-dupree-washington-insider/2012/02/23/obama-on-gas-prices/ (23 febrero 2012).
    [4] Institute for Energy Research, “North American Energy Inventory Report”, diciembre 2011, en http://energyforamerica.org/wp-content/uploads/2012/01/Energy-InventoryFINAL.pdf (22 febrero 2012).
    [5] La Casa Blanca, Secretaría de Prensa, “Remarks by the President in State of the Union Address”, 24 de enero de 2012, en http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2012/01/24/remarks-president-state-union-address (22 febrero 2012).
    [6] Ver Jerry Taylor y Peter Van Doren, “Are Speculators Gouging Us at the Pump?”, Forbes, 19 de abril de 2011, en http://www.forbes.com/2011/04/19/oil-futures-prices.html (22 febrero 2012).
    [7] Departamento de Transporte de Estados Unidos, “Evaluating the Performance of Environmental Streamlining: Development of a NEPA Baseline for Measuring Continuous Performance”, en http://www.environment.fhwa.dot.gov/strmlng/baseline/section2.asp (22 febrero 2012).
    [8] Departamento de Estado de Estados Unidos, “Final Environmental Impact Statement for the Proposed Keystone XL Project”, Executive Summary, 16 de agosto de 2011, en http://www.keystonepipeline-xl.state.gov/clientsite/keystonexl.nsf/03_KXL_FEIS_Executive_Summary.pdf?OpenFileResource (23 febrero 2012).

     

    Posted in Actualidad, Economía, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Libre comercio, Opinión