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Hace poco hoy día, la ley DREAM no logró conseguir los 60 votos necesarios para cortar el debate y someterla a votación en el pleno del Senado de Estados Unidos. Desde el principio, la ley DREAM iba mal encaminada tanto en el aspecto político como en el de aplicación de la misma. Para los partidarios de la medida – y eso incluye a una serie de prominentes personalidades y líderes hispanos – es fácil demonizar a los conservadores por no estar de acuerdo con la ley DREAM. Después de todo, entra perfectamente en la narrativa de “héroe vs. villano”. Pero si queremos ser serios para sostener cualquier debate coherente respecto a un número de temas importantes, como la inmigración y la educación, entonces vale la pena analizar por qué la ley DREAM no pasó el corte.
El momento escogido para presentar esta ley ha sido políticamente de aficionados. Tomemos en consideración lo obvio: El presidente Obama, la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi y el líder de la mayoría del Senado Harry Reid han tenido casi dos años para abordar la reforma de la inmigración – sin olvidar que los demócratas contaban con una mayoría en el Senado a prueba de maniobras obstruccionistas, una cómoda mayoría en la Cámara de Representantes y un presidente demócrata. Lo tenían todo.
Pero, en lugar de ocuparse de algunos asuntos razonables para mejorar nuestro sistema de inmigración (como por ejemplo hacer más eficiente el sistema, mejorar los aspectos de la inmigración legal a nuestro país y proteger la frontera), este presidente y este Congreso eligieron ocuparse de las complejidades de esta ley restando menos de dos semanas en el calendario legislativo. Incluso para los que no suelen seguir la cosa política, el momento escogido fue demasiado obvio y los motivos muy claros.
El mayor defecto de este fallido proyecto de ley era su desprecio por el Estado de Derecho. Para vivir en este país, se debe respetar las leyes de este país ya que protegen y resguardan las libertades de todos los ciudadanos. No se puede seguir unas leyes y hacer caso omiso de las otras. Es importante recordar que una de las perdurables virtudes de este país es su respeto por el imperio de la ley. Solamente basta con volver la vista a los países que muchos dejaron atrás para entender que, si el Estado de Derecho no funciona, nos invade la corrupción, el nepotismo y finalmente el malestar social.¿Realmente queremos reproducir en Estados Unidos las mismas condiciones que dejamos atrás?
Si este ejercicio legislativo ha servido de algo, ha sido para recordarnos que debemos prestar atención a las batallas por la aplicación de las decisiones políticas que se dilucidan en el Capitolio. Nuestro país depende de una ciudadanía informada y con conciencia cívica. Debemos mirar más allá de este asunto en particular para así entender que nos jugamos mucho en todos los asuntos a decidir en este gran país.











