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  • Obama confirma los temores sobre el nuevo regulador financiero


    Hoy la recién creada Oficina de Protección al Consumidor Financiero (CFPB) dio un paso adelante cuando se confirmó a su primer director Richard Cordray en una votación 12-10 del Comité Bancario del Senado. No obstante, incluso antes de la votación el presidente Obama no pudo evitar meterse en el asunto.

    Al referirse a la decisión de Bank of America de imponer una comisión de $5 a las tarjetas de débito, declaró: “Esto es exactamente por lo que necesitamos a alguien cuyo único trabajo consista en evitar que este tipo de cosas suceda”.

    Después la Casa Blanca trató de retractarse de la amenaza reguladora del presidente, alegando que puede que Obama no haya dicho lo que en realidad sí dijo.

    El vocero de prensa de la Casa Blanca Jay Carney luego trató de restarle importancia a la declaración del presidente, diciendo: “Él puede, o cualquiera puede, expresar una opinión que crean excesiva o injusta”.

    Sin embargo, el presidente hizo algo más que simplemente expresar una opinión y (tal vez sin darse cuenta) dejó entrever cómo la nueva burocracia reguladora creada por la ley Dodd-Frank podría acabar funcionando.

    La nueva comisión que cobrará Bank of America es en sí misma una respuesta a otra disposición de Dodd-Frank: los controles federales de los precios que los bancos pueden cobrar a los minoristas cuando los consumidores utilizan tarjetas de débito. Los críticos predijeron que esos controles de precios serían contraproducentes y darían lugar a nuevas comisiones a cobrar a los consumidores. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido ahora. Pero en lugar de replantearse los controles de precios que provocan estas comisiones, la reacción inmediata del presidente ha sido redoblar la regulación y encargarle a la CFBP la tarea de eliminar la comisión bancaria.

    De esta manera, el presidente confirmó los temores de que la nueva agencia será un instrumento político irrestricto y dedicado a objetivos ideológicos populistas. Incluso otros reguladores financieros recelan de ese poder ilimitado, inquietos con que pueda socavar sus iniciativas para asegurar la estabilidad económica. El llamamiento a la acción del presidente añadirá más inquietud.

    Los críticos de la CFPB en el Senado han estado presionando para que se hagan reformas sustanciales a la agencia. Entre sus ideas: Hacer una junta con varios miembros en lugar de concentrar todo el poder en manos de un solo director y hacer que la Oficina busque fondos en el Congreso para financiar su trabajo. En la actualidad, recibe el dinero directamente de la Reserva Federal libre de cualquier restricción.

    Los cambios propuestos son buenos pasos, pero aún se necesita más. Lo ideal sería que se eliminara el nuevo organismo. Pero como mínimo, su autoridad debería estar mucho más definida y delineada.

    Este tropezón del presidente debería servir como advertencia sobre los peligros de la CFPB. El Senado, ahora más que nunca, debería mantenerse firme y no permitir que el director asuma su cargo hasta que estas protecciones entren en vigor.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión