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  • No nos rindamos nunca

    Estados Unidos conmemora el aniversario del 11 de septiembre de 2001, fecha en la que terroristas mataron a casi 3,000 de nuestros compatriotas. En los días posteriores al 11 de septiembre, los americanos, unidos en bloque, dejaron de lado el fervor partidista y reconocieron al enemigo común en grupos terroristas islamistas, particulamente al-Qaeda. Apropiadamente, la seguridad nacional volvió a ser la máxima prioridad de nuestra nación.

    Once años después, Osama bin Laden está muerto, haciéndose así un poco de justicia a las familias de las víctimas y al resto de Estados Unidos por los execrables actos de los que todos fuimos testigos. Pero la muerte de un terrorista no justifica volver a la mentalidad que sobre la seguridad nacional había antes de aquel día.

    Como dijo Thomas Paine, “Aquellos que esperan recoger las bendiciones de la libertad deben, como hombres, deben padecer la fatiga de sostenerla”.

    Esa noción es hoy más cierta que nunca. Gracias a las importantes políticas puestas en marcha tras el 11 de septiembre, Estados Unidos ha sido capaz de impedir ataques terroristas públicamente conocidos. Tal vigilancia salvó vidas y continuará haciéndolo. Como escribió el experto de Heritage Matt Mayer, días después de la muerte de bin Laden:

    En los escondrijos terroristas por todo el globo, muchos hombres con mentalidad igualmente retorcida están ansiosos de ser el próximo bin Laden. Saben que el camino para conseguir tal título pasa por atacarnos domésticamente con éxito y provocar gran muerte y destrucción.

    La Guerra Global contra el Terrorismo que comenzó como resultado del 11 de septiembre continúa hoy y hay hombres y mujeres valientes arriesgando a diario sus vidas para proteger a Estados Unidos y prevenir  futuros atentados terroristas. Cuando los soldados vuelven de Afganistán e Irak tras una tercera o cuarta misión de servicio, eso es un recordatorio de que sigue habiendo un peligro claro e inminente.

    Desafortunadamente, el presidente Obama no se está tomando la amenaza lo suficientemente en serio. La política resultante del turbulento debate por el límite de la deuda ya lo demostró, regalándonos con una amarga medicina de $500,000 millones de recortes a nuestra seguridad nacional.

    Baker Spring, de Heritage, escribe sobre esta política:

    …la política establecida por la ley sobre el límite de la deuda quitará a las fuerzas armadas su capacidad de asegurar los intereses vitales de Estados Unidos. La ley, a no ser que se enmiende o se derogue, causará un daño irreparable a las fuerzas armadas de Estados Unidos.

    … la historia ha mostrado repetidamente que lo barato sale caro en las reducciones de defensa porque estas a menudo sirven para aumentar la probabilidad de que ocurran conflictos. Y la debilidad que invita a la guerra es mucho más cara que disuadir a nuestros enemigos mediante el mantenimiento de un adecuado presupuesto de defensa durante todo el tiempo.

    Sin la seguridad necesaria, la posición de Estados Unidos como superpotencia mundial empezará a decaer. Y, sin embargo, el presidente Obama y los progresistas del Congreso siguen adelante, poniendo nuestra seguridad nacional en peligro. El gasto de defensa está muy por debajo de su promedio histórico mientras que el dinero empleado en insostenibles derechos a beneficios devora dos tercios del presupuesto federal. Las prioridades presupuestarias de Estados Unidos están muy mal gestionadas y la preparación de nuestros militares sufre como resultado.

    La experta de Heritage Mackenzie Eaglen nos dice:

    Ningún equipo militar puede ser inmune al desgaste de 10 años de constantes combates y otras operaciones. Según el general del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, Joseph Dunford, Jr., dos tercios de los marines que no están desplegados no están a niveles aceptables de preparación. Esto significa que no podrán responder a crisis imprevistas si hay necesidad.

    Las fuerzas militares de Estados Unidos requieren la capacidad de responder de forma contundente y efectiva y dependen de que el Congreso y el presidente les faciliten los recursos necesarios.

    Como dijo Abraham Lincoln en el Discurso de Gettysburg, “A los que aún vivimos nos toca más bien dedicarnos ahora a la obra inacabada que quienes aquí lucharon dejaron tan noblemente adelantada”.

    Debemos recordar cómo permanecimos unidos como una sola nación con un propósito e intensidad compartidos el 12 de septiembre de 2001 y los días posteriores. Esa vigilancia colectiva y eterna todavía sigue siendo esencial. No nos rindamos nunca.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Campana de Heritage, Defensa, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Liderazgo para América, Opinión, Proteger a América, Seguridad, Terrorismo