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Ni aislacionista ni no intervencionista: La forma correcta de pensar en la política exterior

14 / 07 / 2011

 


WEBMEMO #3309

Hay mucha confusión sobre el papel apropiado de Estados Unidos en el mundo en este momento. Los términos “aislacionismo” y “no intervencionismo” se utilizan a menudo sin un significado claro. Estos dos conceptos sí tienen definiciones específicas que deberían ser bien entendidas, pero también debemos ser conscientes de cómo se están utilizando estos términos. Es mucho lo que está en juego y Estados Unidos no puede permitirse otro encuentro mortal con el aislacionismo.

Un debate es necesario. ¿De qué otra manera se pueden aplicar los principios de Estados Unidos prudentemente a la política exterior? El desacuerdo sobre los méritos de una guerra en particular no es, en sí mismo, indicativo del aumento del aislacionismo en las filas republicanas. De hecho, la mayoría de las personas evitan el aislacionismo. Pero para los que están cansados de guerra, puede sonar tentador adoptar un estricto no intervencionismo, aunque no deseen que Estados Unidos se aísle del mundo. El problema es que muchos argumentos ahora  disfrazados de “no intervencionistas” en realidad son aislacionistas y como tal, en desacuerdo con los principios de Estados Unidos y las tradiciones de política exterior.

El aislacionismo definido

El aislacionismo – como gran estrategia completa y coherente – se compone de proteccionismo económico, no implicación militar y aislacionismo cultural. Según esta definición, los mejores ejemplos de la política exterior aislacionista son los ofrecidos por China en siglo XVII, Japón en el siglo XVIII, Corea en el siglo XIX  o Corea del Norte en el XX.

Teniendo en cuenta la  vibrante historia de compromiso comercial de Estados Unidos e interconexión de los mercados económicos en el extranjero, la interacción diplomática de Estados Unidos con potencias extranjeras y su afinidad cultural con Europa, es evidente que la política exterior de América no puede llamarse precisamente “aislacionista” si es que la palabra ha de tener significado en primer lugar. Esto no quiere decir que las ideas aislacionistas no han influido en la política exterior de Estados Unidos en el pasado, pero el aislacionismo es una idea moderna en Estados Unidos y no está arraigada desde los inicios de la historia de América

Según el historiador George C. Herring, el término “aislacionismo” “no se convirtió en parte del léxico político estadounidense hasta el siglo XX”. [1] El término mismo pronto llegó a ser entendido como la antítesis del concepto cada vez más de moda conocido como internacionalismo. A finales del siglo XX, pocos se opusieron cuando el historiador Arthur Schlesinger, Jr. describió la reacción de Estados Unidos contra el internacionalismo de Woodrow Wilson como un retorno a la “matriz” del “aislacionismo familiar y tranquilizador”, que, según la narración progresista de Schlesinger, habían estructurado George Washington y Thomas Jefferson [2]. Este uso de “aislacionismo” ha cambiado la forma cómo entienden los americanos este término.

Definiendo el no intervencionismo

Una política de no intervención es una política específica de no involucrarse en asuntos políticos o militares en política exterior o en los asuntos internos de otros países. Estados Unidos a veces ha seguido una política de no intervención pero de corta duración, más acertadamente denominada “neutralidad”. Esto comenzó con la Proclamación de la Neutralidad de George Washington en 1793 y que permaneció en vigor hasta que las hostilidades navales estallaron unos años más tarde entre Estados Unidos y la Francia revolucionaria.

Sin embargo, los defensores modernos del llamado no intervencionismo a menudo van mucho más allá de una política específica de no intervención o neutralidad y abogan en cambio por una doctrina aislacionista de estricto no intervencionismo la cual prescribe que Estados Unidos debería mantenerse no involucrada militarmente en el extranjero, excepto cuando exista una clara e inminente amenaza al territorio americano. Este criterio de no intervención es un elemento clave de una gran estrategia aislacionista y se encuentra en contradicción con los principios de política exterior a seguir por Estados Unidos y que se remontan a los primeros años de la República.

A pesar de su uso tradicional como una política especial a usarse según el caso, tal y como marca la prudencia, el término “no intervencionismo” ha adquirido un significado muy diferente en el discurso popular de hoy. Mientras que los conflictos en el pasado sobre hacer la guerra habían concernido situaciones individuales, los opositores a las guerras en el siglo XX han empezado a invocar de forma cada vez más generalizada una amplia doctrina de no intervención. Hoy en día, varios autores defienden esta doctrina verdaderamente aislacionista [3] y muchos de estos “no intervencionistas” aducen representar la política exterior de los fundadores. Según el congresista Ron Paul (R-TX), por ejemplo, Estados Unidos debería “volver a la tradicional política exterior americana de… no intervencionismo” [4].

Muchos estadounidenses han dejado engatusar por esta doctrina aislacionista antes. No hay que hacerlo de nuevo, a pesar de que las aguas se han enturbiado a fondo por la política partidista y el frecuente uso erróneo de los términos “aislacionismo” y “no intervencionismo”.

