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Menos madres adolescentes pero más hijos de madres solteras

23 / 12 / 2010

Ayer anunciaba el Washington Post el descenso de los índices de natalidad en adolescentes afirmando que:

A medida que la nación continuaba sufriendo la recesión en 2009, el ritmo en el cual las mujeres de Estados Unidos están teniendo bebés sigue bajando y está llevando a que el índice de natalidad adolescente alcance un descenso récord, según informaban funcionarios federales este martes.

Aunque un descenso en el índice de natalidad adolescente es algo bueno y está bien, ese tipo de noticias parece ilustrar la idea de que, en Estados Unidos, la maternidad en solitario está en descenso.

Sin embargo, lo cierto es lo contrario. De hecho, el número de niños nacidos de madres solteras está en ascenso y ha sido así desde los años 60. En 1964, menos del 10% de bebés nacidos eran de madres solteras. Hoy esa cifra es del 40% para la población en general e incluso más alto entre  hispanos y afroamericanos (50% y 70% respectivamente).

¿Cómo puede ser si las madres adolescentes son cada vez menos? Porque la gran mayoría de madres solteras ya han pasado la edad de sus años de secundaria. En realidad, las chicas de secundaria son responsables de menos del 10% de los nacimientos que protagonizan las madres solteras, mientras que las mujeres entre 18 y 29 años de edad son responsables de alrededor del 75% de los nacimientos fuera del matrimonio. Con todo, de lo que más oímos hablar a los responsables políticos tiene que ver con la necesidad de gastar cantidades de dinero cada vez mayores en programas de prevención de embarazos en adolescentes, sobre todo los programas que facilitan anticonceptivos a los estudiantes de secundaria.

Mientras que el embarazo de adolescentes es un problema pequeño, el índice de natalidad fuera del matrimonio de mujeres que están en la veintena es una catástrofe para las madres, los niños y la sociedad. Los hogares monoparentales y la maternidad fuera del matrimonio son la causa predominante de la pobreza infantil en Estados Unidos. Los datos muestran claramente que es 5 veces más probable que los niños criados por madres solteras sean pobres en comparación con niños criados por madres casadas y con el mismo nivel de educación.

Y no se puede culpar de esto al acceso a los anticonceptivos. Las investigaciones muestran que las madres solteras de bajos ingresos no hablan de la carencia al acceso de anticonceptivos como la razón para tener un bebé. Ellas se embarazan porque quieren tener un hijo.

Lamentablemente, el matrimonio se ha convertido en algo obsoleto en las comunidades de bajos ingresos. La investigación de Kathryn Edin y Maria Kefalas sobre comunidades de bajos ingresos refleja claramente el panorama: Las mujeres en comunidades de bajos ingresos desean tener hijos y lo consiguen, pero la figura paterna se cae rápidamente del cuadro. Para estas mujeres y estos hombres, el matrimonio es una institución de la clase media, algo en lo que uno entra solamente cuando ha tenido éxito financieramente y cuando ha quedado demostrado que la relación sentimental durará. Por supuesto, el tener un hijo como mujer poco preparada y soltera probablemente conducirá a una vida de pobreza y dependencia de asistencia social en lugar de que se alcance algún nivel de afluencia económica y de poder construir una familia estable. Tristemente, investigaciones recientes muestran que este descenso en el número de matrimonios y el aumento de nacimientos fuera del matrimonio se está trasladando a la clase media de Estados Unidos.

Si a Estados Unidos realmente le interesa lograr que disminuya el índice de nacimientos fuera del matrimonio en lugar de seguir pretendiendo que el embarazo adolescente es responsable de este problema, debemos tomar medidas para apuntalar la institución matrimonial en comunidades de bajos ingresos. Primero, los responsables políticos pueden comenzar eliminando políticas que penalizan el matrimonio. Estados Unidos también debe poner en marcha una campaña para promover las ventajas del matrimonio en comunidades de bajos ingresos. Además se debería instaurar la educación matrimonial  para adultos de bajos ingresos y estudiantes de secundaria, así se ayudaría a que las parejas aprendiesen los rudimentos de cómo mantener un matriminio sano.

Afortunadamente, todavía hay esperanza para las familias americanas, pero si Estados Unidos no actúa pronto, las terribles consecuencias del descenso de los matrimonios junto a un incremento de la maternidad en solitario solamente aumentarán, llevando a que los contribuyentes tengan que soportar una carga financiera cada vez mayor; no obstante lo más trágico será que esto desembocará en una serie de resultados negativos para los niños, las familias y la sociedad.

Este artículo está disponible en inglés en Heritage.org
Publicado en: AnálisisEducaciónEstudiosFamilia y Religión