Aunque la ley de salud conocida como Obamacare es notoria como pesadilla presupuestaria, su escandalosa transferencia de poder del Congreso al Ejecutivo es menos conocida. En realidad, el alcance completo de la abdicación de responsabilidades del Congreso es todavía desconocido.
Lo que sí se sabe, sin embargo, es que, enterrado profundamente en la ley hay unos fondos secretos por valor de $105 mil millones que asegura su implementación en el futuro, no importa lo que los futuros votantes piensen o quieran.
Mañana hará un año que la entonces presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi comentó sobre Obamacare ante la Conferencia Legislativa de la Asociación Nacional de Condados: “Hay que aprobar la ley para así poder averiguar lo que hay en ella”; a la luz de lo visto, esto suena irónicamente profético. Justo el mes pasado, el Servicio de Investigaciones del Congreso (CRS) actualizó un informe de octubre de 2010 titulado “Asignaciones de Fondos y Transferencias de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (PPACA)”. El nuevo informe encontró, sin que esto fuera conocido por casi ningún miembro del Congreso, que Obamacare tiene un gasto de $105 000 millones de implementación directa que se salta el proceso presupuestario normal del Congreso.
Un informe aparte del CRS titulado “Nuevas entidades creadas por la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible”, concluye que: “El número preciso de nuevas entidades creadas [por Obamacare] no se conoce actualmente, ya que el número de ellas creadas en algunas secciones [de la ley] depende de otros factores y puede que algunas nuevas entidades satisfagan más de un requerimiento de la legislación”. Estas nuevas burocracias tendrían el poder de meterse en su vida de forma diaria, incluyendo el control sobre quién le puede vender seguros médicos y cómo hacerlo, así como qué procedimientos pagará o no pagará Medicare. Una vez el Congreso permita que estas nuevas burocracias sean creadas, será casi imposible que nos devuelvan la libertad de atención médica.
Pero estas entidades tienen un punto flaco. El CRS dice: “En términos prácticos, muchas de estas entidades no podrán funcionar hasta que sus miembros sean nombrados y los fondos sean asignados o estén disponibles para que puedan funcionar”. Es aquí donde los fondos secretos de los $105 mil millones cobran su importancia. En vez de dejar a estas nacientes burocracias vulnerables a las decisiones presupuestarias de futuros Congresos, Obamacare ya tiene asignados miles de millones para su funcionamiento durante un periodo de 10 años. El investigador de la Fundación Heritage Ernest Istook explica el impacto:
Dejar hechas por adelantado decisiones de gasto de muchos años es un intento de maniatar al actual Congreso e impedirle que determine los niveles actuales de gasto. … Los fondos de Obamacare no son proyecciones presupuestarias sino verdaderas asignaciones de dinero. Obamacare va mucho más allá que ningún precedente de asignaciones para años futuros; es un escandaloso intento del anterior Congreso para comprometer a este Congreso y a los que vengan.
Los conservadores todavía pueden salvar a la nación de la burocracia invasiva y descontrolada de Obamacare, pero deben actuar proactivamente. Deben ir más allá de simplemente no proveer fondos para el funcionamiento de Obamacare. El CRS explica: “Los precedentes requieren que se use un lenguaje en negativo, por ejemplo, que ‘ninguno de los fondos que se proveen en este parágrafo (típicamente, una línea presupuestaria) se usará para’ una actividad específica”.
Es por esto por lo que nuestra nación no puede permitirse mantener los gastos del gobierno federal con leyes temporales de financiación que perpetúan el statu quo — uno en el que el funcionamiento de Obamacare ya está presupuestado. Para privar de fondos a Obamacare de forma real, los conservadores deben estudiarse las 2700 páginas de la ley y recortar el gasto de todos los programas uno a uno. Ese es el mandato para el que fue elegido este Congreso. Los congresistas tendrán que hacer su trabajo.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org





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