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  • ¿Necesita el Tea Party una política exterior?

    WebMemo #3268


    Mientras que muchos observadores políticos coinciden en que “la gran masa de la América del Tea Party no parece dirigida hacia un nuevo aislacionismo” [1], su silencio sobre cuestiones de política exterior ha permitido que las voces aislacionistas hablen por el Tea Party en su conjunto y que desacrediten la importancia del movimiento para la diplomacia estadounidense. Esta voz aislacionista podría ser perjudicial para la seguridad de Estados Unidos y está en contradicción con los principios fundacionales de Estados Unidos, de donde  el Tea Party obtiene, con razón, mucha inspiración. El movimiento Tea Party tiene la oportunidad de rechazar el aislacionismo y promover los principios fundacionales sobre el papel indispensable de Estados Unidos en el mundo.

    La política exterior de los Fundadores

    Según lo expresaron los Fundadores, el papel ideal para Estados Unidos otorga un propósito perpetuo a la diplomacia americana. El arte americano de gobernar se ha cimentado, tanto moral como filosóficamente, en los principios de la libertad y en el sentido de la justicia de Estados Unidos [2]. La verdadera consistencia de la política exterior de América no se encuentra en sus políticas, las cuales puede cambiar y adaptar con prudencia, sino en sus principios a seguir que son inmutables y permanentes. Estados Unidos es un defensor de la libertad en casa. En el extranjero, mantiene su independencia y persigue sus intereses mientras aboga por la libertad política en todo el mundo.

    Debido a que Estados Unidos representa los principios de libertad, independencia y autogobierno, sus intereses están definidos y moldeados por esos principios. Los Fundadores no creían que Estados Unidos tuviera el deber de difundir las ideas de libertad librando guerras que podrían ser perjudiciales para los intereses y la seguridad de Estados Unidos, pero acogían las oportunidades de apoyar con prudencia los principios y la práctica de la libertad en todo el mundo, incluso a veces mediante la fuerza militar. George Washington recomendó elegir “la guerra o la paz, según lo aconsejare nuestro interés, guiado por la justicia” [3].

    No caer en el aislacionismo

    Contrariamente a la ortodoxia, las primeras iniciativas de política exterior de Estados Unidos fueron cualquier cosa menos aislacionistas [4]. La enérgica y astuta diplomacia temprana de Estados Unidos fue una de las claves para sus éxitos diplomáticos, comerciales y militares, a pesar de su relativa debilidad en comparación con las grandes potencias europeas de la época. El único período en el que el país mayormente evitó comprometerse en el extranjero fue en el período de las entreguerras del siglo XX y sus desastrosos efectos culminaron en el indiscutible surgimiento de la Alemania de Hitler y el ataque a Pearl Harbor [5]. Todo esto debería haber enseñado a América una importante lección: El aislacionismo no genera la paz para América, sino que nos hace estar desprevenidos para la guerra.

    Debido a la trascendencia negativa de la palabra “aislacionismo”, los que abogan por este enfoque a menudo prefieren el término “no intervencionismo” que puede entenderse como una política exterior de no participación política o militar en las relaciones exteriores o en los asuntos internos de otros países. Este cometido de permanecer aislados obligadamente disminuye la importancia de tener un ejército sólido y preparado ante potenciales amenazas.Varios autores han defendido esta doctrina de no intervencionismo [6], pero el defensor más conocido es Ron Paul que lo ha descrito como “la política exterior de los Fundadores”. Según Paul, la política exterior del Tea Party debería abogar por “volver a la tradicional política exterior de Estados Unidos de … no intervención” [7]. Sin embargo, Paul malinterpreta la política exterior de los Fundadores, ya que, desde las primeras acciones de la política exterior de Estados Unidos, ellos no fueron aislacionistas y sobre todo rechazaron ser no intervencionistas.

