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  • Míchigan: Los sindicatos pierden su último bastión

     

    Esta es la semana en la que los trabajadores de Míchigan por fin se verán liberados de su obligada afiliación sindical.

    Después de décadas de control del Sindicato de Trabajadores Automovilísticos (UAW) sobre la débil industria automovilística americana, resulta histórica la aprobación de una ley de derecho al trabajo en la Asamblea de Míchigan. Se espera que el gobernador Rick Snyder (R) firme la ley mañana mismo.

    Independientemente de lo que digan las noticias, detrás de esto está el pueblo de Míchigan. Una reciente encuesta mostraba que el 51% de los votantes de Míchigan respalda la ley de derecho al trabajo. Y sólo se opone el 41%. De hecho, la respaldaba el 40% de los hogares afiliados a un sindicato. En noviembre, los votantes de Míchigan rechazaron una propuesta electoral que habría enmendado la constitución del estado para impedir que la Asamblea apruebe una ley de derecho al trabajo y que habría puesto a los convenios colectivos por encima de la ley estatal. The New York Times lo denominó como “un caso que sentó jurisprudencia sobre la consagración de los derechos de los sindicatos”, además, los sindicatos gastaron más de $23 millones en una campaña en defensa de esa iniciativa. Aun así, esta perdió por 15 puntos de diferencia.

    Y todavía siguen haciendo campaña. Ayer en Detroit, el presidente Obama defendió el movimiento sindical haciendo falsas afirmaciones acerca de la ley:

    Lo que no deberíamos estar haciendo es tratar de quitarles sus derechos para negociar unos sueldos y unas condiciones laborales mejores. No deberíamos estar haciendo eso. Estas leyes, denominadas “del derecho al trabajo”, no tienen que ver con la economía y sí con la política. De lo que realmente están hablando es de concederles el derecho a trabajar a cambio de menos dinero.

    Esas son palabras duras. Pero serían aún más duras si fuesen ciertas. Como explica el experto laboral de la Fundación Heritage James Sherk:

    Las leyes de derecho al trabajo impiden que los sindicatos impongan cuotas obligatorias, concediéndoles a los trabajadores el derecho a trabajar sin tener que pagar cuotas. Aparte de eso, las leyes de derecho al trabajo no tienen ningún efecto sobre las negociaciones colectivas. Las demás negociaciones también continúan como antes.

    Por supuesto, los sindicatos tienen mucho que perder. Sherk señala que “La encuesta muestra que, con una ley de derecho al trabajo, una cuarta parte de los empleados públicos de Míchigan no pertenecería a ningún sindicato. Perder esos miembros les costaría a los sindicatos de Míchigan más de $100 millones anuales”.

    Cuando los trabajadores se liberan de la pertenencia obligada a un sindicato, muchos de ellos dejan de ser miembros de los mismos. Por eso, los trabajadores han abandonado de forma masiva a los sindicatos de Wisconsin, Idaho y Oklahoma.

    ¿Qué ganan los trabajadores?

    Pero es que los trabajadores tienen mucho que ganar: La ley de derecho al trabajo dejaría que los trabajadores de Míchigan se quedasen con esos $100 millones para ellos mismos y sus familias. Y hacer que las cuotas sindicales sean voluntarias hace que los organizadores sindicales sean menos agresivos: obtienen menos beneficios económicos por organizar nuevas empresas, pues no pueden obligar a los trabajadores a que les paguen. Los intentos de organización sindical cayeron entre un 40% y un 50% después de que los estados aprobaron leyes de derecho al trabajo. Y eso a su vez atrae la inversión empresarial. Los empleadores quieren saber que los sindicatos los dejarán tranquilos si tratan bien a sus trabajadores. Eso da como resultado que los estados con leyes de derecho al trabajo tengan tasas de desempleo más bajas y más empleos en el sector industrial.

    El gobernador Snyder comentó que:

    Si uno pone distancia para observar la situación, verá que estamos perdiendo una gran ventaja competitiva.

    Indiana se ha convertido en un estado con ley de derecho al trabajo. He visto su oleoducto y cómo ha aumentando de manera significativa el número de empresas que está proyectando trasladarse a Indiana y crecer allí debido a esa legislación.

    …Se trata de ser pro-trabajador. Se trata de que los ciudadanos de Míchigan que trabajan duro tengan la libertad de elegir con quien se asocian…Los trabajadores deberían tener la última palabra sobre si se afilian o no.

    …Se trata de hacer lo correcto en favor de los laboriosos trabajadores de Míchigan y lo correcto en favor de nuestro crecimiento económico.

    Como expone Sherk, “¿Por qué los trabajadores deberían tener que pagar a un sindicato por un representación que no quieren? Los trabajadores deberían tener la libertad de decidir cómo se gastan su salario”.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Actualidad, Análisis, Campana de Heritage, Estados, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión, Sindicatos, Sociedad civil