Ayer, cazas furtivos americanos B-2 y cazas F-16, F-15 y Harrier bombardearon las defensas libias aéreas y terrestres, incluyendo el enorme complejo residencial del coronel Muammar Gadafi en Trípoli.
“Juzgamos estos ataques como muy efectivos degradando de forma significativa la capacidad de defensa aérea del régimen”, dijo ayer domingo el vicealmirante Bill Gortney, director de los Jefes del Estado Mayor del Pentágono.
Pero nunca se ha puesto en duda que las fuerzas de la coalición pudieran llevar a cabo estas operaciones. El problema es que estas operaciones por sí mismas no serán decisivas ni eliminando el régimen ni protegiendo completamente a los civiles. El secretario de Defensa Robert Gates dijo el domingo que Estados Unidos espera pasar el control de la misión militar sobre Libia a una coalición (¿dirigida por los franceses, los británicos o por la OTAN?) “en cuestión de días”.
¿Qué ocurre si Gadafi sigue todavía en el poder para entonces? El mandato de Naciones Unidas autorizando estos ataques es extremendamente amplio, permitiendo cualquier cosa salvo “ocupar” Libia. La coalición aún no ha especificado objetivos específicos para la operación. ¿Qué significa proteger a los civiles?
El siguiente movimiento de Gadafi será intentar explotar la ambigüedad que creó la falta de liderazgo de la administración Obama. A pocas horas de empezar el ataque, aparecieron signos de que el apoyo de la Liga Árabe se debilitaba. “Lo que está ocurriendo en Libia es diferente del objetivo de imponer una zona de exclusión aérea, lo que queremos es la protección de civiles y no el bombardeo de más civiles” dijo el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa. Estas fisuras sólo irán en aumento si Gadafi retiene el poder y las operaciones se dilatan.
Un resultado rápido y decisivo en Libia es improbable. Si Estados Unidos quiere salvaguardar sus intereses en la región, va a necesitar una estrategia a largo plazo. América deberá: 1) Identificar, ayudar y conseguir apoyos para una oposición legítima libre de elementos terroristas; 2) Apoyar las iniciativas responsables para aislar al régimen en Trípoli; 3) Apoyar las operaciones humanitarias qeu salvaguarden la vida de inocentes; y 4) Impedir que el régimen adquiera de nuevo tecnologías para armas de destrucción masiva, que apoye el terrorismo internacional o que establezca santuarios terroristas en el país.
Las condiciones pueden siempre cambiar (por ejemplo, Gadafi puede patrocinar otro ataque terrorista contra Estados Unidos), pero la contribución americana debe ser limitada para evitar la expansión inadvertida de la misión. De otro modo, una implicación de Estados Unidos inicialmente limitada puede crecer hasta ser algo más costoso que Somalia y el Líbano. Al contrario que Irak y Afghanistán, simplemente no hay intereses vitales de América en juego que pudieran justificar una intervención mayor.
Libia es sólo un país más en una región que está experimentando una transformación histórica. Estados Unidos necesita estrategias proactivas a largo plazo que vayan más allá de los acontecimientos en vez de ir por detrás de ellos. Desafortunadamente, nuestro Comandante en Jefe nos está ofreciendo algo diametralmente opuesto. El presidente Obama está poniendo el ejército de Estados Unidos al servicio del mundo en vez de liderar al mundo. El conocido comentarista político Brit Hume lo describió ayer de forma precisa: “Esto no es liderazgo, es seguidismo”. Como solía hacer desde su escaño en la legislatura de Illinois, el presidente ha votado “presente” en temas importantes estas dos últimas semanas: Uno es el presupuesto, donde se le puede declarar ausente sin permiso, y el otro es en Libia, donde deliberadamente ha elegido no liderar aunque nuestras tropas tengan que hacer el trabajo duro.





Pingback: Café con Libertad · 22 de marzo de 2011 | Heritage Libertad