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Los presupuestos de 2012 del presidente Obama se edifican sobre los fracasos del pasado

WebMemo #3152

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“En vez de seguir peleando las mismas viejas batallas que han dominado Washington durante décadas, es hora de probar algo nuevo. Vamos a invertir en nuestra gente sin dejarles una montaña de deuda”.

Estas palabras, una cita del presidente Obama, figuraban de forma destacada en la página web de la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB) de la Casa Blanca el día que se publicó el presupuesto presentado para el ejercicio fiscal 2012. Bonitas palabras. Desafortunadamente, su presupuesto es, línea a línea, casi un repudio de esa política. En el presupuesto presentado por el presidente, el déficit de 2011 alcanzará un nuevo record de $1.645 billones, y la deuda con garantía pública de los próximos diez años será de casi el doble, subiendo $7.2 billones [1].

Una historia de burocracia

El presupuesto del presidente está envuelto en términos de moderación y disciplina fiscal. Las cifras nos cuentan una historia diferente donde el pasado en verdad es prólogo. Aquí tiene unas cuantas estadísticas fundamentales:

Desde 2009 a 2011:

  • El gasto discrecional total creció desde $1.2 a $1.4 billones, un aumento de más del 16%.
  • El gasto obligatorio total saltó de $2.1 billones a $2.2 billones, un aumento de casi el 4%.
  • La deuda pública se disparó de $6.6 billones a $9.5 billones, un increíble aumento del 43%.

En el mismo periodo, la nación perdió 3.3 millones de trabajos a pesar de una serie de intentos sin precedentes para estimular la economía con gasto deficitario, lo que ha contribuido significativamente a estos desafortunados datos fiscales. No se puede culpar al presidente por la crisis financiera y la Gran Recesión que le sobrevino, pero ciertamente comparte la culpa por el fracaso de sus políticas de expansión de la deuda como respuesta a los problemas.

Sobre este funesto historial, el presupuesto presentado por el presidente muestra estas estadísticas fundamentales:

Gasto discrecional del ejercicio fiscal 2012: Tras empujar el gasto discrecional rápidamente en los dos años previos, el presidente propone reducir en 2012 el nivel de este tipo de gasto en un 5%, aunque lo hace sólo en virtud de tres simples y obvios trucos presupuestarios

  • Redefiniendo las becas Pell como gasto obligatorio. Sin este truco, el gasto discrecional se dispara a $14 mil millones en 2012 [2] .
  • Reclasificando $54 mil millones de gasto de transporte terrestre, pasando de gasto discrecional a gasto obligatorio [3].
  • Gastándose el dividendo de la paz. El presupuesto incluye gastos para las operaciones militares en Irak y Afganistán, a las que se refiere como “operaciones de contingencia en el extranjero”, como gasto discrecional y reduce los fondos para esas operaciones en $38.2 mil millones para 2012 [4].

Revertir estos trucos presupuestarios aumentaría el gasto discrecional en $106.2 mil millones y los revela en realidad como un aumento de $31 mil millones en el gasto discrecional total.

Asignación clientelistas de fondos públicos: Una vez más, el presidente ha prometido oponerse a este tipo de asignaciones. También dijo que la ley de estímulo de 2009 estaba libre de tales asignaciones. Uno sólo puede tener la esperanza de que el presidente sea más firme manteniendo su promesa de ahora en adelante de lo que lo ha sido en el pasado.

Gasto total: En el presupuesto presentado por el presidente, el gasto total aumentaría un 49% en los próximos diez años de la ventana presupuestaria. Incluso después de la inflación, esto representa un 30% de incremento en el gasto.

Impuestos: El presidente continúa jugando con la política fiscal a la hora de hacer las cuentas. Por ejemplo:

  • Propone aumentar la tasa impositiva máxima para las ganancias de capital y dividendos hasta el 20%, ahora en el 15%, y clasifica esto como un recorte de impuestos que reduce los ingresos en $124 mil millones en los próximos 10 años.
  • Propone extender los recortes de impuestos de Bush para familias de bajos y medianos ingresos y, de forma correcta, incluye esta extensión en el nivel base de los ingresos fiscales. Pero luego, rompiendo con la práctica habitual, deja fuera de ese nivel base el alivio fiscal de los individuos de mayores ingresos y pequeñas empresas, de forma que, convenientemente, no se informa del resultante aumento de impuestos.
  • Propone impedir que el Impuesto Mínimo Alternativo (AMT) suba en 2013, pero en típico estilo de Washington, propone $321 mil millones en nuevos aumentos de impuestos para compensar el no aumentar el AMT.

Deuda: En el presupuesto del presidente, a pesar de los aumentos de impuestos que propone, la deuda con garantía pública (neta incluyendo activos financieros) aumenta de $9.5 billones este año hasta los $16.7 billones para 2021.

Un presupuesto fundamentalmente para olvidar

A pesar del paso de otro año, un prodigioso aumento de la deuda pública, y unas elecciones trascendentales, el mayor cambio de política en el presupuesto comparado con el del año pasado es la permuta de estar en lo muy profundo a dos rayitas menos profundo. El déficit presupuestario es mayor, superando en 2010 el récord de la posguerra del 8.9% de nuestra economía hasta alcanzar un nuevo máximo de 10.9% en 2011. El presidente continúa hablando de penosos recortes de gasto aun cuando el gasto sigue subiendo. Continúa sus llamamientos a futuros aumentos de impuestos llevado por razones ideológicas. Continúa mostrando su preocupación por los déficits presupuestarios mientras ofrece sólo trucos a corto plazo y silencio para los problemas a largo plazo – para los que nombró una ahora ignorada comisión de reducción del déficit.