    Entre los años 1783-1860, Estados Unidos incurrió en acciones militares cerca de 60 veces en lugares de todo el mundo. Estas acciones militares al servicio de los intereses americanos y sus principios fueron defensivas y, a veces, intervencionistas [8] En ocasiones, el ejército de Estados Unidos también fue enviado  a “castigar” las violaciones de la Ley de Naciones, tal como fueron interpretadas por el Congreso – poder otorgado por la Constitución [9].

    La tendencia a simplificar en exceso las primeras acciones de política exterior de Estados Unidos deberá evitarse. No hay una regla firme y fija de no intervencionismo que sea compatible con las tradiciones de política exterior de Estados Unidos. Desde la perspectiva de los Fundadores, el papel de Estados Unidos en el mundo debe guiarse por una prudencia perpetua, lo que significa que no excluye jamás la posibilidad de una acción militar fuerte de un momento a otro y por tanto, el mantenimiento de un ejército fuerte. Si bien una política de no intervención es a veces apropiada, la doctrina del no intervencionismo conduce a políticas aislacionistas que limitan las opciones disponibles a Estados Unidos, debilitando su capacidad para defender la libertad. Se trata de una limitación que los Fundadores no adoptaron y no deberían adoptar los legisladores de hoy.


    Proveer la defensa común

    Las primeras iniciativas de política exterior de Estados Unidos estuvieron  plagadas de peligros y se guiaron por el deseo de promover los excepcionales principios políticos de Estados Unidos. La condición previa necesaria para ambos objetivos era la preparación militar, lo que permitiría una defensa fuerte y una capacidad de actuar de forma independiente en la escena mundial.
    A la vista de las exhortaciones desde la izquierda y la derecha para reducir significativamente el gasto en defensa de Estados Unidos y de abandonar sus compromisos en el extranjero, es imperativo tener en cuenta lo que los Padres Fundadores entendían por “defensa común” y su importancia para un apropiado gobierno constitucional de Estados Unidos [10].

    Las iniciales prioridades de gasto de Estados Unidos estaban relacionadas con la defensa, la cual representaba una significativa mayoría del presupuesto nacional. Esto se debía a que los Padres Fundadores pusieron un gran énfasis en una política exterior firme y respaldada por la preparación militar. En el primer discurso anual de George Washington al Congreso en 1790, se advierte a los futuros americanos sobre salvaguardar la defensa:

    Entre los muchos objetivos interesantes que atraerán su atención, el de proveer la defensa común merece especial atención. Estar preparados para la guerra es uno de los medios más eficaces para mantener la paz. Un pueblo libre no deberá sólo estar armado, sino ser disciplinado, para lo cual un uniforme y un plan bien meditado son requisito: Y su seguridad e intereses exigen que se deba fomentar tales elaboraciones, así como que tiendan a ser independientes de los demás, en lo esencial, especialmente en los suministros militares [11].

    Es contrario a la sabiduría citada anteriormente argumentar que Estados Unidos debería reducir su gasto de defensa a niveles similares a otros países y seguir una estricta política exterior no intervencionista con el fin de cumplir con los recortes. Las políticas de adquisiciones y las proyecciones de fuerza deberían adoptarse con el fin de proteger a Estados Unidos con mayor efectividad. Pero América no puede depender primordialmente de otras naciones o instituciones para velar por su seguridad. En parte, esto se debe a que Estados Unidos define sus intereses de manera diferente a los de otras naciones.

    Representar la libertad

    Adoptar el criterio de los Fundadores sobre el arte de gobernar también significa promover los principios políticos de Estados Unidos siempre que sea posible mediante su política exterior. Los fundadores creían en la idea de la libertad y por lo tanto en el derecho inherente del autogobierno, aplicable no solamente para los americanos, sino para todas las personas. Esta verdad fue un estribillo constante para los primeros diplomáticos de Estados Unidos que lo consideraban fundamental para su tarea de representar al pueblo de Estados Unidos en el extranjero. En ocasiones, el ejército americano se ha sabido involucrar para apoyar a aquellos que buscaban la libertad. Ha rescatado refugiados y ha usado su poder para inclinar la balanza a favor de la libertad económica, civil y religiosa en todo el mundo.

