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  • No suban el límite de la deuda sin balancear el presupuesto

     

    En todo Estados Unidos, las familias están balanceando sus presupuestos e incluso saldando sus deudas. Desde el pánico financiero de 2008, la deuda privada ha caído a medida que los americanos se han ido apretando el cinturón y devolviendo sus préstamos. Por desgracia, algunos se tuvieron que declarar en bancarrota debido a que sus deudas se hicieron demasiado grandes. Pero Washington no se puede declarar en quiebra; en cambio, debe seguir el ejemplo de millones de americanos y reducir el gasto para vivir dentro de sus posibilidades.

    De igual forma, la mayoría de los gobiernos estatales han logrado balancear sus presupuestos, incluso en estos tiempos tan difíciles. Sin embargo, unos cuantos estados, especialmente California e Illinois, continúan siguiendo el ejemplo despilfarrador del gobierno federal. Algunos subieron los impuestos para poner en orden sus economías, pero la mayoría simplemente redujo el gasto. Varios estados muy extensos y con importantes retos financieros, como Texas y Florida, balancearon sus presupuestos sin tener que recurrir a ningún impuesto sobre los ingresos, únicamente reduciendo el gasto. Estos estados nos están mostrando el camino a seguir.

    Ciertamente, Washington podría utilizar la orientación que se le está brindando. El presidente Obama prometió reducir a la mitad el déficit anual durante su primer mandato. Pero en cambio, sus presupuestos incorporan déficits cercanos al billón de dólares, al menos por lo que se conoce hasta ahora. Y a diferencia de la mayoría de gobiernos estatales y de las familias de Estados Unidos, hasta este momento el presidente Obama ha rehusado hacer la importante labor de reducción del déficit.

    Y de manera increíble, el acuerdo sobre el “abismo fiscal” en realidad incrementó el gasto neto en alrededor de $47,000 millones, mientras que de manera simultánea deja que, sumando los nuevos y los que suben, entren en vigor 13 nuevos impuestos. Y eso que el presidente también pidió un enfoque “balanceado”. Pero de momento pierde por 2 a 0: no ha reducido el déficit a la mitad y no ha balanceado los presupuestos.

    La próxima oportunidad para lograr centrar la atención de Washington es el límite de la deuda, al cual llegamos el mes pasado. El Tesoro ya está utilizando algunas herramientas extraordinarias para seguir pagando las facturas, pero es probable que esto no dure más allá de febrero. De modo que algo tiene que suceder. Pero ¿qué debería suceder?

    ¿Le concedería Ud. a su hijo adolescente y despilfarrador un límite más alto para su tarjeta de crédito si este no tuviera un plan para vivir dentro de sus posibilidades? ¡De ningún modo! En vez de ayudarlo, le estaría dando a ese joven irresponsable más dinero prestado para gastar, empeorando así su situación.

    Pues el mismo principio se aplica a la tarjeta de crédito de nuestra nación, que tendrán que pagar los niños de mañana. Aumentar el límite de la deuda sin tener una forma creíble de balancear el presupuesto posterga la tan necesaria disciplina de gasto y nos empuja hacia la ruina nacional.

    Un plan verdaderamente balanceado nos llevaría a un presupuesto balanceado. El límite de deuda, si no se eleva, obligaría al gobierno federal a operar con un presupuesto balanceado de forma inmediata. Este enfoque podría llevar a reducciones presupuestarias desorganizadas a medida que el poder ejecutivo fuese decidiendo qué facturas pagar y cuáles no, lo que por supuesto no es la situación ideal (aunque el Congreso podría ayudar aprobando un proyecto de ley de priorización en caso de que lo necesitásemos). Tanto con una nueva ley como sin ella, el Tesoro tendría sin duda dinero suficiente para pagar nuestro gasto en intereses, evitando por tanto caer en el impago de nuestra deuda.

    Aumentar el límite de la deuda sin hacer reformas sería un desafortunado paso hacia un colapso parecido al de Grecia en algunos aspectos. Afortunadamente, el debate sobre el límite de la deuda les da a los responsables políticos de Washington la oportunidad de obtener un resultado mucho más satisfactorio: llegar a tener un presupuesto balanceado con el paso del tiempo.

    Aunque la situación de nuestra deuda es grave, hasta este momento el gobierno federal ha sido capaz de financiarse mediante la utilización del déficit, ya que por muy mal que estén las cosas aquí, están mucho mejor y más estables que en muchas partes del mundo. También ayuda a poner en el mercado nuestra deuda el que la Reserva Federal esté comprando tal cantidad de la misma, en un enorme pero infructuoso intento por estimular la economía. En cualquier caso, tenemos un escaso margen de oportunidad para conseguir poner en orden nuestra economía antes de que los mercados de crédito exijan una austeridad severa.

    Benjamin Franklin dijo una vez que “Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Es por eso por lo que el Congreso no debería elevar el límite de la deuda a menos que se incluyan reformas inmediatas que nos sitúen ya en la senda del balance presupuestario, nos mantengan en ese balance a lo largo del tiempo, nos proporcionen los medios para la defensa común y no hagan subir los impuestos.

    Existen diversos modos con los que se podría balancear el presupuesto en un breve plazo de tiempo. La Fundación Heritage propuso un plan que logar balancear el presupuesto en menos de 10 años. El senador Mike Lee (R-UT) patrocinó ese plan en un debate presupuestario del año pasado que también incluyó los planes de los senadores Rand Paul (R-KY) y Pat Toomey (R-PA), ambos encaminados hacia el balance presupuestario. Y por supuesto, ninguno de ellos subía los impuestos. El presupuesto de Paul Ryan (R-WI), aprobado por la Cámara de Representantes, conseguía el balance presupuestario mucho más tarde, pero al menos iba en la dirección correcta.

    Por el contrario, los progresistas del Congreso y del poder ejecutivo no han presentado ni un solo anteproyecto de presupuesto que consiga estar balanceado en el plazo de 10 años o en algún momento. En el caso del presidente, al que le gusta hablar sobre el “enfoque balanceado”, ninguna de sus propuestas logra el balance más importante: gastar sólo la recaudación que se ingresa. Ese es el auténtico balance presupuestario.

    Los conservadores, tanto de la Cámara como del Senado, tienen razón en no querer elevar el límite de la deuda a menos que se incluyan reformas que nos pongan en el camino del balance presupuestario en un plazo de 10 años y que consigan mantenernos dentro de ese balance. Hacer cualquier otra cosa sería convertirse en cómplices del sobregasto masivo de Washington.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

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