Un presupuesto presidencial es un pronunciamiento integral de las acciones políticas que prefiere, bien por uso de la autoridad que tiene en la ley vigente o bien trabajando con el Congreso para que se le invista de nueva autoridad para nuevas políticas. Es también un pronunciamiento integral de cómo cree que, en los años venideros, los gastos e ingresos federales deberían evolucionar en su conjunto y en grandes categorías,  pendiente de que se aprueben sus políticas y de que la trayectoria esperada de la economía se cumpla.

Durante los próximos días y semanas se anunciarán, descubrirán y analizarán muchísimos detalles, pero la impresión inicial sobre el presupuesto debe basarse en amplios términos generales. El más grande de todos ellos es que, con estas políticas anunciadas, se espera que el gobierno federal exceda los $16.7 billones de deuda total en la próxima década.

Es muy evidente en este presupuesto que el presidente no ha entendido el mensaje de las pasadas elecciones y que su intención es seguir adelante, sin doblarse, sin detenerse, con su programa de gran gobierno, gran deuda y altos impuestos. Las últimas elecciones fueron en gran medida un sonoro repudio del enfoque del presidente para gobernar, y sin embargo, a pesar de algunos efectos diciendo lo contrario, su presupuesto muestra que no tiene intención de alterar el curso, ni llegar a un punto medio y, en conclusión, no quiere ningún acuerdo con nadie.

El Congreso debería estudiar el presupuesto del presidente cuidadosamente para comprender el camino que el país no debería tomar. Luego, con el próximo debate sobre la decisión del Congreso acerca de la prórroga de gastos, luego la decisión previa sobre los presupuestos, luego el debate sobre el techo de deuda y así el resto del año, el Congreso debería marcar un camino muy diferente, uno de firme e inmediata restricción del gasto y de fuerte crecimiento económico para restaurar el orden de la fiscalidad nacional.

La Comisión de Reducción del Déficit

El presidente Obama creó la Comisión Nacional de Responsabilidad y Reforma Fiscal mediante orden ejecutiva, el 18 de febrero de 2010, presidida por el ex senador Alan Simpson (R–WY) y Erskine Bowles, ex jefe de gabinete del presidente Bill Clinton. La misión de la Comisión Simpson–Bowles, según la orden ejecutiva, era “identificar políticas para mejorar la situación fiscal a medio plazo y para alcanzar la sostenibilidad fiscal a largo plazo”. La historia de tales comisiones en la era moderna es larga, distinguida y desalentadora. A pesar de la seriedad del asunto y la formalidad de los participantes, el gran fallo fatal de esta comisión es que desde el principio se sabía que no iba a entregar sus conclusiones hasta pasadas las elecciones legislativas de mitad de mandato.

El retraso funcionó… temporalmente. El presupuesto presentado por el presidente para 2012 ignora cada una de las conclusiones y propuestas fundamentales de la comisión Simpson–Bowles. El presupuesto carece de propuestas serias, sustanciales, que hagan frente al disparado gasto de Medicare. Carece de propuestas serias, sustanciales, para retrasar el crecimiento de los beneficios sociales y, por tanto, fortalecer el Seguro Social. Ídem con Medicaid.

A pesar de afirmar en el Mensaje presupuestario del presidente que “hacer crecer la economía y alentar la creación de empleo en las empresas americanas, grandes y pequeñas, es mi mayor prioridad”, el presupuesto que ha presentado el presidente incluye (pero enmascara) un masivo incremento de impuestos a las pequeñas empresas e inversores y por lo demás carece de ideas para reformar el impuesto sobre los ingresos para fortalecer la economía en el futuro. Incluso los aumentos de impuestos del presupuesto, con lo desaconsejables que son, fallan a la hora de transmitir la visión y valentía de Simpson–Bowles.

Liderazgo tardío es liderazgo denegado

En breve, a pesar de aumentos de impuestos y trucos presupuestarios, el presidente propone un presupuesto que mantienen al gobierno federal en  un camino completamente irresponsable e insostenible. Aunque admite la inminente amenaza de los números rojos, se aferra a ella más que enfrentarla. Sus palabras dicen “adelante, atrévete”; pero a la hora de la verdad se queda en nada.

El sistema americano de gobierno está diseñado para obligar a fuerzas opuestas a enfrentarse, porque en ese enfrentamiento se dan los ajustes, las mejoras y un tosco pero efectivo sistema de equilibrio de poderes. Sin embargo, el sistema generalmente no puede funcionar para solucionar problemas difíciles si el presidente abdica de su papel de líder. Con este presupuesto, Obama ha hecho justamente eso, y ahora el Congreso debe encontrar su propia forma de recuperar el control sobre las finanzas de la nación.

El Dr. J. D. Foster es investigador especializado en economía de política fiscal adscrito a la donación Norman B. Ture en el Instituto Thomas A. Roe para Estudios de Política Económica de la Fundación Heritage.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org
Referencias
[1]  Esta medida de deuda se refiere a la deuda con garantía de la red pública de activos financieros. Todas las referencias a la deuda nacional se refieren a ésta en particular.
[2]  Ver Tablas S-7 y  S-8 del presupuesto.
[3]  Ver Tabla S-7 del presupuesto.
[4]  Ver Tabla S-10 del presupuesto.
Posted in Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Informes, Liderazgo para América