    George Washington reconocía que no hay respuestas fáciles a las difíciles preguntas de la política exterior. Una política basada únicamente en intereses materiales sería perjudicial para los ideales de Estados Unidos, mientras que una política basada solamente en los ideales haría caso omiso de las realidades del mundo. La prudencia permitió a los Fundadores guiar las complejas circunstancias de los asuntos internacionales al tiempo que protegieron los intereses de Estados Unidos y promovieron sus principios. Este enfoque, el equilibrio de los intereses y la justicia, sigue siendo esencial para asegurar las bendiciones de la libertad para el pueblo americano y permitir que Estados Unidos represente decididamente la causa de la libertad en todo el mundo en el siglo XXI.

    El énfasis del Tea Party en la libertad individual y el gobierno constitucional ha dado lugar a un importante cambio de paradigma en la política doméstica. Un cambio como ese es necesario también en la política exterior. En resumen, el Tea Party puede y debería ayudar a moldear el papel de Estados Unidos en el mundo. Sin embargo, es sólo comprendiendo correctamente los fundamentos de política exterior establecidos por los Fundadores que el Tea Party puede abogar con éxito por un enfoque compatible con los principios fundacionales de Estados Unidos. Este enfoque tiene implicaciones políticas muy amplias, pero muy claras. En primer lugar, Estados Unidos debe estar preparado militarmente para hacer frente a cualquier amenaza. En segundo lugar, las herramientas de política exterior de Estados Unidos deben utilizarse para proteger los intereses de Estados Unidos y cuando sea prudentemente posible, para defender la causa de la libertad en el extranjero.

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.
    Referencias
    [1] Walter Russell Mead, “The Tea Party and American Foreign Policy,” Foreign Affairs, Vol. 90, Nº 2 (2011); también véase Colin Dueck, “Surging Tea Party Will not Lead to Isolationism”, Richmond Times-Dispatch, 28 de noviembre de 2010.
    [2] Véase John Quincy Adams, Discurso al Congreso, 4 de julio de 1821.
    [3] George Washington, Discurso de Despedida, 19 de septiembre de 1796.
    [4] Véase Marion Smith, “The Myth of Isolationism, Part I: American Leadership and the Cause of Liberty”, Fundación Heritage, Ensayo de Principios Fundacionales Nº 34, 6 de diciembre de 2010, en http://www.heritage.org/Research/Reports/2010/12/The-Myth-of-Isolationism-Part-1-American-Leadership-and-the-Cause-of-Liberty.
    [5] Bruce Thornton, The Wages of Appeasement (Encounter Books, 2011), Capítulo 5.
    [6] Véase Eric Nordlinger, Isolationism Reconfigured: American Foreign Policy for a New Century (Princeton University Press, 1995); Andrew Bacevich, American Empire: The Realities and Consequences of U.S.Diplomacy (Harvard University Press, 2004); y Patrick Buchanan, A Republic, Not an Empire (Regnery Publishing, 1999).
    [7] Ron Paul, “A Tea Party Foreign Policy”, Foreign Affairs, 27 de agosto de 2010.
    [8]The Myth of Isolationism, Part II” (Fundación Heritage, Ensayo de Principios Fundacionales, por publicarse).
    [9] Constitución de Estados Unidos, Artículo 1, Sección 8, otorga al Congreso el poder de “definir y castigar… las ofensas contra la Ley de Naciones”.
    [10] Mackenzie Eaglen, “¿Por qué proveer la defense común?” Fundación Heritage, Entendiendo qué es América, 19 de enero de 2011 en http://www.libertad.org/por-que-proveer-la-defensa-comun/
    [11] George Washington, Primer Mensaje Anual al Congreso, 8 de enero de 1790, en inglés en http://avalon.law.yale.edu/18th_century/washs01.asp (23 mayo 2011).


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