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EL PROBLEMA:
Hoy, todas las divisiones de las fuerzas militares americanas en activo, así como la Guardia Nacional y la Reserva, están al límite debido al alto nivel de operaciones que comenzaron en los años 90.
A pesar de una forzada abstinencia de adquisiciones, de los drásticos recortes presupuestarios en defensa de los años 90 y de las crecientes inversiones desde 2001, las exigencias sobre nuestras fuerzas armadas están menoscabando su nivel de preparación. Su participación bélica en Irak y Afganistán, la guerra contra el terrorismo librada en diversos teatros de operaciones, la crisis económica y los crecientes costos de los derechos a beneficios están forzando a los planificadores de defensa a hacer suposiciones y concesiones arriesgadas.
LOS HECHOS:
- La defensa nacional es una obligación constitucional. La Constitución de Estados Unidos ordena al gobierno federal ante todo a proveer la defensa común. Solo fuerzas completamente equipadas y modernizadas pueden asegurar ese fin.
- Comprometer las misiones fundamentales hace peligrar la seguridad. América necesita unas fuerzas capaces de cumplir una serie de misiones fundamentales: Desde proteger el territorio nacional y el de nuestros aliados hasta responder a desastres; asegurar la libertad de navegación aérea, espacial, marítima y ciberespacial; ayudar a nuestros aliados a construir sus capacidades de defensa para colaborar mejor con nosotros si es necesario; y derrotar a los enemigos en su propio territorio de forma que no puedan atacar impunemente a Estados Unidos. No podemos hacer esto con menos fuerzas y material obsoleto.
- El equipamiento militar está sufriendo el paso de los años más rápidamente. Las grandes operaciones en las que nos embarcamos en 2001 tras una década de reducciones de equipo y personal han envejecido nuestro inventario de vehículos de combate, aviones y barcos mucho más rápido de lo planeado. Las aeronaves tácticas tienen como promedio una antigüedad de 20 años; los bombarderos B-1 Lancer más de 20; y los aviones cisterna KC-135 cerca de 44 años. Estados Unidos debe comprometerse a modernizar sus fuerzas en el corto plazo para asegurar su capacidad de completar las misiones y defender nuestros intereses en el futuro.
- El gasto en defensa está prácticamente en mínimos históricos. El gasto en defensa llegó al 38% del producto interior bruto (PIB) durante la Segunda Guerra Mundial; 14% durante la Guerra de Corea; 10% durante la Guerra de Vietnam; y 7% durante la Guerra Fría. Sin embargo, desde 2001 ha estado en un promedio del 4% del PIB.
- Los presupuestos de defensa de Obama se reducirán aún más. Los planes presupuestarios de la Casa Blanca indican que el presupuesto de defensa caerá como porcentaje del PIB hasta un insólito 3.01% en 2019.
- El gasto en defensa no es la causa de los problemas fiscales de América. El gasto obligatorio en derechos a beneficios y en el interés de nuestra deuda son actualmente más del 50% del presupuesto federal, mientras que el gasto de defensa es menos de una quinta parte.
LAS SOLUCIONES:
- Adoptar presupuestos razonables de defensa. Eliminar el despilfarro es un objetivo meritorio, pero los fondos ahorrados gracias a una mayor eficiencia en las operaciones de defensa se deberán reinvertir en las fuerzas armadas para compensar el costo de la modernización y el desarrollo de equipos de siguiente generación. Verdadera reforma significa arreglar la compensación del personal y prácticas obsoletas e ineficientes en lugar de reducir las tropas y las capacidades críticas como la defensa antimisiles y los aviones de combate. Al mantener presupuestos de defensa razonables y estables y al adoptar mejores prácticas de pago del personal, podemos encontrar fondos para modernización y proveer un flujo constante de financiación para nuevos equipos y más eficientes tasas de producción, economías de escala y menores costos de producción.
- Modernizar los sistemas logísticos. Actualmente, las asociaciones logísticas basadas en el rendimiento entre el Departmento de Defensa y el personal de la industria de defensa han ayudado a incrementar nuestras capacidades de combate. La Asociación de Industrias Aeroespaciales estima que modernizar y extender tal logísitca podría ahorrar hasta $32,000 millones por año.
- Emprender amplias reformas de adquisiciones. El Congreso debería promover un programa de amplias reformas para la adquisión de material que incluya volver a un enfoque de equipo de ingeniería de sistemas, simplificar criterios, competencia continuada hasta bien entrada la fase de producción y la desregulación cuidadosa del mercado de defensa para eliminar barreras a la entrada y cortar la burocracia que aumenta los costos.
- Forjar convenios y capacidades a través de las ventas militares al extranjero. Podemos alcanzar una producción más eficiente y compensar costos a los contribuyentes de Estados Unidos mediante una mayor relajación de las restricciones de ventas de selectas plataformas a nuestros aliados y socios. Como primer paso, el Senado debería concluir los dos tratados pendientes en esta área con el Reino Unido y Australia, dos de nuestros más fiables aliados.
- Parar el gasto desbocado de los derechos a beneficios. El gasto en Seguro Social, Medicare y Medicaid consume el 8.4% del PIB actualmente; para 2030 ese porcentaje se estima que superará el 14%. Si los legisladores no reforman los derechos a beneficios, ese gasto inevitablemente competirá con otras categorías del gasto federal hasta desplazarlas. Algunos reaccionarán recortando aun más el gasto en seguridad nacional. Por esta razón, la reforma de estos derechos es esencial si vamos a dedicar suficientes recursos a la seguridad nacional que es la primera y principal responsabilidad del gobierno federal.












