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  • Los republicanos ceden en lo de los impuestos y esquivan los derechos a beneficios

    Cuando el presidente Obama presentó su primera oferta sobre el abismo fiscal, el vocero de la Cámara de Representantes John Boehner (R-OH) comentó: “No pueden estar hablando en serio”. Lo mismo le podríamos decir ahora al vocero después de su contraoferta de ayer.

    En una carta firmada por los líderes republicanos de la Cámara, incluido el líder de la mayoría Eric Cantor (R-VA) y el presidente del Comité de Presupuesto Paul Ryan (R-WI), Boehner ofrecía subir los impuestos en $800,000 millones y reducir el gasto en $1.2 billones, sin ninguna reforma sustancial de los programas de derechos a beneficios que están impulsando el gasto y la deuda de Estados Unidos.

    Los analistas de la Fundación Heritage Alison Fraser (directora del Instituto Roe de Estudios de Política Económica) y J.D. Foster (titular asociado de Norman B. Ture en Economía de Políticas Fiscales) respondieron rápidamente que “la contraoferta republicana, en la medida en que se puede interpretar a partir de los vagos detalles disponibles hasta hora, es inútil. Es absolutamente inaceptable. Es una mala normativa, una mala política económica”.

    La carta de Boehner al presidente realmente decía que los republicanos no iban a presentar su propuesta más seria, que ya ha sido aprobada por la Cámara.

    Si tuviéramos que tomar la propuesta de su administración al pie de la letra, entonces la contrarrestaríamos con la Resolución Presupuestaria aprobada por la Cámara. Esta supone una mejora de nuestro código tributario, manteniendo la recaudación en unos niveles históricamente normales y propone reformas estructurales para conservar y proteger los programas de derechos a beneficios de la nación, garantizando que sean sostenibles a largo plazo, en lugar de que continúen creciendo sin control.

    Pero también comentaron que “reconocemos que sería contraproducente proponer pública o privadamente reformas de los derechos a beneficios que Uds. y los líderes de su partido parecen que no están dispuestos a respaldar a corto plazo”.

    Pero precisamente este es el momento de diseñar reformas importantes, que muestren a la nación la visión, las políticas de actuación y los principios que comparten los conservadores para salir de este caos presupuestario, ahora y a largo plazo. En cambio, los líderes republicanos apuntaron a un plan que dicen que fue sugerido por Erskine Bowles, copresidente de la comisión para la deuda del presidente Obama y antiguo jefe de gabinete de la Casa Blanca con Bill Clinton. Este plan sube los impuestos, pero no aumentando los tipos impositivos, sino reduciendo la cuantía o el número de deducciones y exenciones fiscales disponibles.

    Este plan pasa por alto el asunto de la reforma fiscal que realmente necesita Estados Unidos, como comentaron Fraser y Foster:

    Aunque en general sea preferible a elevar los tipos impositivos, esta propuesta supone en gran medida una condena para las futuras iniciativas de reforma tributaria basadas en el sensato principio de ensanchar la base fiscal para rebajar los tipos. En cambio, esta propuesta ensancharía la base, no para reducir los tipos, sino para aumentar la recaudación. Y eso impediría una mejora del crecimiento económico.

    Básicamente, parece que los líderes republicanos han cedido en cuanto a la subida de impuestos y a unas primeras medidas encaminadas a la fundamental reforma de los derechos a beneficios que se necesitan de forma desesperada para mantener en marcha el Seguro Social, Medicare y Medicaid. Está claro que la carta de Boehner es parca en detalles. Pero, tal y como exponen Fraser y Foster, “Más allá de la decepción, la contraoferta de los republicanos de la Cámara parece sugerir, en el mejor de los casos, unas modificaciones graduales de estos programas. Sin una reforma real de los derechos a beneficios (no sólo con reducciones del gasto) nunca solucionaremos el problema subyacente”.

    Este no sería sólo el rumbo correcto a tomar, sino que incluso los americanos encuestados justo después de las elecciones tienen más claro el orden de estas prioridades que el presidente y el Congreso.

    Apenas unos días después de las elecciones, Gallup le pidió a las personas encuestadas que hicieran una lista con los 12 asuntos más importantes durante el segundo mandato del presidente. El primer puesto de la lista fue restablecer “una economía y un mercado laboral fuertes”, con la reforma de los derechos a beneficios (“tomar medidas importantes para garantizar la estabilidad a largo plazo del Seguro Social y Medicare”) en segundo lugar. “Hacer importantes reducciones del gasto federal” estaba en el número seis de la lista, mientras que subir los impuestos a quienes ganan más de $250,000 anuales estaba bastante más abajo, como la prioridad número diez de la lista.

    Ahora es el momento de que nuestros líderes políticos se pongan serios. Eso significa hacer importantes reformas de los derechos a beneficios que supongan un verdadero ahorro y que mejoren estos programas. El presidente y los republicanos de la Cámara de Representantes deberían volver a empezar y trabajar juntos para alcanzar las soluciones que de verdad necesita la nación.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Cámara de Representantes, Campana de Heritage, Derecho a beneficios, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Impuestos, Opinión