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  • Nuestra Constitución está en peligro

     

    A día de hoy, el gobierno federal ha adquirido una predominancia casi incuestionable en casi cualquier aspecto de la vida americana. Actúa sin límites constitucionales y regula cada vez más nuestras actividades más básicas, desde cuánta agua hay en nuestros inodoros hasta qué tipo de focos podemos comprar.

    De modo que aunque afrontemos muchos retos, la tarea más difícil que tenemos por delante (y la más importante) es restituir los límites constitucionales del gobierno. Hoy hace 225 años de que cuarenta visionarios firmaron un trozo de papel que se convirtió en uno de los documentos más fundamentales en la historia del mundo: la Constitución de Estados Unidos.

    Por sus características, la Constitución limitó el poder del gobierno bajo el Estado de Derecho, creó un firme marco que expandió las oportunidades económicas, protegió la independencia nacional y aseguró la libertad y la justicia para todos. Pero ¿cómo está funcionando esa limitación de poderes a día de hoy?

    El Poder Judicial. El incremento del gobierno ilimitado es más habitual y más destacable en la forma del activismo judicial. Los Fundadores llamaron al judicial el “poder menos peligroso”, pero los jueces progresistas han usurpado las funciones de los otros dos poderes y han transformado los tribunales en elementos de responsabilidad política con un amplísimo poder. Por eso, necesitamos jueces que se tomen en serio la Constitución y que la sigan fielmente.

    El Poder Legislativo. Por su parte, el Congreso ha legislado durante mucho tiempo sin miramientos a los límites de sus poderes. Como resultado, las decisiones que anteriormente eran la responsabilidad constitucional de los legisladores electos se delegan en los administradores del poder ejecutivo. El Congreso se está convirtiendo cada vez más en un cuerpo administrativo que supervisa a una amplísima variedad de burócratas y responsables políticos así como de organismos elaboradores de reglas. El Congreso debería dejar de delegar en los burócratas y asumir una responsabilidad activa sobre todas las leyes (y regulaciones) que nos gobiernan.

    El Poder Ejecutivo. Por otro lado, en nuestro sistema constitucional, el presidente tiene unas responsabilidades únicas y poderosas como director ejecutivo, jefe del estado y comandante en jefe. Pero la idea de que el presidente (que está encargado de la ejecución de las leyes) no tiene que esperar a que el poder legislativo elabore, enmiende o derogue leyes, sino que puede y debería actuar por propia iniciativa es tóxica para el Estado de Derecho. Pues viola el espíritu y, potencialmente, la letra de la separación constitucional de los poderes legislativo y ejecutivo del Congreso y el presidente, respectivamente.

    No será fácil volver a los principios fundacionales. Tendremos que avanzar paso a paso y desandar décadas plagadas de malas decisiones por parte de los miembros de los tres poderes del gobierno. Pero se puede hacer, si utilizamos la redacción de la Constitución como nuestra guía y creemos en que quiere decir lo que dice y dice lo que quiere decir.

    Los Fundadores trabajaron desde la premisa de que el gobierno existe para asegurar unos derechos otorgados por Dios y de que este deriva sus justos poderes del consentimiento de los gobernados. Y aunque hoy en día mucha gente lo da por hecho, en el siglo XVIII se trataba una idea novedosa e incluso hoy sigue siendo demasiado poco común.

    Puesto que los americanos son ciudadanos iguales y que se gobiernan a sí mismos y el gobierno de Estados Unidos está limitado, tenemos la libertad y la oportunidad de vivir nuestras vidas, controlar nuestro destino y perseguir nuestra felicidad, así como el Sueño Americano.

    Lo cual es digno de celebrar, hoy y todos los días.

    Pero aunque nuestra Constitución sigue estando increíblemente saludable y fuerte después de todos estos años (es con diferencia la constitución con más tiempo de servicio del mundo), se encuentra bajo un fuego cruzado procedente de diversos frentes.

    Recordemos hoy que tenemos la oportunidad de volver a dedicar este país a la Constitución y a los principios universales de libertad que conforman sus fundamentos. Igualmente, podemos y debemos dedicarnos al duro trabajo de restituir el autogobierno constitucional y así conservar el Sueño Americano para todos.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Análisis, Campana de Heritage, Constitucionalismo, Documentos históricos, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Opinión, Poder Ejecutivo, Poder Judicial, Poder Legislativo, Principios Fundacionales