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Obama en México: Cambiando la realidad, no la conversación

El presidente Obama estará de visita en Ciudad de México desde hoy hasta el 4 de mayo, donde se reunirá con su homólogo mexicano Enrique Peña Nieto.

Ambos líderes políticos han dejado claro que quieren cambiar de conversación y no dejar que la violencia desbocada y la persistente crisis de seguridad en México, que se ha cobrado más de 60,000 vidas desde 2006, dominen los titulares.

Por supuesto, un enfoque de las relaciones entre Estados Unidos y México orientado hacia las oportunidades será de gran valor. Los dos países tienen lazos únicos basados en patrones de comercio, inversión, manufacturación integrada y movimiento de personas. Ambas naciones deberían continuar profundizando en esta relación centrando su atención en múltiples cuestiones, desde el comercio y la competitividad global a la modernización de la seguridad de nuestros más de 3,100 kilómetros de frontera común, de modo que se fomente la libertad económica y se mejore la calidad educativa y el desarrollo energético.

No obstante, el abordar los complicados y aparentemente intratables temas relacionados con el tráfico ilegal de las drogas, las personas, las armas y el dinero que se mueven con relativa facilidad a través de la frontera entre Estados Unidos y México sigue suponiendo un gran reto para ambos líderes.

La administración Obama ha hecho poco por reducir la demanda de droga en Estados Unidos. El consumo de marihuana está en auge entre los adolescentes. De hecho, tras la aprobación de las medidas de legalización de Colorado, existe gran confusión legal al respecto en Washington. La reducción de recursos para la intercepción y el tratamiento del tráfico de drogas tiene su origen en la crisis fiscal. Además, los objetivos previos para la prevención y el tratamiento del tráfico de drogas establecidos por la administración Obama no se han cumplido, según la Contraloría General de Estados Unidos (GAO). Mientras tanto, el dinero y las armas fluyen hacia el sur prácticamente sin control hasta entrar en México.

Puede que la cooperación con México se reduzca o entre en declive a medida que los responsables de Estados Unidos queden excluidos de los centros para la fusión de los servicios de inteligencia que Estados Unidos ha ayudado a establecer. Y puede que el nuevo énfasis puesto en la seguridad ciudadana haga recaer en nuestras autoridades policiales la lucha contra los cerebros del tráfico de drogas, que probablemente intentarán mover la droga por México con menos violencia y una mayor eficacia a medida que las autoridades policiales mexicanas se centren en los elementos criminales más violentos.

Cambiar de conversación es fácil. Los políticos y diplomáticos lo hacen constantemente. Pero la dureza de los hechos es la que da forma a la realidad. A ambos lados de la frontera, tanto Estados Unidos como México están lejos de resolver los retos causantes de la inseguridad que suponen la delincuencia transnacional, el consumo de drogas, el tráfico de seres humanos y la inseguridad fronteriza. Lindas palabras y quimeras no harán que estos asuntos desaparezcan. De hecho, existe la razonable posibilidad de que permitan que empeoren.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

 

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