La advertencia de Calvin Coolidge

En otro momento de gran incertidumbre sobre el papel apropiado de Estados Unidos en el mundo, el presidente Calvin Coolidge advirtió a la nación no seguir ni el internacionalismo progresista de Woodrow Wilson, ni su contrapeso, el aislacionismo [5]. En su discurso inaugural de 1925, dijo: “Estará bien no estar demasiado preocupado ni con el aislamiento ni con los enredos de pacifistas y militaristas”.Coolidge más bien apuntó, que Estados Unidos debería mantener” una fuerza militar que concuerde con la dignidad y la seguridad de un gran pueblo”.

Frente a la creciente presión por retirar a Estados Unidos de su papel tradicional de liderazgo por la causa de la libertad, Coolidge reconocía y celebraba el papel beneficioso que Estados Unidos había desempeñado en el extranjero: “Hemos hecho grandes contribuciones a la solución de contenciosas diferencias en Europa y Asia. Pero hay un punto muy definido más allá del cual no podemos ir. Sólo podemos ayudar a los que se ayudan a sí mismos”. Con la completa gama de instrumentos de política exterior, señalaba Coolidge, “Nuestro programa nunca es para oprimir, sino siempre para apoyar” [6].

Esta tradición de una fuerte e independiente política exterior americana comprometida con la causa de la libertad y la paz en el exterior está en consonancia con los principios americanos de política exterior. Estados Unidos fue líder en el mundo apoyando la causa republicana del autogobierno de las repúblicas latinoamericanas en 1821, en Grecia en 1823, y en Hungría en 1848. Thomas Jefferson, quien acuñó la frase  “alianzas comprometedoras, con nadie”, comprometió tropas americanas a la coalición militar de Inglaterra, Suecia y el Reino de las Dos Sicilias con el fin de luchar contra los piratas berberiscos y proteger el comercio americano. Jefferson y los demás comprendían que estas acciones son coherentes con la interpretación americana de la “Ley de Naciones ” cuyo poder para definir y hacerse cumplir otorga la Constitución al gobierno de Estados Unidos. El carácter americano, sus intereses y principios, fortalecieron el prudente compromiso de Estados Unidos en el extranjero  que ha demostrado ser un bien indispensable a lo largo de la mayor parte de nuestra historia.

Para Coolidge, estaba claro que tanto el estricto no intervencionismo y el militarismo estaban fuera de la corriente tradicional de la política exterior de Estados Unidos que se remonta hasta la era de los Padres Fundadores, entre otras cosas porque ambas doctrinas excluyen el papel central de la prudencia en la aplicación de los principios de Estados Unidos a las circunstancias del momento. No obstante, poco después de las advertencias de Coolidge, y como reacción al igualmente peligroso internacionalismo de Woodrow Wilson, los americanos se dejaron arrastrar por la doctrina aislacionista bajo el manto del no intervencionismo a finales de 1930 y principios de 1940, sus desastrosos efectos culminaron en el ascenso sin competidor alguno de la Alemania de Hitler y el ataque a Pearl Harbor [7].

Política exterior verdaderamente tradicional

Los americanos de hoy no deben practicar la doctrina de no intervencionismo. Este imprudente cometido de permanecer retirado reduce la importancia de estar militarmente preparado para cualquier contingencia y debilita la capacidad del país para usar su poder en favor de la libertad. Está firmemente fuera de la tradición americana de política exterior. Los Fundadores dejaron claro, sin ambigüedades, a todo el mundo que Estados Unidos era importante en el extranjero. Cuando se le ha atacado, Estados Unidos se ha defendido enérgicamente. Otras veces, Estados Unidos ha tenido la oportunidad de fomentar prudentemente la causa de la libertad en el extranjero y a veces lo ha hecho mediante la influencia de su poder militar.

Aquellos que quieren fomentar una política exterior americana tradicional deberían llamar a la doctrina aislacionista de “no intervenciónismo” por lo que es: Un regreso al aislacionismo cándido y peligroso sobre el que ya advirtió el presidente Coolidge.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
Referencias
[1] George C. Herring, From Colony to Superpower: U.S. Foreign Relations Since 1776 (Oxford: Oxford University Press, 2008), p. 83.
[2] Arthur Schlesinger, Jr., “Back to the Womb”, Foreign Affairs, Nº 74 (Julio/Agosto 1995), p. 3.
[3] Véase Eric Nordlinger, Isolationism Reconfigured: American Foreign Policy for a New Century (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1995); Andrew Bacevich, American Empire: The Realities and Consequences of U.S. Diplomacy (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 2004); Patrick Buchanan, A Republic, Not an Empire: Reclaiming America’s Destiny (Washington: Regnery Publishing, 1999); y Ron Paul, The Revolution: A Manifesto (New York: Grand Central Publishing, 2008).
[4] Ron Paul, “A Tea Party Foreign Policy”, Foreign Affairs, 27 de agosto de 2010.
[5] Representado en el Discurso Inaugural de Warren Harding, 4 de marzo de 1921.
[6] Calvin Coolidge, Discurso inaugural, 4 de marzo de 1925.
[7] Bruce Thornton, The Wages of Appeasement: Ancient Athens, Munich, and Obama’s America (New York: Encounter Books, 2011), Capítulo 5.
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